Fuera de su entorno y alejado de las especies con las que acostumbra a tratar, Frank Cuesta continuará su aventura en Mongolia con el objetivo de recorrer parte de uno de los desiertos más grandes del mundo -el Gobi- y visitar las montañas fronterizas con Kazajistán para aprender a cazar con águilas, en la nueva entrega de “Frank de la Jungla” que Cuatro emitirá este domingo 20 de enero, a partir de las 21:30 horas.

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“Me moría de ganas de venir aquí y poder ver de cerca todos esos animales que llevaba años viendo en las fotografías de los libros”, cuenta Frank Cuesta al pisar la arena del Gobi. En este desierto, un territorio cinco veces mayor al de España, Frank soportará temperaturas que sobrepasan los 40 grados, se encontrará con lagartos y mamíferos con los que nunca ha tratado y se verá acorralado por un grupo de más de 500 camellos. “¡Mucho cuidado! ¡Se están enfadando y los camellos cuando se enfadan pueden escupir!” advierte el herpetólogo.

Frank Cuesta aprende a cazar con águilas, una tradición de hace más de 4.000 años de antigüedad

Una vez completada su misión en el Gobi, Frank y su equipo cogerán un avión hacia las montañas fronterizas con Kazajistán: “Ya hemos conocido todos los animales que viven en el desierto. Ahora viene lo mejor: quiero aprender a cazar con águilas”, asegura Frank.

La caza con águilas es una tradición que tiene más de 4.000 años de antigüedad. Estas aves de presa cazan lobos y zorros adiestrados por un grupo de hombres que se asientan en un extenso valle situado entre Rusia, Mongolia y China. Bao Di, uno de los maestros de esta particular caza, explica al leonés que las uñas de las águilas son como cuchillos: “Ellas primero enganchan con las patas y luego matan con el pico”, explica.

Durante el entrenamiento con estas rapaces, Frank Cuesta deberá mantener el equilibrio al trote sobre un caballo y un águila de casi dos metros apoyada en su brazo derecho. La mayor alegría de Frank en esta travesía será cuando consiga tener en sus manos una marmota: “Llevaba tres años buscándola. La había visto de lejos en los Pirineos, pero nunca había podido ver de cerca ninguna”, relata Frank, aunque advierte que un mal movimiento junto a este animal puede ser letal: “Transmiten la peste. Si me muerde, en 48 horas estoy muerto porque en esta región no hay hospitales”.

 Fuente | Mediaset España

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