El pasado 18 de septiembre, se presentó, ante el público de Ávila, el segundo disco de Jorge Marazu. Una cita en la que la emoción y el sentimiento a flor de piel se palpaban.

Jorge presentaba ‘Escandinavia’ en su propia tierra. Una fecha que ha dado comienzo a una gira que le llevará por ciudades como Madrid, Barcelona o Sevilla.

Marazu no es nuevo en esto de la música. Después de haber publicado ‘La colección de relojes’ (2012), llega en verano de este año con su nuevo disco, Escandinavia.

Algunas de sus composiciones aparecen en discos del cantante español Sergio Dalma, como Miedo (Trece, 2010), o Recuerdo Crónico (Cadore33, 2013), siendo este último segundo single del álbum y recibiendo el reconocimiento de la crítica española y latinoamericana.

Sobre ‘Escandinavia’

“Por los venenos del recuerdo circulan las once canciones de Escandinavia, el segundo trabajo del abulense Jorge Marazu que, después de La Ruta de los Colmaos, aplica a estas nuevas canciones la tradición del tatuaje del desamor, marcado con tinta roja en la piel. Así nace Adiós, una pieza que baila entre el tango, el bolero y el son cubano. Una puñalada de venganza (como diría Manolo Caracol) en forma de texto: “pero éste que te canta, hoy se levanta diciéndote adiós”. Pero antes de nada, para abrir el disco, Marazu se presenta como un caballero y muestra sus cartas y partituras con Hiroshima. Un alegato y defensa, por lo que pueda pasar.

Improvisa el destino y echa a volar dejando atrás Escandinavia, la tercera entrega del repertorio. Nocturna y solitaria con un bonito fondo de vientos. Un rato de soledad veraniega al balcón. Como sucede con la apertura del álbum, Marazu vuelve a “desnudarse la piel”, por si no había quedado claro, en “Tocado y hundido”, donde brota sangre y las puñaladas inventan un final al gusto del que escucha y, si se tercia, del que no es capaz de separar el odio del amor. De calle y luz de farola y lluvia. De atisbos de Jazz y Blues.

Haces bien es, tal vez, de las más bellas del disco. Más bonita que ninguna. Verdaderamente inspirada con un piano acertado que sigue la voz de este compositor envuelto en un calor propiciado por el clarinete con una letra de perdón.

¿Hay que perdonar? Es más: ¿deberíamos perdonar? Podemos perdonar, desde luego. “No te despidas ahora. Ya sé que no tengo que ver”, canta. Bien. Aquí se detiene el tiempo. Si uno piensa en surco, o sea, como un vinilo, notará que la cara A ha llegado a su fin y que con Las mismas cosas gira la cara B. Claro que es distinta esta nueva canción que cambia la balanza por estar “asustados de las mismas cosas” y por “los cuentos a medio contar que empezamos a escribir por el final”.

Se agita el piano, la guitarra eléctrica, un poco ranchera y un poco Enrique Urquijo. Una invitada inesperada en este baile de pasiones -similar a Media vuelta-, a ratos movido y a ratos pausado, como cuando llega El misterio, un puzzle de guitarras acústicas bien querido por los violines, a modo de banda sonora para una fábula.

No deja de sorprender, como disco, Escandinavia. No da pistas ni directrices de su camino o intención. Es una relación sentimental inestable, de esas que comienzan sin querer y nunca sabes cuándo o cómo van a terminar, aunque está claro que, como bien dice nuestro Marazu: “Lo último que quería era hacerte sufrir”.

Se va cerrando el disco con sombras de valls (Intergaláctica) y con una huida (El valiente Despereaux). La primera está hecha para soñar y la segunda, tomando el título de la obra de Kate Dinamillo, está hecha para pensar antes de decir adiós y salir por la puerta y “sentirse mejor”. Así, sin más, para llamar tu atención.

Jorge Marazu es otro. Se ha trabajado un disco a la altura de sus propias circunstancias junto con Toni Brunet (como productor) y José María Rosillo (como ingeniero de sonido). También han aportado su arte músicos como Martín Bruhn, David González, Marina Sorín, Nacho Mastretta, Luis Prado o César Pop (firmando, al alimón con Jorge Marazu, algunos temas).

Escandinavia no tiene nada que ver con La colección de relojes (su primer trabajo firmado con su nombre) ni con nada humano escuchado anteriormente. Bueno, guarda similitud con otro tiempo (y en otro lugar), cuando ser romántico estaba valorado y el esfuerzo de la conquista se pagaba con lágrimas y coñac.”

Texto: Carlos H. Vázquez.

(Periodista en Esquire)

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