Este comienzo de curso hemos amanecido en la nueva temporada de ‘El Programa de Ana Rosa’ con un especial hincapié a aquellos que desean gobernarnos. Y no está mal. Para nada. Lo malo es cuando se hace por lo que se hace. Llegan las elecciones y necesitan, encarecidamente, más minutos en pantalla. Listos, aquellos programas que saben analizar la situación y se aprovechan del momento para ofrecer contenidos un tanto diferentes, pero ya conocidos por todos.

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’24 Horas con…’ los políticos del momento. Los que suben en intención de voto y los que descienden. Pero a todos les viene bien. Para eso que llaman mejorar la imagen. O pulirla. Que el espectador se entere que son personas como tú y como yo. Y dan más minutos que nunca a la televisión. Y se dejan apabullar por Ana Rosa Quintana que los acompaña allá a donde le dejan acompañarlos. Y los vemos en moto, jugando al baloncesto o saliendo del baño. Lo típico. Lo que tú haces. Y lo que yo también hago.
Ahora, precisamente ahora, tenemos esas ’24 Horas con…’. ¿Son los medios los más inteligentes por utilizar las elecciones y sacar algo de rentabilidad a aquella publicidad ‘forzada’ a todas las clases políticas? ¿O es al revés? ¿Tú que piensas?
Lo que queda claro es que es lo más divertido del momento. Tenemos la suerte de ver aquello que el político cree que nos hará pillar una papeleta y votarle. Aunque luego sea todo lo contrario. Aunque no le votemos. O nos quedemos en casa, tirados en el sofá. Porque las ’24 Horas con…’ ya no son efectivas. No nos las creemos. En el fondo, somos fugitivos de una caza de votos que no va con nosotros. Porque hace tiempo dejamos de creer en la política. En la que aquí se hace. La que llena los bolsillos con lo ajeno. La que dejan que terceros lo hagan, refugiándose en el silencio. La que perjudica al pueblo en lugar de beneficiarlo.
Las ’24 Horas con…’ llegan tarde. Demasiado.

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