Y el público se levantó. Una ovación cerrada. Aplausos eternos para la unión entre la voz y el piano. Sin artilugios de por medio. Solo la calidez de la música en estado puro. Como gusta a los amantes de la música.

pablo lopez_concierto barcelona_6noviembre2015

Fotografía compartida por Pablo López.

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Este podría ser el resumen perfecto para la gran noche que Pablo López nos hizo vivir en la Sala Barts en Barcelona. Un directo para el recuerdo. De esos que se guardan en la caja fuerte y se tira la llave al mar para que nadie nos lo pueda arrebatar.
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Esta vez no acudimos como medio. Decidimos acudir como un espectador más. Sentarnos en el bullicio de sus más fieles seguidores y disfrutar de todo ese ambiente. Y empezamos con esa cosquilla de emoción cuando las luces se apagaron y dos voces se escucharon a lo lejos. Una de ellas, por supuesto, Pablo López.
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Nos contaban una pequeña historia. Con una perfecta conclusión. En lo único que somos siempre inocentes… es amando. De ahí, su aparición, las primeras notas de ‘La séptima mayor’ y el comienzo de una historia de amor entre la ciudad condal y un artista.
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Nos arrebató el aliento con ‘Romper con vos’ y ‘Donde’. Nos encandiló con una historia personal que resumió en ‘Dos palabras’. Un canto a la necesidad imperativa de decir a todos aquellos que nos rodean y que queremos que… ¡les queremos!
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Continúo con temas emocionantes y alentadores. Cantos a la esperanza y a la obligación por parte de todos nosotros de luchar por las pequeñas cosas que de verdad importan. Al fin y al cabo, si lo pensamos friamente, son las más grandes.
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Llegó ‘La mejor noche de mi vida’, los versos perfectos de entender que las fronteras no nos hacen mejores con ‘Tu enemigo’, la obligación de no arrepentirnos por ‘Debería’ haber hecho tal cosa y no la hice y nos adentró a la recta final del concierto con un nuevo pellizco a sus historias más personales. A esa chica que una noche cualquiera conoció, de la cual se prendó y de la que nunco obtuvo un nuevo mensaje de vuelta: ‘Te espero aquí’.
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Pero la guinda de la noche estaba por llegar. Pablo se acordó de su amigo Antonio Orozco y de una noche de copas donde perdió la vergüenza de mostrar un tema recién compuesto. Nos habló del consejo de su amigo, de cantar ese tema sin disfraces tecnológicos… y lo hizo. Voz y piano. Piano y voz. Sin altavoces. Sin micrófonos. El auditorio en absoluto silencio y la música de fondo. ‘Mi casa’. Y la piel de gallina. Por su magia. Por su garra. Por su fuerza. Por escuchar esa angustia de la actualidad más cruda que ha vivido nuestro país en los últimos años. El destierro. El deshaucio. “Como valen vuestros aplausos, como vale vuestra energía pero como vale vuestro silencio, verdad. Vale millones“, pronunció Pablo al finalizar el tema.
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Como valen vuestros aplausos, como vale vuestra energía pero como vale vuestro silencio, verdad. Vale millones
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Después, todo quedó eclipsado por ese momento de intimidad. Y llegaron los temas que todo el público estaba esperando para acompañar a grito pelado a su artista. Y es que si algo demostró Pablo López es que es del y para el público.
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Vive un sueño y lo reconoce. Algo que no esperaba y que disfruta. Sueña con grandes escenarios pero no desea perder nunca los pequeños espacios donde compartir quien es. Sin caretas ni disfraces, Pablo López.
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Si aún no te has dado el gustazo de acudir a uno de sus directos, estás perdiendo la oportunidad de ver que la música de nuestro país sigue en pie por artistas como él. Sabe de donde viene. A donde va. Es como tú y como yo. Un currante nato.
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