¿Pero qué he hecho yo para desperdiciar así mi vida?, ¿Cómo, de todas las vidas posibles, he acabado ganándome esta en la que no hay más que mierda y túneles que no van a ninguna parte?”
Estas palabras son el punto de partida de la historia de un hombre frustrado con el mundo pero, sobre todo, consigo mismo. De carácter complicado y algo perverso, se trata de un personaje cuya identidad resulta un misterio al espectador tanto en la representación teatral como en las páginas de la novela que le vio nacer. No así en el largometraje que se proyectó en las salas de cine en 2003 y en el que Manuel Martín Cuenca lo bautizó como Pablo López.

la flaqueza del bolchevique_cartelCon tres simples cajas como puesta en escena, el protagonista, encarnado por Adolfo Fernández, desvela cómo una venganza acabó siendo su ruina. Lo interesante de la trama comienza cuando el protagonista choca su automóvil con el de Sonsoles o, como él la describe, “una zorra con traje de channel” que en ese mismo instante le profiere insultos de cualquier tipo. El hombre no duda ni un instante en vengarse de aquella mujer que le llamó de todo menos bonito. Pero había algo con lo que el no contaba, la existencia de lo que el denomina “la criatura más bonita que hayan visto mis ojos” Responde al nombre de Rosana. Susana Abaitua es la encargada de ponerse en la piel de esta adolescente de la que quedará locamente enamorado el hombre de identidad desconocida.

Dicho así parece una historia de amor. Ciertamente lo es, pero quedarnos ahí sería algo superficial ya que el argumento tiene un trasfondo histórico. Lorenzo Silva, autor del libro, dedica una líneas en el mismo a explicar la manera en que las hijas del último zar de Rusia fueron asesinadas tras la revolución de principios de siglo XX. En cierta medida se establece una semejanza entre el trágico final de las zarinas y el viaje hacia la muerte de Rosana en 184 páginas. De algún modo se intenta ilustrar las frustración de un individuo con un mundo corrupto y en el que los inocentes pagan con su vida. El mismo Silva dice que eligió basarse en los hechos acontecidos en 1918 porque “ las cuatro hijas del zar eran niñas inocentes que acabaron pagando el pato de manera atroz. Toda la sordidez, la maldad y la crueldad del mundo las apisonaron”

Desde un punto de vista más personal, lo primero que pensé nada más visualizar la obra fue que la figura masculina tenía una personalidad perturbadora pero con un toque más cómico que el que Silva describe en su libro. Incluso llegué a sentir empatía en los momentos más dramáticos. Sin embargo, para el escritor ver el personaje representado encima de los escenario resulta más siniestro hasta el punto de pensar “que bestia es todo lo que está diciendo”

“La flaqueza del bolchevique” fue publicada hace 19 años y todavía hoy sigue demostrando por qué fue merecedora del Premio Nadal del 97. En septiembre del año pasado, la adaptación teatral llegó a Huesca y poco después inició una gira por toda España. Adolfo Fernández, que además de ser el protagonista es uno de los directores junto con David Álvarez, afirma que es una obra “ que ha estado almacenada durante 16 años hasta que llegó el momento en el que decidimos sacarla del cajón” Por su parte, Silva admite que lo primero que pensó cuando le comunicaron la intención de trasladar la narración del papel al escenario fue “ Me parecía imposible y pensé que no se iba a hacer” y añade que “ es un desafío para Adolfo y para Susana” Ambos han interiorizado de tal manera la personalidad de sus respectivos personajes que, una vez subido el telón, desaparecen los actores para dar paso a Rosana y al hombre que a sus ojos es su amor platónico.

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