Seguro que si os digo “sonetos del amor oscuro” se os viene a la cabeza esos versos que dicen:


“Pasa la mano sobre su blancura /y verás qué nevada melodía
esparce en copos sobre tu hermosura.
Así mi corazón de noche y día, /preso en la cárcel del amor oscura,
llora sin verte su melancolía”
 (García Lorca, Federico. Sonetos del amor oscuro. Soneto Gongorino en el que el poeta manda a su amor una paloma)


Pero más segura estoy todavía de que pocos son los que saben que el destinatario de estas palabras, y del resto de poemas que componen  esta obra de Federico García Lorca, tenía nombre y apellidos. Se llamaba Rafael Rodríguez Rapún, era el último gran amor del artista granadino y  es el personaje principal de “La piedra oscura”.

Ingeniero de Minas y secretario de la compañía teatral “La Barraca”, Rapún fue uno de los que se alistó en el bando republicano para luchar en la Guerra Civil. Fue ingresado en el hospital militar de Santander que estaba bajo custodia de los republicanos después de haber sido herido tan solo unos días antes en el frente de Bárcena Pie de Concha en Cantabria. Pero es aquí donde la ficción sustituye a la realidad ya que en el texto de Alberto Conejero, este centro pasa a pertenecer al bando Nacional.

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Abro paréntesis para a hacer aquí un pequeño inciso  y puntualizar que Daniel Grao es quien encarna a Rapún. Pero no está sólo porque le acompaña Nacho Sánchez. La elección de este último fue cuanto menos curiosa. Pablo Messiez, director de la obra, se empeñó en alejarse de los castings convencionales y hacer un taller de tres días, dado que la dificultad del papel requería de más tiempo. A dicho taller se presentaron unas 15 personas, pero en cuanto lo vio lo tuvo claro. Quería a aquél que el dio en llamar “el chico de los ojos de terror clásico”.

Y ese chico y sus ojos de terror clásico dan vida a Sebastián (rol ficticio),  un joven soldado cuya misión es vigilar a un Rapún que se encuentra en las últimas. Cierro paréntesis.

En lo que respecta a la situación plasmada se circunscribe en el contexto de la Guerra Civil. Para ser más concreto justo un año después de la muerte de  Lorca. Sin embargo, esta es una cuestión irrelevante porque lo que importa es la capacidad que tienen los dos protagonistas de encontrar similitudes dentro de las diferencias y de saber conciliar estas.

Un reencuentro con la historia es lo que se produce en el escenario del teatro Galileo, dónde se nos desenmascara y acerca esta figura tan desconocida pero que forma parte de nuestro pasado.

Me voy a permitir hacer una mención en estas líneas a el escritor Rafael Fauquié quien dice en “El poder de la palabra” que esta es “el puente entre lo íntimo subjetivo y lo externo circundante […] las palabras comunican las conciencias […] por ellas todos los horizontes se encuentran en comunicación, en posible cercanía” (Rafael Fauquié. 1993. El poder de la palabra).

En esta misma obra, Fauquié hace alusión a que la poesía es uno de los tres ámbitos que fomenta la “magia” de la palabra y que en esta disciplina su función sería la expresión de los sentimientos. Y de poesía, sentimientos y palabra va todo esto pues el diálogo es de lo único que se sirven Conejero y Messiez para desnudar sentimentalmente a Rafael. Para que este se desahogue  y que nos cuente su secreto que a punto estuvo de llevarse a la tumba pero que, a sabiendas de su muerte inminente,  revela desesperado como si el mismo demonio le estuviese reconcomiendo la conciencia.

Un secreto “oscuro” que nos es otro que, aunque varias fueron las aventuras mujeriegas de las que fue partícipe, no podía resistirse a la lírica de ese hombre que algunos dicen que fue su amor más profundo. De todo ello son testigo los presentes en la sala como también lo son  de las preocupaciones que acechan al joven Sebastián, quien poco a poco ira poniendo en nuestro conocimiento sus inquietudes.

El amante de Lorca que ha conquistado a la crítica y a un millón de espectadores

La emoción y la sencillez a la hora de narrar los acontecimientos son algunos de los puntos clave. También hay que tener en cuenta la figura de Lorca. Su presencia se palpa, se intuye, se siente y hasta se huele. No obstante, es vital comprender aquí que el papel que asume el poeta es el de la ausencia. Lorca no es el epicentro de esta obra como tampoco lo es, así ya lo hemos indicado unos párrafos más arriba, el marco histórico en el que se desenvuelve.

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De esta forma, si el argumento se extrapola y se localiza en otra circunstancia totalmente distinta el texto seguiría teniendo el mismo sentido.  Otra de las virtudes es, según ha declarado a varios medio el propio Daniel Grao, que es un texto orgánico. Esto permite a quien está detrás del telón sentir la felicidad y la incertidumbre de quien se mete en la piel del personaje por primera vez.

Todo esto ha dado lugar a que “La piedra oscura” se haya  a metido en el bolsillo a la crítica. Tanto es así que en solo 2 años han sido galardonados con 5 premios MAX (Mejor Espectáculo de Teatro, Mejor Director, Mejor Autora, Mejor Espacio Escénico y Mejor Iluminación) A estas estatuilla hay que añadir la que concedió la Unión de Actores y Actrices a Nacho Sánchez en la categoría de actor revelación.

Además de dichos reconocimientos, esta pieza teatral cuenta con el beneplácito del público puesto que un  millón de espectadores han acompañado a Rapún hasta el último de sus suspiros. Ahora también lo pondrán ver en la gran pantalla porque ya sea puesto en marcha la versión cinematográfica. Aunque es un proyecto que está en fase embrionaria y no se sabe cuándo comenzará el rodaje, lo que si se conoce es que se conservará  ese toque intimista que emana del teatro como ha hecho saber Alberto Conejero.

También se sabe que a los dos protagonistas  de la obra de teatro se incorporarán tres más, entre ellos una mujer. Todos ellos se pondrán a las órdenes de  Fernando González Molina, quien ha trabajado en otros éxitos como “Fuga de cerebros”, “Tres metros sobre el cielo” y “Palmeras en la nieve”.

Pero volviendo al caso que nos ocupa ya sea en los escenarios o en las pantallas, la cuestión es que con “La piedra oscura” Alberto Conejero y Pablo Messiez han conseguido sacar a la luz la identidad de Rafael Rodríguez que, haciendo referencia a la última frase que dice antes de que su corazón deje de latir, “no va a desaparecer del todo”.

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