Eso es lo que le queda de vida a un pobre moribundo al que, aunque triste y alicaído ante lo inevitable, todavía le queda un esbozo de humor para hacernos disfrutar del espectáculo. Ese humilde y modesto hombre que sobre el escenario nos encontramos, ataviado con una bata y en silla de ruedas, decide combinar esa angustia que le nace de las entrañas conscientes de su inminente muerte con una extraña sensación de libertad.

Se acabaron las falsas apariencias, las mentiras y de oprimir lo que uno piensa. Eso es lo que debe tener en mente el protagonista de la función. Se niega a irse de este mundo sin dejar su huella en forma de crítica. Crítica a las normas políticas, sociales, morales a los estereotipos.

Tic tac tic tac tic tac. Así va sonando el reloj que continúa su cuenta atrás. 1 hora y 29 minutos, 28, 27… Entre tanto sobre las tablas, además del coloquio del protagonista, hay algo que nos llama la atención y que hace que desviemos la mirada por unos instantes. Un ser misterioso, vestido completamente de negro que marca el compás de la obra y el pasar de los minutos.

¿Será una representación de Dios? Sea cual sea su papel, sin comerlo ni beberlo se convierte en el objeto de un discurso en el que se mezclan reprimendas y súplicas. “¿Por qué a mi?“ Parece decir el protagonista con su mirada que en este caso si que es un espejo de alma. A través de ella vamos configurando poco a poco la personalidad del moribundo.

De repente aparece en nuestras mentes una mujer con los ojos color menta. Su figura  se va definiendo con la letra y voz de Eddy Mitchell en  “Elle avait les yeux coleur menthe a l´eau”. El ritmo de esta canción es el que hace que el protagonista se levante  de su silla, de una vuelta tras otra y haga una serie de piruetas que dejan al público, cuanto menos, fascinado.

Pero… ¿Nunca os habéis preguntado qué es lo que realmente pasa por la cabeza de alguien que está a punto de perecer? “Tiempo” nos mete en los huesos la trágica experiencia de este hombre que en breves ya será historia. Así mismo nos permite sumergirnos en el más profundo de sus sueños. Literalmente.

Cansado y abatido, el protagonista cierra sus ojos. Se hace el silencio. Sin embargo este no tarda en romperse. Comienzan a aparecer unas imágenes acompañadas por “The man comes around” como banda sonora.  Las ganas de vivir del protagonista se hacen más que evidentes en esos recorridos por las calles y carreteras con las que sueña. Con ese frescor del viento en su cara que parece sentir y disfrutar el personaje, como si le quedase todo un mundo por descubrir

Entre danza, música, sueños y algún que otro pensamiento pícaro tintado de maldad, van saliendo a la luz otros deseos  del protagonista que se quedaran por cumplir.  Entre ellos, el de ser torero. Por este motivo, por unos segundos “se enfunda un traje de luces” para enfrentarse a un “morlaco”. Allí en, ese particular ruedo, lidiará un toro un tanto especial y al que no podrá ganar.  Ese que lentamente, le absorberá el alma, que le irá apagando, que le dormirá para la eternidad.

Y… ¿Quién está detrás de todo esto? ¿Quién se ha puesto en la piel de este hombre sano en apariencia y carcomido por dentro? Jorge Sanz, junto con el autor, Quim Masferrer y con el director Ramón Fontseré, es quien da vida y forma a este personaje.


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Toda una vida frente a las cámaras

El actor, como bien es sabido por todos, es un habitual de la gran pantalla. Jorge Sanz, es de esas pocas personas que puede decir que se ha criado en el mundo de la interpretación. En 1979, con tan sólo 9 años de edad, debutó con la película  “La miel” 3 años después, comenzó a protagonizar filmes como “Conan el bárbaro” y “La crónica del alba”. Con estos títulos, Sanz se consagró como uno de los mejores actores de nuestro país. Al mismo tiempo el actor se iría dando a conocer al resto del mundo gracias a su participación en trabajos de Fernando Fernán Gómez (Mambrú se fue a la guerra) y Fernando Trueba (El año de las luces). Su fama a nivel internacional se consolidaría con la cinta de 1992 “Belle Époque”

Podrías continuar hablando del sin fin de trabajos cinematográficos con los que el actor cuenta con su carrera. Sin embargo, creo que sería también oportuno mencionar su paso por la pequeña pantalla. Sanz ha participado, ya sea como protagonista o realizando un cameo, en un total  de 18 series, entre ellas, Águila Roja, Hospital Central o Un Paso Adelante. Pero sin duda el más destacado de sus últimos trabajos en televisión ha sido la serie, creada y dirigida por David Trueba, “¿Qué fue de Jorge Sanz”

Como  se puede deducir del nombre, el actor se interpretaba a si mismo. O, mejor dicho, a su yo ficticio aunque incorpore grandes dosis de realidad. A lo largo de los pocos capítulos que conforman esta serie se narran los altibajos que se sufre en la industria del cine y del teatro.  Con solo una temporada de seis capítulos, y algún que otro especial, cuenta con un considerable reconocimiento entre el público.

De las pantallas a los teatros. Con este brevísimo resumen que hemos hecho de la experiencia de Jorge Sanz como actor, es muy evidente que tampoco es la primera vez que se pone cara a cara con el público sobre las tablas de un escenario. Desde que comenzó en 2003 con “arsénico, por favor”  sus apariciones en el teatro ha sido un no parar EL último de sus trabajos teatrales es el que nos ocupa, “Tiempo” que estará en el Teatro Cofidis Alcázar hasta el 28 de marzo de 2017

Si su participación en los escenarios ha sido un suma y sigue también lo ha sido la “colección” de premios  con las que se ha hecho el actor. Nominado 11 veces a los premios Goya, logró hacerse con la estatuilla hasta en dos ocasiones: en 1989 con “Si te dicen que caí” y en 1992 con “Belle époque”, títulos con los que también se llevó dos premios fotogramas de plata. Premios del festival del cine español en Nîmes, premio Sant Jordi, premio Águila de oro y el premio actor revelación del festival internacional de San Sebastián completan sus lista de galardones.

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