Echando la vista atrás, casi cuesta creer que esa ficción que pasó discretamente por el prime-time de Antena 3 terminara dando la vuelta al mundo como lo ha hecho. Sin embargo, quienes nos enganchamos al fenómeno de ‘La casa de papel‘ desde el principio ya supimos ver en su día que en ella había material suficiente para crear precisamente eso: un fenómeno. Me cuesta entender esta ficción de otra manera. Es un fenómeno.

Ganadora del Emmy Internacional a mejor drama el pasado año, una vez que Netflix la absorbió también supimos empezar a valorarla en el país. Las caretas de Dalí se multiplicaron en los carnavales (y en todas partes), el Bella Ciao empezó a sonar en las discotecas (olvidando sus orígenes y tomando nuevo significado) y las referencias a la serie calaron en la cultura popular. Lo dicho: un fenómeno.

Unas horas antes de que se estrene la tercera parte de ‘La casa de papel’, después de que Netflix decidiera que la ficción de Álex Pina debía y podía seguir regalando aventuras, repasamos este fenómeno y las claves que lo hicieron posible. La mayoría siempre estuvieron ahí, a otras ha ido dándoles forma el tiempo.

Siempre estuvo ahí, por empezar por el principio, la idea original de la que parte la ficción. Un grupo de atracadores que no se conocen se necesitan los unos a los otros para llevar a cabo una misión por la que ganarán millones de euros. Puede que beba de diversas fuentes (bebe, de hecho), pero no por ello deja de ser rompedora con las restantes propuestas televisivas que se ofrecían hace un par de años. ‘La casa de papel’, ya se dijo en aquella primera presentación a los medios, es arriesgada y atrevida. Qué lejos quedaban los habituales dramas históricos, las historias típicas de narcotráfico (ni se os ocurra pensar en ‘Fariña’ aquí) y los romances imposibles al lado de estos atracadores.

Para quienes la vimos en sus inicios, fue un soplo de aire fresco. No solo en su fondo, también en sus formas. Con la excelente voz en off de Úrsula Corberó llevándonos de la mano por la historia y creando ese clima de tensión tan necesario en una historia así, sin olvidar la parte humana de la misma, el ritmo de narración de los primeros capítulos fue frenético. Todo sigue una velocidad refrescante, incluso cuando hay pausa, porque ésta también tiene un ritmo vibrante.

Frenesí, y emoción, y color, y gritos, y explosiones, y la risa de Dénver…, se supo jugar muy bien con todas las posibilidades sensoriales y audiovisuales. En aquellos primeros capítulos, hasta una sonrisa de esas de Berlín era un gran golpe de efecto. En aquellos primeros capítulos, todo funcionaba tan bien, tan, tan, tan bien, que costaba creer lo contrario a lo que cuesta creer ahora: que no estuviera teniendo la audiencia que merecía.

Llegó Netflix, y los anteriores e imprescindibles elementos para que una serie funcione se unieron a los que la convirtieron en el fenómeno. En primer lugar, con Netflix llegó a millones de personas dispuestas a engancharse a una serie. Quizá suene a obviedad, pero a veces olvidamos que los adolescentes, los jóvenes y los adultos que se sientan a las diez y media de la noche frente a la televisión no siempre están dispuestos a engancharse a una serie. En Netflix se convirtió en un producto perfecto porque: 1) es una serie perfecta a la que engancharse y 2) había personas dispuestas a hacerlo, porque para ello pagan por ese servicio.

Y empezó el boca-a-boca. Otra de las claves de ‘La casa de papel’, creo que una de las más importantes, es que juega mucho con la satisfacción, la ilusión y lo divertido que es pertenecer a algo. Si a ese «algo» le añades algo tan guay como caretas de Dalí, monos rojos y un himno tan poderoso como Bella Ciao, entonces por supuesto que todo el mundo quiere unirse.

La estética de esta ficción es fantástica, y los pequeños detalles que le añadieron sus creadores sirvieron para que aquellos que estaban enganchados a ‘La casa de papel’ pudieran además reflejarlo en sus redes sociales o en sus conversaciones con los demás. Con esas caretas, esos monos y ese Bella Ciao.

Así fue como muchas personas que no tenían un interés inicial por la serie terminaron por darle una oportunidad. Esas personas querían saber por qué todo el mundo empleaba esas caretas, de dónde venían, qué significaban y qué había que hacer para hacerlas tuyas. Y se ponían con el primer episodio. El siguiente paso ya está escrito: los primeros capítulos son fantásticos, y es más que probable que viendo uno quieras ver los cinco siguientes. Ahí ya estás dentro.

Multipliquemos esto por los millones de usuarios que tiene Netflix y la ecuación se completa así: con una serie española que no tuvo demasiado éxito en España, pero que tenía mucho potencial, siendo un gran fenómeno mundial.

Y el gancho final, creo que el gran gancho, el gancho definitivo: los personajes. El Profesor, Tokio, Denver, Nairobi, Berlín, Río, Moscú, Helsinki y Oslo, además de la inspectora Murillo o la rebautizada Estocolmo. No solo es fácil que te identifiques con uno de ellos, por la variedad y la contundencia con la que están construidos, es fácil que también a ellos termines enganchado. Quizá: sobre todo es fácil que sea a ellos a quienes te enganches, con esos nombres que tanto invitan (de nuevo) a la participación y esos caracteres tan bien definidos. Y siendo todo tan estético como es.

Yo soy del Profesor, de Nairobi y de Berlín, y por ellos hubiera visto todo lo que me hubieran puesto por delante durante horas seguidas. En este último caso, el de Berlín, cabe destacar que soy muy de Pedro Alonso, lo que me lleva a decir: los intérpretes. Álvaro Morte, Úrsula Corberó, Jaime Lorente, Alba Flores, Pedro Alonso, Miguel Herrán, Paco Tous, Roberto García y Darko Peric, además de Itziar Ituño o Esther Acebo. Se me ocurren pocos repartos tan acertados, para una gama de personajes muy diversa, en la que ni siquiera molestan los clichés de siempre. Estos personajes, y sus intérpretes, cuentan con la fuerza perfecta para llegar al público y quedarse. Y por eso, casi por encima de todo, nos hemos quedado.

Por eso seguimos estando, a la espera del estreno de esta tercera parte de ‘La casa de papel’. Una tercera parte que, por cierto, promete.

Sobre El Autor

Periodista. Escritora. Feminista. Se me da bien enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Marvel, Tolkien, ASOIAF y más. Libros, cine, viajes.

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