Crítica hecha en base a los dos primeros episodios de ‘Malaka’.

‘Malaka’ fue la ficción encargada de dar el pistoletazo de salida al XI FesTVal de Vitoria. Creada por Daniel Corpas y Samuel Pinazo, la nueva apuesta de RTVE en colaboración con Globomedia se define a sí misma como un «thriller realista» que da una vuelta de tuerca al género. Acostumbrados como estamos a disfrutar de este tipo de ficciones en el país, lo primero que sale pensar, a modo de prejuicio quizá, es que estamos ante una serie más. Y resulta que una de las primeras cosas que pensé viendo el primer capítulo fue precisamente lo contrario: que ‘Malaka’ es diferente.

Con una dirección a cargo de Marc Vigil muy cuidada, detallista, ‘Malaka’ tiene muy poco diálogo en su inicio. Son las imágenes las que cuentan las pequeñas historias, apoyadas por un sonido envolvente también muy cuidado, y los silencios los que nos chivan los primeros detalles de la psicología de unos personajes complejos que, como apuntó Maggie Civantos en la rueda de prensa posterior, se han tratado con fidelidad hasta el final.

Desde este principio sentí que sus creadores y constructores tienen muy claro el escenario que quieren presentarnos, y es un escenario de contrastes. ‘Malaka’ sabe bien de lo que está hablando, porque sus responsables la han vivido en cierto modo, y eso se percibe en cada escena, en las que tienden hacia el costumbrismo y en las que nos empiezan a advertir que este thriller no solo es diferente: es crudo, duro y muy real. Hay una parte en ‘Malaka’ que tal vez pueda incomodar al espectador, porque muestra con el realismo adecuado situaciones y personas que nos esforzamos por no mirar de frente. Más allá del tráfico de drogas y las consecuentes fortunas a partir de ésto: la pobreza, también consecuencia de ello, la falta de oportunidades, la marginalidad, la violencia… Son temas que incomodan, porque es una realidad ante la que no se hace demasiado.

Supongo que habrá quien sienta que ‘Malaka’ es lenta en su presentación. No es mi caso. No apuesta en sus inicios por un ritmo frenético, que nada tendría que ver con las intenciones de la propuesta ni con el tono escogido, y celebro que así lo hayan decidido. He disfrutado de sus escenas en las que no pasa nada y de su desarrollo pausado, que tiene mucho más que ver con el día a día que cualquier otra cosa que encontremos en ficción. No corre porque no tiene que correr, no tiene grandes excesos en estas escenas porque es cruda y realista, y los personajes no van gritando sus intenciones porque la mejor manera de conocerlos no es a base de golpes de efecto sino con una evolución coherente, que creo que es lo que tendremos en esta serie. Tal vez me equivoque, pero así lo siento tras los dos primeros episodios.

He quedado también muy satisfecha con el modo en que los conflictos individuales de los personajes quedan introducidos en la historia general, sin grandes artificios pero definidos y con proyección. A veces sucede que los porqués de los personajes no parecen encajar con el puzzle completo que tenemos que resolver, porque resulta forzado hacerlo o porque no se da la narración adecuada, pero en ‘Malaka’ lo universal y lo personal encaja y funciona. Y tanto Maggie Civantos como Salva Reina, los protagonistas, están fantásticos. Tienen junto a ellos, además, un elenco de secundarios de rostros conocidos y otros no tanto que están a la altura de la historia.

‘Malaka’ ha sido una gran sorpresa. Es un interesante thriller bien presentado y ambientado que promete acción pero no escatima en silencios (que no sobran, ¡que un silencio no puede sobrar!), lo que me lleva a esta otra buena sensación que tengo con la ficción: que es lo que es y está contada como tiene que ser contada, sin esa peligrosa necesidad de complacer por complacer. No sé si será para todo el mundo, quizá no lo sea si se busca un entretenimiento rápido y fácil, pero creo que merece la pena darle una oportunidad. Creo que terminaré el octavo episodio pensando «pues sí, he visto una buena serie».

Sobre El Autor

Periodista. Escritora. Feminista. Se me da bien enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Marvel, Tolkien, ASOIAF y más. Libros, cine, viajes.

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