Crítica basada en el primer episodio de ‘Toy Boy’.

Pude ver el primer capítulo de ‘Toy Boy‘, la nueva ficción de Atresmedia en colaboración con Plano a Plano, en el marco del FesTVal de Vitoria. Reconozco que no es una serie ante la que estuviera entusiasmada, porque su sinopsis no encaja con el tipo de ficciones que me atraen, pero estaba más que dispuesta a darle una oportunidad porque si hay una cosa que me gusta es llevarme sorpresas en este sentido, así que vi ese primer capítulo con la mejor de las intenciones (prometido).

En él se nos presenta la historia de Hugo (Jesús Mosquera), un stripper que tras una alocada fiesta despierta en medio del mar, en su barco, con el cadáver del marido de su amante decapitado y calcinado. La policía lo detiene y lo condena; también al desprecio público, pues el fallecido en cuestión era una persona importante en Marbella, donde se desarrollan los hechos. Hugo, aunque no recuerda nada, insiste en que él no lo ha hecho, pero todas las pruebas apuntan hacia él y su destino no puede ser otro que la cárcel.

Con la condena definitiva, el caso se deja de lado hasta que, años más tarde, un importante bufete de abogados que quiere cuidar su imagen se fija en los múltiples errores que hubo en la investigación y el juicio. Triana (María Pedraza) es la joven abogada que va a encargarse del caso; Macarena (Cristina Castaño) es la amante de Hugo, a quien lleva años sin ver, pues también ella se sumó a ese rechazo de la sociedad. De esto va ‘Toy Boy’, además de todo lo que tiene que ver con los Toy Boy de carne y hueso; es decir, los amigos stripper de Hugo, con quien durante años bailó para mujeres de toda clase y condición. ‘Toy Boy’ es un thriller-televisivo-español muy clásico, incluyendo el tema de los strippers, porque el deseo y el sexo siempre ha encontrado un hueco en las historias que hemos visto en pantalla, de manera justificada o no.

Thriller-televisivo-español muy clásico: asesinato, misterio, personajes que desde el principio nos cuentan lo malísimos o lo buenísimos que son, alguno que otro que nos pilla un poco descolocados, capítulos que nos lanzan más preguntas que respuestas… Y aunque yo tampoco soy muy de la forma clásica, sí comprendo que al espectador le gusta sentarse frente a la televisión, casi a las once de la noche, y tener delante un producto entretenido que además le genere curiosidad. Pero es que en ‘Toy Boy’ hay problemas por todas partes.

El trío protagonista ni brilla ni convence, quizá con la excepción de una Cristina Castaño que por momentos parece que va a despegar. A Jesús Mosquera, sin que transmita malas sensaciones, se le nota su inexperiencia, y la sensación con María Pedraza es que no se siente del todo cómoda en el papel. Tampoco los secundarios hacen algo por mejorar el conjunto, aunque a mi alrededor escuché varios comentarios positivos sobre uno de los Toy Boy, José de la Torre, que puedo compartir. El elenco es fundamental para hacer creíble una ficción que a priori se presenta lejana al espectador medio, porque encierra dos mundos (el de las grandes riquezas y el de los Infiernos) que de manera general quedan lejos.

Y tampoco el guion lo consigue. Torpe, artificial, rompe de manera continua la llamada suspensión de la incredulidad, esa especie de pacto que el espectador hace con un producto ficticio, por el que está dispuesto a creerse todo lo que le ofrece siempre que esté bien pensado y presentado. Resulta complicado cuando lo que tenemos son escenas sin demasiado sentido, o cuando muchas de ellas son tan evidentes que parecen haberse creado y desarrollado sin esfuerzo alguno, sirviéndose de clichés y tópicos que ya hemos visto muchas veces antes y que no aportan nada nuevo. Al final, precisamente, creo que ‘Toy Boy’ no aporta nada nuevo, ni tampoco nada sobresaliente. Ni siquiera es siempre entretenida, ni tampoco se hace fácil tomársela tan en serio como se toma a sí misma, por todos los problemas comentados.

Decía César Benítez, presidente de Plano a Plano, que este es un proyecto personal que ha perseguido durante años, con el que pretende dar una vuelta a los roles y que el hombre se convierta en el objeto de deseo, y también en el ser humano que desea ser más que un físico y un cuerpo. Aunque este argumento tampoco me entusiasma en exceso, también estoy dispuesta a darle una oportunidad siempre y cuando explore los conflictos que surgen a partir de esto, sus causas y consecuencias, y no se limite a quedarse en un plano superficial. No sé si me equivocaré, pero no me ha dado la sensación de que vaya a llegar más lejos de lo que otras ficciones han llegado.

Y sí, por supuesto: solo es un primer episodio, pero creo que la serie va a seguir el tono y el estilo ya advertido en sus primeros compases. Lo que me sorprendería ahora sería llevarme una sorpresa.

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