Allá en el principio de los tiempos, The Walking Dead consiguió destacar y popularizarse por el asunto de los zombies y por un excelente dominio del cliffhanger, y se convirtió en la serie más querida por los espectadores por el factor humano. Porque esta ficción supo, como pocas otras, explorar los bajos fondos del hombre y también aquello que nos hace grandes. Lo que estamos dispuestos a hacer por sobrevivir y por aquellos a quienes amamos. Lo diferentes que somos, lo diferente que entendemos las mismas cosas, lo diferentes que son nuestras reacciones ante un mismo acontecimiento. En este contexto, dos personajes han destacado siempre por encima del resto (que me perdone Rick Grimes): Daryl y Carol. Parecían destinados a forjar también la relación más especial que hemos visto en la ficción.

Para entender la esencia de esta relación, es necesario entender a ambos personajes. Daryl fue presentado como un tipo duro de maneras bruscas que busca sobrevivir a toda costa, que nunca ha tenido un núcleo familiar en el que apoyarse y que mantiene la distancia con sus nuevos y obligados compañeros de viaje; Carol fue presentada como una mujer casada, agradable, discreta y tranquila, entregada a su pequeña hija y dominada por un marido que no le presta más atención que la que necesita para controlarla.

Pero la ficción avanza y descubrimos que Daryl es, en realidad, un hombre de gran corazón que busca por encima de todo una familia y que Carol es, en el fondo, una mujer valiente que pierde el miedo y se libera de las cadenas para convertirse en el personaje más fuerte y más peligroso de la familia que forman. Los desarrollos de ambos son muy diferentes, sus pérdidas y sus conflictos lo son, y aunque ambos atraviesan procesos distintos en los que evolucionan y cambian hasta concluir en el personaje del que disfrutamos ahora, el resultado obtenido por parte del uno encaja a la perfección con el del otro. Daryl y Carol encajan como nadie.

Esta relación tan especial nació con pequeños detalles entre dos extraños que se entendían y se preocupaban el uno por el otro, porque las circunstancias lo requerían y también porque se dio ese vínculo que a veces nace de forma inexplicable entre dos desconocidos, como si hubieran sabido mirar más allá de las apariencias y ver lo que de verdad eran. Si pensamos en el origen, es inevitable acordarse de esa rosa Cherokee que se convirtió en un símbolo de muchas cosas.

Por aquel entonces, Daryl casi muere tratando de encontrar a Sophia, la hija de Carol, y también es él quien la sostiene cuando se descubre su final. Cuando Carol se marcha y todo se complica, y todo se tuerce y explota, y Daryl se derrumba, es también en sus brazos cuando finalmente puede derrumbarse y cuando la ficción nos enseña hasta qué punto está destrozado, hasta qué punto no puede seguir adelante. Con un gesto efímero pero revelador, que solo podía darse en los brazos de Carol. Más tarde, cuando llega el final de Henry, el otro hijo de Carol, Daryl vuelve a sostenerla a ella.

Estos gestos que menciono y otros muchos se han repetido con el tiempo, como si quisieran recordarnos dónde y cómo empezó todo, y que esa cercanía desarrollada desde el principio no solo sigue intacta: ha crecido. Ha crecido hasta darnos una relación que se ha afianzado y asentado en ese “mejores amigos”. Daryl es el amigo más valioso de Carol, y Carol es la amiga más valiosa de Daryl. Esta amistad se ha fraguado a lo largo de diez temporadas de manera totalmente creíble y natural, pues se ha ido desarrollando poco a poco, como sucede lejos de la ficción.

En una historia en la que ni la supervivencia ni las ganas de sobrevivir están garantizadas, cobra un valor esencial el cuidado y la preocupación por el otro, y ellos se han cuidado mutuamente. Primero cuidó Daryl de Carol; después, cuando descubrimos que ella era más fuerte que él y a él no le importó demostrar que no es tan fuerte, fue al revés. Y han terminado apoyándose el uno en el otro como dos iguales. Es con Carol con quien Daryl habla y con quien siempre puede ser él mismo; es Daryl en quien ella más confía y a quien más cuida. Y cuando han tenido que distanciarse del resto, nunca se distanciaban del otro. Ese otro, ese Daryl para Carol y Carol para Daryl, es la persona accesible, la que les conecta con el mundo, la que siempre está ahí.

Bromean entre ellos cuando todo apesta y no les hace falta ni siquiera decirse las cosas para entenderlas. Siendo tan diferentes como son, es fantástico ver en pantalla una relación tan sincera y tan de verdad. Se entienden y se apoyan, y nunca se obligan o se condenan. Es el ejemplo más grande de un “no importa lo que haya pasado, vamos a seguir, yo te apoyo, estoy aquí”.

Parecía que todo iba encaminado hacia una historia de amor, pero es mejor así. Y si esa historia de amor llega más tarde, estará bien también, pero es mejor así. Porque no tenemos muchas historias de amistad verdadera entre una mujer y un hombre en la ficción, y esta vale el peso de la ballesta de Daryl en oro.

Sobre El Autor

Periodista. Escritora. Feminista. Se me da bien enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Marvel, Tolkien, ASOIAF y más. Libros, cine, viajes.

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