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‘La habitación’: la maldad y el amor

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Es difícil hablar de ‘La habitación’. Supongo que porque su historia es una de esas que debemos conocer de cerca por nosotros mismos. Observarla y sentirla en primera persona, para comprender su magnitud y su verdadero significado. La película dirigida por Lenny Abrahamson y basada en la novela de Emma Donoghue, también guionista de la cinta, nos cuenta la historia Ma y Jack. Ma es una joven que fue secuestrada en su adolescencia y encerrada en un cobertizo. Ahora, muchas violaciones y 7 años después, comparte el pequeño habitáculo con su hijo, el pequeño Jack, que no conoce otra realidad que la de la habitación.

Un infierno del que es imposible escapar, y que la joven ha convertido en todo un mundo para su pequeño. Habitación genera claustrofobia incluso a través de la pantalla. La casi total ausencia de luz, que sólo entra por una claraboya, y la estrechez de la estancia ahogan al espectador. Pero no a Jack, que encuentra en ella un universo que explorar. Los muebles, gracias a la ocurrencia de su madre, tienen una identidad propia. Y hay juegos en cada rincón, con cáscaras de huevo o con rollos de papel higiénico acabados. A cada paso, una aventura, que se oscurece en los días malos de Ma o cuando el viejo baja a por su premio.

La capacidad de Ma de crear algo mágico a partir de un infierno también traspasa la pantalla. No tardamos en comprender su angustia, pero lo mismo ocurre con la tranquilidad y la felicidad de Jack, que no necesita nada más que a su madre para disfrutar de su día a día. Esta creación de un universo atroz y mágico a partes iguales es sobrecogedora, como también lo son las consecuencias del trauma, perfectamente reflejadas en la película. De visionado crudo y amargo, también es fácil encontrar la belleza en ‘La habitación’. Una belleza que nos llega a través del pequeño y del amor que le une con Ma.

Dos joyas interpretativas


La habitación

El largometraje en sí es una joya. Es duro, sí, pero deja una huella incomparable en cada espectador, generando todo tipo de reflexiones y descubriendo una empatía que muchas veces ni siquiera sabemos que poseemos. Pero uno de los aspectos que la hace redonda son las interpretaciones de sus dos protagonistas. Brie Larson se llevó todos los premios de la temporada gracias a su trabajo como Ma. Y, por mí, podrían haberle dado también los de la siguiente. Su descenso a los infiernos y la desesperación que se observa en su rostro valen un Oscar, un Globo de Oro y todo lo que se ponga por delante. La estadounidense se vació en el personaje, se entregó a la historia y el resultado no pudo ser mejor.

El caso de Jacob Tremblay, el pequeño Jack, es incluso más especial. Dicen que los niños actúan de manera orgánica, como un juego, muchas veces sin ser conscientes de lo que están haciendo. Pero en Jacob están presentes la intención y la interpretación. Está jugando, sí, pero a ser su personaje, a sentir como su personaje y a ver lo que ve su personaje. De ahí que veamos en él una clara y notable evolución, así como el terror que le invade en según que compases de la película. Él no pudo llevarse todos los premios, por culpa de su edad, pero sí se llevó el reconocimiento de toda una industria que cayó rendida a sus pies.

‘La habitación’ es una película para ver en un momento de cierta estabilidad emocional. Con el alma desnuda y con el corazón abierto, para que la historia de Jack y Ma llegue a nosotros con la autenticidad y la honestidad con la que está concebida y representada.



Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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