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Christian Bale, la apuesta segura

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Termino de ver ‘Ford v Ferrari’, ‘Le Mans 66’ o como se quiera llamar en cada rincón del mundo reafirmando una certeza que me acompaña desde hace años. Christian Bale es el mejor actor de su generación. Claro, habrá quien me recuerde que Leonardo DiCaprio nació el mismo año que él, a miles de kilómetros de la Gales natal de Bale. Y lo cierto es que no podría objetar nada si ese alguien afirmara que DiCaprio es el mejor actor de su generación. Puede que ambos compartan el primer puesto de este podio que acabo de inventar o puede que cada uno se construya el suyo personal, acorde a sus gustos, pero apoyado en la objetividad. 

En el mío, Christian Bale lleva siendo el rey desde hace más de una década y no hay quien le dispute ese puesto. Su trabajo en ‘Ford v Ferrari’, en el que se convierte en un visceral Ken Miles, me termina de confirmar el por qué. No por su transformación física, algo a lo que ya nos hemos acostumbrado y que nunca debería dejar de ser tratado como algo extraordinario, sino por su autenticidad. En su mirada veo los sueños de Ken Miles, siento la pasión arrebatadora que se apoderaba de él cuando pisaba el acelerador, encuentro el amor por la velocidad y por la familia. En su mirada no encuentro nada del interior de Bale, ni siquiera soy capaz de verle, pese a tenerle frente a frente. 

¿Por qué no veo a Christian, si aquí la transformación física solo ha afectado al peso? ¿Por qué no reconozco su mirada y sus gestos? ¿Por qué no le encuentro en la pantalla, en la que sí me topo con alguien que no conocía y al que he terminado abrazando? La gran virtud del galés como actor es su capacidad para creer en lo que hace, para dejar de ser quien es en pos de convertirse en su personaje. Su talento natural le permite ser siempre auténtico, cercano y nunca sobreactuado, le permite ser su personaje sin que los espectadores comprendamos que está interpretando. Si lo pienso, a lo largo de mi vida he creído a pies juntillas que Christian Bale ha sido ex boxeador drogodependiente, matemático visionario, estafador, vicepresidente del gobierno de Estados Unidos, ilusionista, Moisés y hasta el dichoso Batman. Sabía que era ficción, por supuesto, pero no he visto personajes, he visto personas. Y he creído en lo que veía. 

Christian Bale

Esto es algo que solo unos pocos actores logran a lo largo de su carrera, a veces tan solo en algunos personajes concretos, y que Christian Bale lleva consiguiendo prácticamente toda su vida. No se me ocurre un papel en el que haya errado, en el que se haya pasado del límite o en el que se haya quedado corto. Ni siquiera se me ocurre un papel en el que le haya visto a él interpretando. De hecho, escribiendo estas líneas y reflexionando acerca de la perfección que siempre roza el galés cuando se pone delante de una cámara, me doy cuenta de que no sé cómo es el auténtico Christian, no sé quién es y tampoco necesito saberlo. 

Prefiero seguir sorprendiéndome con cada estreno, con su capacidad de ser un ser despreciable, un oso de peluche, un hombre atormentado o lo que toque en esa ocasión. Prefiero seguir comprobando cómo cada día es alguien diferente y cómo los retos imposibles no existen para un actor que sigue manteniendo intacta la pasión y la entrega. En esta ocasión, su magnífico trabajo en ‘Ford v Ferrari’ se ha quedado fuera de la carrera por el Oscar y se han escuchado pocas reivindicaciones, lo cual podría extrañar. Sin embargo, esta no es más que la prueba de que Christian Bale nos tiene ya acostumbrados a un nivel que roza la excelencia, lo que para él ya es costumbre y para otros es algo que solo ocurre una vez en la vida

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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