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‘Hacia las estrellas’, de Mary Robinette Kowal: el libro perfecto para volar, y no solo por el espacio

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‘Hacia las estrellas’ es el primer volumen de la serie La Astronauta, escrita con gran éxito por Mary Robinette Kowal. Ganadora de los premios Nébula, Locus y Hugo, como bien nos indica Oz Editorial, que es la encargada de publicar esta fantástica obra de ciencia ficción que hoy recomendamos. Lo hacemos aprovechando el lanzamiento de ‘El destino celeste‘, libro del que también hablaremos en unos días. Queríamos empezar por el principio. Si el principio ya ha sido vuestro, entonces corred a por la continuación. ‘El destino celeste’ ya está en las librerías, desde este mismo miércoles 9 de septiembre.

Este principio, ‘Hacia las estrellas’, es un libro perfecto para volar. Para volar hacia las estrellas; literal y figuradamente. Pero empecemos hablando de lo literal. De las estrellas que nos vigilan, con las que de momento la gran mayoría de los mortales nos tenemos que conformar con soñar.

Es primavera, y es 1952. Un meteorito impacta contra la Tierra y arrasa la Costa Este de Estados Unidos. Pronto, las consecuencias de tal cataclismo harán del planeta un lugar inhóspito, como ocurrió antes de la extinción de los dinosaurios. Esta terrible amenaza obliga a la humanidad a acelerar radicalmente sus esfuerzos para colonizar el espacio. Elma York, piloto del Servicio Aéreo Femenino y matemática, será una de las mujeres que trabajarán en la Coalición Espacial Internacional como calculadoras para llevar al hombre a la Luna. Su ambición por convertirse en astronauta hará que se enfrente a una sociedad que no está preparada para ver a una mujer rumbo hacia las estrellas.



Este podría ser un resumen perfecto de ‘Hacia las estrellas’, porque reúne todo lo que importa en las páginas de Mary Robinette Kowal: la tragedia, esa carrera espacial, el cambio en la Tierra y la figura de la mujer a mediados del siglo pasado. Aunque la escritora relata hechos ficticios, no deja de lado algunos acontecimientos que podemos relacionar con nuestra historia y, sobre todo, se toma muy en serio el papel de la mujer. No solo nos cuenta cómo estaban las cosas para las matemáticas que querían ser matemáticas y no podían, además imagina qué hubiera ocurrido si hubiéramos tenido o querido, como humanidad, ir un paso más allá y volar hacia las estrellas.

Las mujeres nos hubiéramos encontrado con la prohibición de los hombres. Demasiado débiles, demasiado sentimentales, demasiado poco preparadas, demasiado riesgo para nosotras. Incluso aunque, como nuestra protagonista, hubiéramos tenido una carrera sobre nuestros hombros, incluso aunque hubiéramos entrenado tanto o más que los hombres, incluso aunque nos hubiéramos probado en condiciones de riesgo, incluso aunque, es más, nos necesitaran para empezar una colonia en esas estrellas… Incluso tomando todos estos casos, nos hubiéramos encontrado con la prohibición de los hombres.

Elma York, que además es un personaje muy bien construido, se encuentra con la prohibición de los hombres. Y lucha contra ello desde la calma, desde la paciencia, desde la estrategia y desde un ámbito profesional. Es un libro, en este sentido, muy pausado, pero nos sirve para analizar más fríamente las cosas, y para emocionarnos o alterarnos mucho cuando toca, porque está tan bien escrito que te conduce a esto último con facilidad. Pero solo cuando toca.

No busca la lágrima fácil, ni siquiera el cabreo fácil. Mary Robinette Kowal escribe con la tranquilidad de quien sabe que está relatando un día a día, y las mujeres del siglo pasado no podían estar todo el día enfadadas. Así que se resignan a aceptar comportamientos, porque no queda otra, y nosotras los aceptamos con la protagonista porque sabemos que esa historia tiene continuación, que tenemos que seguir, que habrá una respuesta al final.

Además, esta protagonista tiene una personalidad muy definida –por la culpa, por ejemplo, o por la presión con la que ha tenido que vivir toda su vida–, y durante todo el libro tenemos detalles que nos llevan a conocerla mejor, a apreciarla, a sufrir con ella, a vivir lo que vive. Su relación con su marido, Nathaniel, es fantástica también. Los momentos entre ellos nunca resultan pesados o colocados a la fuerza; todo fluye, todo parece real.

Como parece real la ciencia y la ficción. Esta carrera hacia las estrellas nos lleva a adentrarnos en los trabajos de los físicos, matemáticos, pilotos en general y astronautas en particular; nos familiarizamos con su vocabulario, que es específico pero nunca resulta confuso, y aprendemos a movernos entre sus instalaciones, sus normas y sus conflictos. Es un libro de ciencia ficción bien redactado, bien mostrado, bien contado. Entretenido, emocionante, interesante.

Y es también algo más. ‘Hacia las estrellas’ es el libro perfecto para aprender a volar por el espacio, pero también para aprender a volar de manera individual y personal. Porque nos habla de la superación, del valorarnos a nosotros mismos, de buscar a personas que nos valoren. Tiene también un fuerte componente social y político, porque pone en valor las comunidades relegadas a un segundo plano. Hablando de la comunidad negra, incluso de la comunidad judía, se aprecia la hegemonía del hombre blanco. Estadounidense, a poder ser. Se habla de todo esto, además, desde la perspectiva de quien no se ha parado a pensar en estas comunidades. Por tanto tiene que ir creciendo, desterrando comportamientos y maneras de pensar, abriendo los ojos. Hay una evolución también aquí, y es muy satisfactorio asistir a ella.

Así que ‘Hacia las estrellas’ es un libro perfecto para disfrutar de una buena historia de ciencia ficción. De una carrera espacial tras una tragedia que también tiene un peso importante en la trama, por lo que nos sentimos viviendo en un mundo que nos suena pero que no termina de ser el nuestro. Y es un libro de crecimiento personal, de lucha y de pasión por una profesión. Es un libro de mujeres, porque está protagonizado por una mujer que tiene a su alrededor otras muchas mujeres que, siendo diferentes, sueñan con lo mismo. Con las estrellas, claro. Las del universo y las suyas propias.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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