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‘Penny Dreadful: City of Angels’ y su hipnótica Santa Muerte

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No sé si ha sido una sorpresa o si realmente todos lo esperábamos, pero ‘Penny Dreadful: City of Angels’ funciona muy bien a todos los niveles. Por ahora, se han emitido los dos primeros episodios a través de Movistar+, y he sentido cada uno de ellos como si fuera una película. No hay respiro ni mucho menos relleno. La acción se desarrolla desde el mismo momento en el que comienza el primer capítulo y, por ahora, no he encontrado ni un solo instante en el que poder desviar mi atención. Las diferentes subtramas y la unión que existe entre ellas, de la que poco a poco vamos sabiendo más, hacen imposible una desconexión que, en estos días de encierro, amenaza casi más que antes. 

Podría detenerme a hablar de la fiel representación de la desigualdad, del contraste entre el glamour de la Edad de Oro de Hollywood y las injusticias que tenían lugar al otro lado de la esquina, de la importancia de las raíces o de cómo nos condiciona el lugar o la familia en la que nazcamos. Pero hay algo que no se va de mi cabeza. O, mejor dicho, alguien. La Santa Muerte. Esa imponente figura femenina, de blanco impoluto, con mantillas y aureola dorada y una mirada profunda que petrifica y traspasa. Ese ser extraño pero conocido, misterioso pero evidente, luminoso pero oscuro. No consigo que su mirada, sus pocas pero contundentes frases y su fuerza se me olviden. De hecho, siento unas extrañas ganas de volver a verla y de saber más de ella. 

La de ‘Penny Dreadful: City of Angels’ no es más que otra representación del mito o la creencia. La Santa Muerte lleva siglos siendo adorada en México y territorios cercanos. Tiene su día y sus ritos de veneración, tiene su simbolismo y, por encima de todo, tiene devotos y detractores por doquier. Muchos han llegado a relacionar directamente el culto a esta figura con el crimen organizado y con ritos satánicos. De hecho, se habla de ella como de una figura satánica, lo cual choca de lleno con su propio nombre y su propia concepción. Ha sido rechazada por numerosas religiones y sus devotos han sido empujados a la clandestinidad, pero sigue presente en cada rincón. Como un esqueleto con manto negro o blanco, con una balanza y un globo. Como símbolo de la muerte, pero también como refugio al que acudir ante la desesperación. Como una Santa que ha bebido de diferentes culturas y religiones, hasta convertirse en una de las figuras más míticas de la cultura mexicana. 

Santa Muerte

¿Más humana?

En el caso de la serie estadounidense, vemos a una Santa Muerte con aspecto humano y de una belleza suprema. Una Santa Muerte que recuerda a una virgen clásica, pero de gesto mucho más duro y expresivo. Una Santa Muerte cuya función no es otra que la de acompañar a las almas que abandonan este mundo, en teoría sin intervenir en nada más, sin el poder o, al menos, sin la intención de cambiar lo que encuentra ante sí. Salvo en casos extremos, supongo. Al fin y al cabo, pese a que la vemos seria e imperturbable, lo primero que hace es salvar al Santiago Vega niño de una muerte entre llamas. Es ahí donde apreciamos el primer rasgo de humanidad en ella, aunque después nos haga dudar de nosotros mismos. 

La Santa Muerte también aparece en la serie como una figura controvertida, venerada y odiada o ignorada a partes iguales. La veneración la encontramos en el personaje de María Vega, la madre de Santiago, una mujer que se considera medio bruja y que adora profundamente a esta Santa. Pero también la teme, como vemos en su encuentro en el altar. O la respeta. Al fin y al cabo, se trata de la misma muerte, de eso a lo que más tememos, pero que siempre tenemos presente. Esta mujer es casi su sierva y acude a ella sólo cuando es apresada por la desesperación, pidiéndole una justicia y una ayuda que, aparentemente, no le competen. 

En el lado opuesto tenemos a Santiago Vega. El que debería ser el auténtico creyente de la Santa Muerte por la que fue salvado y marcado, es el gran escéptico de la serie. Un hombre que mira hacia delante y hacia un futuro incierto, por el que lucha aunque se lo intenten negar. Mantiene sus raíces, porque se enorgullece de ellas, pero elimina lo irracional de la imagen. Incluso aunque lo irracional se haya chocado con él de manera directa. Supongo que a eso se refieren cuando dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver. 

Presiento que queda mucho de esta Santa Muerte por ver. Más encuentros con Magda, cargados de magia y de fuerza, además de una belleza sobrecogedora. La mirada de Paco Cabezas ha hecho mucho en este aspecto, regalándonos secuencias de esas que provocan que el espectador contenga la respiración por unos instantes. Entiendo -o quizá es más deseo- que habrá una evolución hacia lo humano en este personaje, que se implicará como lo hace en su primer encuentro con Santiago y que nos dejará ver un poco de su poder y de su significado. Y también imagino, o quiero imaginar, que todo desembocará en una gran batalla final entre la luz y la oscuridad, entre la justicia y la maldad y, al fin y al cabo, entre la vida y la muerte. 

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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