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‘Yo Nunca’ y las series (adolescentes) que importan

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Hace tiempo que dejé de ser adolescente y, en realidad, si echo la vista atrás, no viví una adolescencia tan intensa como la mayoría. Pero aún así, guardo un buen recuerdo. Y me molesta que la etiqueta de ‘adolescente’ casi siempre vaya acompañada de una connotación negativa. Especialmente cuando con ella se adjetiva a una serie o una película. Parece que si una ficción es adolescente tiene que ser mala, surrealista, básica e innecesaria. Vamos, todo lo contrario de lo que es ‘Yo Nunca’

La serie de Netflix, que se estrenó en la plataforma el pasado 27 de abril, se ha convertido en uno de los títulos del momento a nivel global. Las redes sociales están repletas de comentarios acerca de la ficción, así como de algunas de las secuencias más míticas de la misma. Un reflejo inequívoco del éxito y del impacto que ha tenido en el público. Y también en la crítica, que ha hablado muy positivamente de ella, para sorpresa de quienes esperaban encontrarse una ‘serie adolescente’ más, de esas que tanto se menosprecian. 

Sí, está protagonizada por adolescentes y por sus dramas, igual de válidos que los nuestros. Pero es más que una comedia que utiliza la cultura pop para conectar con el espectador. ‘Yo Nunca’ nos habla de miedos y de pérdidas, así como el proceso de asimilación de estas. Nos habla de inseguridades, de metas y de diferentes culturas y realidades, a las que mira con la óptica de los jóvenes, pero siempre desde el máximo respeto. Nos habla de problemas de comunicación y de los sentimientos que todos, adolescentes y adultos, escondemos, pero que nos corroen por dentro. De amor y de libertad, de amistad, de rivalidad, de relaciones paternofiliales, de complejos, de prejuicios y tópicos demasiado anticuados… Todo ello con un tono cercano y divertido que consigue que todos nos veamos en esa joven hindú que acaba de perder a su padre, aunque aparentemente no tengamos nada que ver con ella. 

Yo Nunca

¿Por qué es necesaria? 

Entiendo que muchos pueden creer, tras un primer contacto con la serie, que ‘Yo Nunca’ es algo que ya hemos visto. Y, en cierta manera, lo es. Puede recordarnos a ‘A todos los chicos de los que me enamoré’, por ejemplo, pero hay cambios sustanciales que, en sí mismos, merecen la pena. Los occidentales tenemos mucha suerte, aunque creo que seguimos sin ser conscientes de ello. La mayoría, nos llevamos viendo reflejados en las pantallas toda una vida, de manera más o menos fiel, pero sintiéndonos representados. No ocurre lo mismo con otras culturas, como en este caso la hindú. 

Esta ficción de Netflix me ha descubierto tanto sobre una cultura que, al menos, creía que conocía superficialmente. Y, sobre todo, me ha descubierto cómo se sienten muchas jóvenes que pertenecen a ella, pero que no tienen el arraigo del que presumen sus padres. Jóvenes como Devi, incomprendidas por la mayor parte de la sociedad en la que conviven y, precisamente por eso, hasta avergonzadas de algunos rasgos de su cultura. Ya va siendo hora de que estas realidades también estén en la pantalla. Y ya va siendo hora de que comprendamos que no es lo mismo una persona de origen chino, que una persona de origen hindú o una persona de origen paquistaní. 

No es este el único aporte de valor de ‘Yo Nunca’. El tratamiento y el reflejo del sentimiento de pérdida y del duelo me parecen sencillamente maravillosos. No todos nos sentimos igual cuando perdemos a un ser querido y no todos lo expresamos de la misma manera. Hay veces que el dolor aparece de maneras inusuales, como en el caso de Devi. Y hay veces que ni siquiera nos permitimos sentir ese dolor. La honestidad y la sensibilidad con la que se trabajan todos estos sentimientos y este proceso son una de las principales perlas de la serie. 

Yo Nunca

Más que una serie adolescente

‘Yo Nunca’ también rompe con prejuicios y con tópicos clásicos que han pasado de moda y acoge a todo el mundo. Y estudia todo tipo de conflictos personales y familiares. Encuentro especialmente interesante el estudio de las motivaciones que nos mueven y sus orígenes. ¿Queremos hacer una cosa porque nos llena? ¿Lo hacemos porque cubre un agujero o esconde una herida? ¿Nos empuja el deseo de nuestros padres a hacerlo? Son preguntas que, muchas veces, ni siquiera nos hacemos. Porque actuamos por inercia y, entre medias, perdemos la ilusión y las ganas.

Hay mucho más bueno en la serie de Netflix, como todo el camino que emprende el personaje de Fabiola o las diferentes amistades y romances que aparecen a lo largo de los 10 episodios. O como su humor en clave de generación Z y su brillante e inesperada narración en off. Pero prefiero que, en cuanto termines de leer estas líneas, lo descubras por ti mismo. 

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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