La Flaca traslada a la milla de oro uno de esos momentos que pide el cuerpo: la Feria de Abril. Pero aquí no hay caseta ni albero. En pleno Serrano, lo que hay es barra, música y jaleo. Hasta el 25 de abril, la taberna no pretende replicar Sevilla; se centra en lo esencial: recrear el ambiente. Ese punto de energía espontánea donde la música aparece sin aviso, las palmas se contagian y la gente se junta.
La programación musical acompaña ese pulso con actuaciones en directo que se integran de forma natural en el espacio recreado. El viernes 24, el grupo Al Liquindoi —con influencias de pop, flamenco y carnaval de Cádiz— pone ritmo al tardeo; el sábado 25 toma el relevo Sanseacabó, con una propuesta de rumba y pop pensada para alargar la tarde. A esto se suman pequeñas intervenciones de flamenco en la propia taberna —guitarra, voz y palmas— que aparecen sin previo aviso y elevan el ambiente sin romperlo.

Sevilla en Madrid con música y buen ambiente
La experiencia se disfruta en torno a distintos momentos del día: desde el aperitivo en mesa, pasando por una comida distendida, hasta un tardeo que gana intensidad a medida que avanza la jornada y que termina trasladándose al interior del espacio, donde el ambiente se transforma y convierte la noche en algo difícil de cerrar.
La cocina es sin complicaciones y con intención: platos que funcionan siempre y que acompañan sin frenar. Desde clásicos de barra como la gilda bien afinada, el pincho de tortilla o unas bravas que piden pan, hasta propuestas que elevan el momento cuando la noche ya está en marcha: calamar frito, gamba cristal con huevo o una presa a la brasa que no necesita más que su punto.

La propuesta líquida sigue la misma lógica: jarras de spritz de Martini y St-Germain pensadas para compartir, con mezclas frescas, ligeras y fáciles de beber en las que el cava, la fruta y los toques herbales hacen el resto. De esas que llegan a la mesa “para probar” y acaban haciendo que la siguiente ronda no tenga negociación.
Todo está planteado para compartir, sumar y alargar el momento. Platos que llegan al centro de la mesa y desaparecen rápido, jarras que se encadenan sin esfuerzo y un ambiente que crece de forma natural. Es justo esa mezcla —música que se cuela, una carta que siempre apetece y jarras que no paran— la que hace que La Flaca sea algo más que una taberna estos días.





























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