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‘Atrápame si puedes’: cuando la realidad supera a la ficción

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Si no llega a ser por el clásico ‘basada en hechos reales’, nunca habríamos creído posible que la historia representada en la pantalla por un pícaro Leonardo DiCaprio y un desesperado Tom Hanks fuera cierta. En ‘Atrápame si puedes’, película estrenada en España hace exactamente 17 años, conocimos a Frank Abagnale Jr., un joven estafador capaz de hacerse pasar por piloto, pediatra y abogado sin llegar a cumplir la veintena. También presenciamos la interminable persecución llevada a cabo por Carl Hanratty, agente del FBI encargado de dar caza a este delincuente, al que vio escaparse de entre sus dedos en demasiadas ocasiones. Nos sorprendimos con las triquiñuelas de uno y comprendimos la obsesión del otro, pero llevarlo a la realidad es algo más complicado. 

Ni siquiera con ese eslogan que ya nos indica que lo que vemos en la pantalla no es fruto de la imaginación de Spielberg, sino que se trata de una historia extraída de la vida real, somos capaces de creerlo al 100%. Y es que la historia de este estafador reconvertido en empresario de éxito supera a la ficción. La aparente facilidad con la que consigue suplantar identidades y enriquecerse siendo tan solo un adolescente choca con nuestra concepción de la realidad y con nuestra lógica. ¿Cómo es posible que nosotros, a su edad, estuviéramos preocupados por resolver ecuaciones de segundo grado y por la Revolución Francesa y él fuera capaz de ser quien quisiera ser y de burlarse del FBI? 

Negaré haber dicho esto, pero supongo que para responder a esta pregunta debería referirme a su talento. Además de un delincuente perseguido, Frank Abagnale Jr. es un hombre inteligente y con una creatividad y una picardía únicas, cualidades que le diferenciaron del resto. Tenía un talento especial para engañar y ahora aprovecha el mismo para ayudar al FBI, a través de una empresa que él mismo creó, a combatir diferentes casos de estafas. Todo ello, por supuesto, con la correspondiente reducción de la pena en su momento. Pero no vayamos tan rápido. Comencemos por el principio, por sus primeras estafas y por el nacimiento del mito. 

Frank Abagnale Jr.

Muchos hombres en un mismo rostro

Aunque Frank Abagnale Jr. asegura que ahora sería mucho más fácil llevar a cabo las estafas que él firmó, creo que con la tecnología de la que disponemos le habría sido imposible ser tantas personas a la vez. El reconocimiento facial y la inteligencia artificial le habrían delatado de manera inmediata. Es cierto que la tecnología también le habría ayudado con sus falsificaciones, pero creo que la balanza cae del lado negativo. 

Este joven estadounidense comenzó su idilio delictivo engañando a su propio padre. Gracias a su labia, consiguió que su progenitor le diera su tarjeta de crédito, en teoría para comprar recambios para su coche, sin que éste supiera que su objetivo inicial era realizar cargos falsos en esta tarjeta y repartir el dinero entre una serie de amigos. Una estafa a pequeña escala que dio paso a la falsificación de cheques, probablemente la actividad que más ingresos le generó. Imprimiendo su número de cuenta en diferentes cheques, logró grandes cantidades de dinero a una cortísima edad. 

Quizá fue la facilidad con la que llevó a cabo estas estafas la que le empujó a ir a más, y fue ahí cuando comenzó a hacerse pasar por diferentes personas. Primero un piloto de avión de la compañía PAN AM, con la que voló a decenas de países sin desembolsar ni un solo dólar; después un pediatra que atendió a numerosos pacientes -hasta que un enorme susto le devolvió a la realidad- y finalmente un abogado que llegó a defender casos reales. Todo ello con unos 19 años de edad, sin formación superior y sin más ayuda que la de su ingenio. Una historia que, desde luego, parece de película, incluido su final. 

Después de algún que otro error y, sobre todo, después de una persecución incansable por parte del FBI, Frank Abagnale Jr. fue atrapado y, aunque llegó a escapar de prisión, tuvo que hacer frente a la justicia. Hubo penas de cárcel, por supuesto, pero una vez más el talento y el ingenio de este hombre marcaron la diferencia. Y pasó de ser un preso ‘más’ a convertirse en colaborador del FBI, con su propia empresa y con ingresos, esta vez legales, que le permitieron y le permiten llevar una vida más que holgada. De delincuente a ‘héroe’ que lucha contra las estafas que él mismo cometió. Definitivamente, la realidad es muy capaz de superar a la ficción. 

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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