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Crítica: ‘Room 104’ echa el cierre con una cuarta temporada que se mueve entre géneros

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Esta crítica no contiene spoilers de la cuarta temporada de ‘Room 104’.

Cuánto puede dar de sí una habitación cualquiera de un motel cualquiera. Una de esas estancias casi estériles, con dos camas, un baño y una televisión. En las que el tiempo no parece pasar y por las que pasan miles de personas a lo largo de los años. Un recurso que los hermanos Duplass han sabido explotar con acierto durante cuatro temporadas. Este sábado 25 de julio se estrena en HBO España la cuarta entrega de ‘Room 104’, con la que se pone cierre a la serie. Una de las propuestas más curiosas y, en ocasiones, marcianas del panorama seriéfilo internacional.

Esta cuarta temporada, compuesta por 12 episodios de entre 20 y 30 minutos, vuelve a colarnos en la famosa habitación de motel. Y vuelve a presentarnos historias auto-conclusivas, pero en esta ocasión apostando por una unión de géneros mucho más loca y arriesgada. Sigue habiendo una importante presencia de la comedia negra y de ese terror que ya aparecía en el primer capítulo de la serie. Pero ahora también hay espacio para la comedia de situación, el musical e incluso los dibujos animados. Sin perder nunca de vista la esencia de la serie, que no es otra que el análisis del ser humano y de su comportamiento, los hermanos Duplass han querido jugar más que nunca con esta temporada final.

¿El resultado? Similar al de las anteriores. Algunos de los capítulos son maravillosas píldoras en las que se habla de culpabilidad, de rencores y de miedos. Y otros pasan por el espectador, o han pasado por mí, sin pena ni gloria. La consistencia no se mantiene a lo largo de la temporada, precisamente por esa unión de géneros y de miradas distintas. Y la sensación final es en cierto modo agridulce. Incluso aunque la serie cierre con un buen y complejo episodio.

Creatividad ¿sin riesgo?


Room 104

Llevo un rato pensando en el riesgo que han corrido los hermanos Duplass con esta cuarta temporada. Si es que lo han corrido. Última entrega, con la que ya saben que van a poner punto y final a su creación. Con la que ya no deben convencer a nadie. Pero con la que deben contentar a su público fiel. Puede que su creatividad haya fluido con más libertad precisamente porque ya está todo vendido. Porque se han deshecho de las ataduras de la confirmación o los números. Y creo que verles experimentar con formatos y géneros es lo mejor de este cierre.

Lo es porque nos ofrecen algo diferente, aunque dentro de lo mismo. Y nos sorprenden con incorporaciones que ni siquiera imaginábamos. En las que también entra la meta-ficción, con un episodio homenaje a las comedias de situación que, desde mi punto de vista, es de los mejores de esta cuarta entrega. O con ese capítulo animado en el que juegan con la ciencia ficción y con una estética noventera, incluyendo alusiones a movimientos que siguen más que activos. Ese juego constante, en el que se aprecia la pasión de los hermanos por la ficción, es quizá lo más satisfactorio que podamos sacar de este final.

En una época en la que, generalmente, escasean la originalidad y la creatividad, ‘Room 104’ sigue siendo una bocanada de aire fresco. Algo que dice mucho de la serie, capaz de seguir renovándose pese a no salir (salvo contada, musical y ancestral excepción) de las cuatro paredes de una habitación de motel.

Detrás de las paredes


Room 104

‘Room 104’ podría haberse quedado en la anécdota. En historias pequeñas y superficiales para pasar el tiempo. Puede que incluso haya quien, viéndola sin prestar demasiada atención, la sienta como tal. A mí me ha ocurrido con algunos capítulos, que no han terminado de conectar conmigo y no me han aportado demasiado. He ahí la falta de consistencia de la que hablaba unos párrafos más arriba y que se aprecia en las cuatro temporadas de la serie.

Pero esta es una irregularidad que no debería empañar el ya mencionado estudio del ser humano. A través de diferentes historias y recursos, los hermanos Duplass ponen contra las cuerdas a sus personajes, sacando lo peor de ellos. O sacando su verdadero rostro, que generalmente es mucho más oscuro de lo que se muestra a primera vista. Esto lo vemos, dentro de esta cuarta temporada, en ‘The Murderer’, uno de los mejores capítulos de la ficción. En el que, además, tenemos la suerte de poder disfrutar de Mark Duplass también como intérprete.

No es, ni de lejos, el único ejemplo dentro de la entrega final. Una relación entre amigas, el trauma generado en un antiguo luchador tras un acontecimiento violento, el ser humano, la adicción y los bucles… Como ya ocurrió con temporadas anteriores, esta última entrega de ‘Room 104’ toca temas muy dispares y plantea dilemas variados, complejos y que llegan camuflados en una estética que sigue siendo de lo mejor de la serie. Sin olvidarme de sorpresas interpretativas como la de Dave Bautista en esta temporada final.

'Room 104'

5.7

Lo Mejor
  • Unión de géneros y formatos
  • 'The Murderer'
  • Brillante Dave Bautista
Lo Peor
  • Su irregularidad
Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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