0
8.5

Star Wars. Episodio IV: Una nueva esperanza

Lo mejor
  • Todo
Lo peor
  • Espero no tener nunca la suficiente mala leche como para ponerle una pega a esta película

Empezamos por el origen, que no el principio. El principio está años antes en esta historia, años después en nuestro cine. Pero los maratones de una saga han de hacerse según marcaron los tiempos sus creadores y en este caso George Lucas nos presentó primero a los niños Skywalker, así que por ellos comenzamos este maratón. Por el origen. ‘Star Wars. Episodio IV: Una nueva esperanza‘. Qué apropiado me parece este título, siempre me lo ha parecido. Qué bien que la rebautizaran.

No puedo siquiera imaginar lo que significó esta película cuando se estrenó, en 1977, pero sí conservo sensaciones de la infancia, cuando la vi por primera vez. Las conservo porque a lo largo de los años he regresado muchas veces a esta guerra de las galaxias y siempre las he llevado conmigo como algo inalterable. Las sensaciones en cuestión: que estamos ante una batalla épica, única, ¡quizá la última en la galaxia!, que cada escena importa, que cada frase importa, que cada personaje tiene su papel, ¡que no puede morir nadie, por favor, que no muera nadie!, que ninguna otra historia importa tanto como esta, ¡que tienen que ganar! ¡Y que no muera nadie, por favor!

Claro que los siguientes revisionados me los he tomado con más calma, sobre todo porque ya sabía lo que sucedería (la única razón, y no la edad, por la que he podido tomármelo con más calma). No puedo imaginar lo que significó entonces esta película que fue el origen del que quizá sea el fenómeno más grande de la historia del cine, pero entiendo que las reacciones fueron semejantes a las mías, en los niños y también en los adultos. Y esto se consigue de diversas maneras. Con una banda sonora que hoy en día es el tono de llamada de miles de personas; gracias, John Williams. Con unas imágenes pensadas y repensadas, todas ellas caracterizadas por una magnificencia más que intencionada que no permite que nos olvidemos en ningún momento de que estamos ante la batalla más épica del espacio, ¡la única, quizá la última! Yo no suelo poner tantas exclamaciones en mis textos, pero es que ‘Star Wars’, y este origen en particular, es una exclamación tras otra.

George Lucas, creador de un verdadero imperio, se entretiene mostrando, y no solo contando, y todos le deberíamos estar muy agradecidos por ello, porque de esa manera ha conseguido que sintamos parte de una gran familia a dos robots cuyas personalidades quedan perfectamente definidas en nuestras primeras tomas de contacto con ellos, como sucede con todos los personajes. Los tres, los de siempre, inolvidables. Mark Hamill dio vida a un Luke Skywalker cercano, de buen corazón, valiente y lleno de posibilidades; la Leia de Carrie Fisher fue un sueño para mí cuando era niña, también valiente, decidida, inteligente, resuelta, contestona; el arrogante, independiente y fuerte Han Solo de Harrison Ford que tal vez sería mi gran amor de esta saga si no hubiera llegado después el Obi-Wan Kenobi de Ewan McGregor (contra algo así no se puede competir). Los tres, la primera familia, aunque poniéndonos correctos sea la segunda generación, son los culpables de que hoy estemos donde estamos. Y George Lucas también, claro, porque parecía saber muy bien qué darle al público; y estoy segura de que ni el público sabía lo que quería.

Pero el secreto del éxito de ‘Star Wars’, creo que por encima de todo, es que es una buena historia. Esto parece muy sencillo, pero no lo es. Muchas grandes películas, muchas grandes series, muchas grandes obras literarias, triunfan por el atractivo de sus personajes o por ciertos elementos artísticos que las sostienen, y cuando uno se para a desentrañar la historia en realidad no es para tanto. ‘Star Wars’ sí es para tanto. En su conjunto, es una muy buena historia. Y esa es la razón por la que sigo viéndola con el mismo interés, admirando cómo se van moviendo los hilos, cómo se van desvelando los misterios, cómo se recurre a giros de guion en los momentos oportunos y se satisfacen las expectativas del espectador con hechos esperados en otros, cómo se construyen las pequeñas historias, que sirven para alimentar la trama principal, y, en definitiva, cómo se crea un universo que parece tener vida propia.

‘Star Wars’, y esta nueva esperanza es la primera prueba de ello, es una gran historia. Emocionante, con personajes con una voz propia, con motivaciones, deseos y miedos, con atractivo, con la dosis necesaria de intriga como para estar atento en todo momento, pero sin que por ello se le impida a uno dejarse llevar por los seres en principio extraños que se nos presentan. Pertenece a ese privilegiado grupo de películas que son capaces de conducirte con sutileza hasta su mundo, y cuando te quieres dar cuenta estás en él y te has olvidado del tuyo. Yo me encuentro en otra galaxia siempre que regreso a este origen, porque me lo creo, porque lo disfruto y sobre todo porque lo vivo, ¡y el cine está para vivirlo!

Judith Torquemada

Alba Reche despliega “Quimera” en Madrid

Previous article

‘Radioactive’, la revolución de Imagine Dragons

Next article

You may also like

Comments

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

More in Cine