El doble más quince, 2019
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El doble más quince

Lo mejor
  • La idea de la que parte
Lo peor
  • La ejecución de esa idea
  • Su conclusión

Suelen gustarme mucho las películas que sientan su base en conversaciones y disputas entre generaciones, porque me parecen una buena forma de conocernos y conocer al resto, así que estaba entusiasmada con ‘El doble más quince‘, escrita y dirigida por Mikel Rueda (‘A escondidas’, 2014). Y protagonizada por Maribel Verdú, acompañada de un joven Germán Alcarazu al que conozco ahora y del que tengo cosas buenas que decir. Que siga adelante, que tiene una emoción dentro que puede llevarle lejos.

Vuelvo al principio: suelen gustarme mucho las películas que sientan su base en conversaciones y disputas entre generaciones, así que estaba entusiasmada con ‘El doble más quince’. Comienza de forma silenciosa pero con mucho movimiento de la protagonista, Ana, y también de la cámara, con la que Mikel Rueda hace virguerías durante toda la película. Algunas excesivas, por la repetición o por lo incómodo que resulta seguir la historia, otras bastante adecuadas para comprenderla.

Ana (Maribel Verdú) y Eric (Germán Alcarazu) se conocen en un chat de sexo. Quedan en un punto alejado del centro de Bilbao, solo para descubrir que ella es más mayor de lo que había dicho y él mucho más joven de lo que había dicho. Este encuentro constituye la primera escena de la película, a partir de la cual nos movemos entre pasado y presente para comprender qué ha llevado a uno y otro a estar donde están.

El doble más quince
Germán Alcarazu y Maribel Verdú

Con esa dirección a veces incómoda y otras acertada, el guion peca en ocasiones de servirse de frases que parecen sacadas de Instagram y otras sorprende con reflexiones que pueden tocar alguna que otra conciencia. Creo que ‘El doble más quince’, al menos en mi experiencia, se mueve en todo momento entre estos dos extremos: el que no me gusta y el que puede convencerme. He visto escenas absurdas que nacen de clichés explotados hasta la extenuación en pantalla, y también otras que se desarrollan con una naturalidad y una sutileza que están siempre presentes en películas con las que puede compartir un escenario común, como ‘Antes de amanecer’ (1995).

Me gusta la idea general, eso sí. Me gusta que nos hable de cómo una mujer puede sentirse anulada o ignorada como mujer cuando pasa a ser madre y esposa. ‘El doble más quince’ es la historia de una mujer insatisfecha que sigue teniendo deseos, que parece resignada pero está dispuesta a cualquier cosa para recuperarse, que es consciente de que por sí misma puede valer lo que vale con una familia, y que, aunque quiera a su familia, también se sigue queriendo como individuo fuera de ésta.

Y es la historia de un adolescente que soporta una carga que no le corresponde, por edad, pero que lleva con lealtad, por amor; la historia de un adolescente sacrificado y responsable que comete actos de locura propios de una edad en la que el ser humano se siente capaz y preparado para cualquier cosa, para tentar a la suerte o para restar importancia a lo que no debería siquiera ser una opción, como vender nuestro cuerpo ante la desesperación.

Es la historia, en definitiva, de dos personas que se sienten solas y no quieren. Una historia que nos demuestra que la vida nos lleva a situaciones en las que no nos imaginábamos estar, y que nos demuestra que a veces esas situaciones pueden ayudarnos tanto como puede ayudarnos hablar con un desconocido con la libertad de ser quienes realmente somos, sin etiquetas como madre o hijo. En este sentido, ‘El doble más quince’ es interesante, claro que lo es, pero creo que falla en la ejecución de esta idea.

Como creo que falla en su conclusión, y hablaré con spoilers en este párrafo. El personaje de Maribel Verdú ronda los 45 años, y el personaje de Germán Alcarazu ronda los 15 años. Estas edades no solo se dicen, también se sienten, en ambos. Se conocen en un chat de sexo, pero cuando se tienen delante observan esta diferencia insalvable en el primer escenario propuesto (es decir, el sexual). Se pone sobre la mesa, además, que una relación sexual entre ambos es un delito. Se dice en varias ocasiones, pero aun así se llega a ello. La película concluye con un encuentro sexual entre ambos, y es un camino que ni puedo ni quiero seguir. El chaval tiene 15 años, y a pesar de que comprendo la atracción de él y la desesperación de ella, me ha resultado desagradable de ver. De mal gusto, independientemente de las intenciones.

En definitiva: esperaba otra cosa, y esperaba más.

Judith Torquemada

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