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Crítica: ‘El tercer día’ es un viaje satisfactorio

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Esta crítica no contiene spoilers de ‘El tercer día’ y se ha elaborado tras ver sus cinco primeros episodios.

Durante el visionado del primer episodio no llegué a imaginarme las ganas que tendría en este punto de ver el sexto capítulo de ‘El tercer día’. No lo imaginé porque, para ese momento, estaba recorriendo los mismos caminos que Sam, uno de sus protagonistas. Acababa de llegar a la isla de Osea, por su estrecha y desmejorada carretera, y aún tenía que adaptarme a su extraño ambiente. A sus gentes y a su inquietante amabilidad, que siempre parece esconder un doble sentido o una doble intención. Adaptarme no me costó demasiado, porque las revelaciones fueron ganando protagonismo y me empujaron a olvidarme de la confusión. Pero la de HBO es una serie que requiere una entrega y una atención totales por parte del espectador. Y eso siempre es positivo.

También es positivo encontrarse con una ficción que trata de salirse un poco de la norma general, sobre todo en el formato. ‘El tercer día’ está dividida en tres bloques diferentes. El primero, ‘Verano’, está compuesto por tres episodios protagonizados por Jude Law. En ellos, somos testigos de cómo Sam llega a la isla y de cómo empieza a relacionarse con sus habitantes. Además de conocer sus motivaciones. Tras él, ‘Otoño’, un episodio en directo, que, evidentemente, no hemos podido ver, cuyo objetivo en compartir con los espectadores el día a día de la isla de Osea. Y, por último, ‘Invierno’. Otros tres capítulos, en esta ocasión protagonizados por Naomie Harris, que llega a una Osea algo diferente, pero con el mismo ambiente inquietante.

La distancia entre las dos partes principales no sólo viene marcada por el cambio de protagonista, sino también por el propio entorno y por la concepción de Osea. Desde la perspectiva de Sam, nos encontramos con un mundo alucinógeno, en el que es muy complicado distinguir la fantasía de la realidad, incluso desde la posición cómoda del espectador. Sin embargo, la Osea que encuentra Helen es mucho más realista, aunque quizá más oscura y más terrorífica, mucho más amenazante. Esta diferenciación mediante la construcción de dos ambientes en un mismo escenario es uno de los puntos fuertes de una serie que inquieta y entretiene.

Me adelanto, pero no me importa


El tercer día

Tras un primer episodio de adaptación, lo natural es ir haciendo elucubraciones. Y lo cierto es que, conforme vamos quitando esa primera capa y vamos conociendo algo más de las motivaciones de los protagonistas y de la propia Osea, las teorías surgen solas. Y suelen ser acertadas. Esto, la facilidad de adelantarse a según qué descubrimientos, podría ser algo negativo. Podría generar cierto rechazo en parte del público. Pero, al menos en mi caso, y suelo ser bastante dura con lo predecible, no me molesta. Porque son descubrimientos satisfactorios y porque, pese a que nos adelantamos a ellos, sigue presente el misterio. Es como si todo fuera una gran Hidra, a la que le cortamos una cabeza, pero le crecen dos más.

Este carácter retador de la serie es el que me ha mantenido pegada a la pantalla de mi ordenador desde la primera secuencia hasta la última. Y es lo que consigue que la serie deje atrás el adjetivo de ‘predecible’ para convertirse en un viaje satisfactorio, entretenido, inquietante y, en ocasiones, retorcido. Probablemente, el mayor culpable de esto sea ese ambiente del que ya he hablado en numerosas ocasiones durante estos párrafos. Un entorno que nos recuerda al folk horror, perfectamente cuidado y diseñado para ejercer una especie de efecto imán, totalmente contradictorio al pavor que provocan algunos de sus escenarios y las sonrisas amables de sus gentes.

Los otros culpables


El tercer día

No he podido evitar que gran parte de mi atención se la lleve Osea. Y supongo que esa era la intención, convertirnos en unos protagonistas más de ‘El tercer día’. Lograr que nos sintiéramos en parte como Sam y como Helen, aunque con motivaciones diferentes. Pero esta construcción de un mundo cercano y a la vez cargado de misterio no es la única culpable de que la serie funcione. Sin las buenas interpretaciones de un reparto diverso y equilibrado, este entramado de historias que unen realidad y fantasía e imaginarios conocidos con algunos totalmente nuevos, no habría funcionado. Jude Law y Naomie Harris se desgarran por completo en sus personajes, compartiendo su dolor, su angustia y su confusión. Y los habitantes de esa isla, partiendo de unos Emily Watson y Paddy Considine terroríficamente amables, absorben por completo la esencia del lugar y la transforman en interpretaciones igualmente inquietantes.

Si a esto le sumamos una fotografía bella y unos efectos visuales conseguidos, nos encontramos con una ecuación prácticamente redonda. Quizá, lo único que puede jugarle una mala pasada a ‘El tercer día’ sean nuestras propias expectativas. El hecho de que esperemos encontrarnos algo nunca visto, rompedor y sorprendente. La serie innova en parte en el formato y acierta en todo lo demás, aunque siga unos pasos que ya hemos seguido en otras ocasiones.

‘El tercer día’ se estrena este 15 de septiembre en HBO.



'El tercer día'

7.8

Lo Mejor
  • Ambiente inquietante
  • Formato
  • Interpretaciones notables
Lo Peor
  • Las expectativas pueden jugarnos una mala pasada
Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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