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‘Gladiator’ nunca envejece

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En ocasiones, cuando regresamos a una película que hace años nos cautivó, nos parece un producto bastante más vacío de lo que recordábamos. El paso de los años y todo lo que esto conlleva han hecho mella en ella. Ya no encontramos las virtudes que en su día vimos claramente y lo que antes nos emocionó ahora nos deja completamente fríos. Con ‘Gladiator’ ocurre todo lo contrario. 

Han pasado 20 años desde que la cinta de Ridley Scott aterrizó en los cines españoles y supuso toda una revolución a nivel mundial. Tales fueron las dimensiones del impacto de la película en los espectadores de todo el planeta que, aun a día de hoy, sigue siendo destacada como una de las mejores de la historia reciente del cine. Por eso, me he tomado el atrevimiento de incluir este artículo en la sección de ‘Grandes Clásicos’. Evidentemente, ‘Gladiator’ está muy lejos en el tiempo de ‘Casablanca’ o de ‘Rebelde sin causa’, pero ya ha alcanzado la categoría mítica de clásico, aunque sea reciente. 

La ha alcanzado porque es ya uno de los títulos imprescindibles que todo amante del cine debe ver al menos una vez en la vida. Porque se estudia en las universidades y en las escuelas audiovisuales. Porque ha servido y sirve de inspiración y espejo para muchos creadores y directores. Se ha convertido en un pilar fundamental de nuestro cine reciente y su impacto y su significado no dejan de crecer por el paso de los años. Ahora nos pilla cerca y, por eso, puede costar hablar de ella como clásico, pero dentro de 20 o de 40 años seguirá formando parte del Olimpo del cine. Y, de vez en cuando, no está mal adelantarse. 

Gladiator

El perfecto camino del héroe

De las muchas bondades que encontré en su día y sigo encontrando hoy en ‘Gladiator’, puede que la más valiosa sea la construcción perfecta del camino del héroe que se hace a sí mismo. El hilo narrativo de la película es redondo, un círculo perfectamente cerrado en el que no sobra nada y no falta nada. Ridley Scott y su equipo de guionistas (David Franzoni, John Logan y William Nicholson) nos presentan al personaje de Máximo en los primeros compases de la película. No necesitamos más que media hora para conocerle a fondo, conocer sus motivaciones, sus pilares, sus sueños y su carácter. Y a partir de ahí, comienza el camino. 

De general venerado a gladiador admirado, pasando por traidor fugitivo y esclavo ignorado. Un camino repleto de piedras y de obstáculos en el que Máximo no se pierde a sí mismo en ningún momento. El espectador se convierte en su fiel acompañante mudo, presencia sus caídas y su ascenso pausado pero seguro y se crece como también lo hace el propio protagonista. Aunque la historia de un general hispano perseguido por su lealtad y reconvertido en esclavo nos pilla lejos, la atmósfera creada con mimo y acierto, nos traslada a la realidad de Máximo. Por eso, su reconstrucción la sentimos como nuestra, así como su éxtasis y su angustia

La representación del héroe hecho a sí mismo no siempre funciona, sobre todo porque vemos venir lo que va a ocurrir. Porque sigue un marco de redención típico, que además ya hemos visto en numerosas ocasiones. Y, sin embargo, aquí la conexión con el espectador es total. Nos introducen tan bien en el personaje de Máximo que termina generándose una especie de simbiosis con él y con su entorno. Somos los guerreros que le arengan después de una batalla. Y los romanos que piden a gritos su salvación. Algunos también serán la enamorada Lucilla o el embelesado Lucio. Y, por supuesto, todos somos el leal, honesto, valiente y bondadoso Maximo. Por esta conexión total entre espectadores y película, la cinta nunca envejece. Es una historia sin tiempo y sin fecha de caducidad.

Gladiator

Esa banda sonora

Esta conexión total es posible porque todos los elementos de la película están trabajados para lograrla. Uno de ellos, que muchas veces pasa desapercibido y que, sin embargo, es imprescindible, es la banda sonora. Hans Zimmer y Lisa Gerrard compusieron la que sigue siendo considerada como una de las mejores del cine reciente, la cual acompaña perfectamente a la acción. Y también a ese camino y a ese crecimiento del que nosotros también formamos parte. 

La banda sonora de ‘Gladiator’ emociona con facilidad. ¿A quién no se le ha puesto la carne de gallina alguna vez escuchando ese ‘Now We Are Free’? Pero, además de hacerlo y de haber alcanzado el grado de inolvidable, supone en sí misma un viaje redondo. No es una unión de temas inconexos que simplemente encajan aquí o allá. Es un todo, está concebida como tal y llega a los espectadores como tal. 

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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