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‘Hillbilly, una elegía rural’: libro vs. película

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‘Hillbilly, una elegía rural’ es un relato apasionado y apasionante de una clase social en decadencia, la de la clase trabajadora blanca en Estados Unidos. Los hillbillies, término peyorativo que hace referencia a los habitantes de la cordillera de los Apalaches, forman parte de este grupo social cada vez más empobrecido y radicalizado del país.

J.D. Vance cuenta la historia de unos habitantes que se han ido degradando lentamente durante más de cuarenta años y cuyo declive ejemplifica a la perfección su disfuncional familia. De la mano de su violenta abuela, de su madre drogadicta o de su ausente padre, Vance retrata los anhelos, las luchas y conflictos, los valores y la incansable búsqueda de culpables a quienes responsabilizar de su desdicha, de una comunidad olvidada durante años por el sistema y ahora, tras la victoria de Donald Trump, convertida en centro de atención.

El resentimiento, la falta de ambición y una combinación letal de victimismo y pesimismo junto a una devoción por el país, una fervorosa fe en Dios y un desaforado sentido del honor han hecho que los hillbillies posean una tendencia a la violencia física y verbal, al alcoholismo y las drogas, se conformen con vivir de los subsidios del Gobierno y sean despreciados por sus compatriotas de ambas costas del país.


La idea de leer ‘Hillbilly, una elegía rural‘ surgió inmediatamente después de ver la película que ha pretendido adaptar esta historia, disponible en Netflix desde el pasado 24 de noviembre. Descubriendo su sinopsis, leyendo con asombro cada una de las líneas que encontraba en su contraportada, no acertaba a comprender lo que Ron Howard había querido llevar a la gran (pequeña) pantalla. No podía creer que lo que se nos presentaba como un análisis personal de una fuente de primera mano de esa clase trabajadora de Estados Unidos hubiera terminado convertido en un drama familiar flojo que busca la fuerza en los gritos de dos personajes nada naturales. Y no demasiado bien interpretados, por cierto.

Viendo ‘Hillbilly, una elegía rural’ no dejaba de preguntarme por qué todo se sentía tan superficial estando como está basada en una historia real, de personas reales, en unos escenarios reales. Leyendo la obra del protagonista de los hechos, J.D. Vance, que en nuestro país está publicada por la editorial Deusto, he podido dar respuesta a esa pregunta. Si la película de Ron Howard se siente tan superficial es porque ha pasado por alto todos los elementos que la dan sentido, excepto uno. Howard se centra en la familia de Vance para construir su película, pero es que la familia de Vance solo puede explicarse a través de un viaje por esa cordillera de los Apalaches que el director deja completamente de lado. Sin esta explicación, sin este contexto histórico, social, económico y cultural, no puede entenderse el valor de este libro de Vance.


Hillbilly, una elegía rural

Una gran diferencia, y un montón de errores

El autor comienza narrando esa corta vida (tiene 32 años cuando se lanza a la aventura) justificando su decisión de hacerlo. Esa vida es una vida ordinaria, corriente, pero es que un chico como él lo tenía todo en contra para alcanzar esa vida ordinaria. Siente Jackson, un pequeño pueblo de Kentucky, su hogar, su casa, pero es en Middletown, Ohio, donde se ha criado.

En cualquiera de los dos escenarios, la pobreza, las adicciones, la violencia, la falta de oportunidades acechaban su infancia y su futuro. Lo cuenta sin melodrama; lo cuenta como lo que es. Poniendo por delante a grupos muy vulnerables, como la comunidad negra, pero sin dejar por ello de apuntar hacia todas las direcciones en las que su propia comunidad tiene amenazas. J.D. Vance tuvo suerte, o tuvo quien velara por él. Siempre al modo de los hillbillies, los habitantes de esa cordillera de los Apalaches que, sentimos, llegamos a conocer bien en esta narración.

Los hillbillies, su cultura, su historia, las condiciones en las que viven y también la imperturbabilidad de su carácter quedan obviados en la película. Claro que forma parte de los personajes que intenta retratar, incluso se menciona en un par de escenas, pero jamás se muestra como un rasgo distintivo que explica su comportamiento o sus decisiones. Y es distintivo. Es más que distintivo. Lo explica todo.

En este libro se habla de todo lo que puede condicionar al ser humano. De emigración, de pobreza, de falta de recursos, de machismo, de violencia doméstica, de drogadicción, de alcoholismo, de orgullo, de amor, de lucha, de familia. Siempre unido a un escenario. Puede que dejen atrás este lugar, pero nunca dejan de llevarlo consigo. Insisto: lo explica todo. Ese lugar lo explica todo porque en ese lugar han sido educados. Así que explica esa violencia, las malas relaciones, las idas y venidas, la lealtad a la familia y el orgullo por ésta que sobrevuelan la trama de la película. Y que podemos intuir pero que nunca interiorizamos, porque el foco no está puesto sobre todo esto.

No sé en qué pensaban a la hora de colocar ese foco, porque tampoco acierta con los personajes. Desde luego, las dos mujeres (mamaw y Bev, la abuela y madre de Vance respectivamente) son importantes en la vida de Vance, pero no puedo dejar de sentir que si han optado por colocarlas como imagen principal es por el reclamo de las actrices que prestan sus rostros para interpretarlas (Glenn Close y Amy Adams respectivamente). Porque esto es o debería ser el retrato de una familia entera a la sombra de una comunidad, sin protagonistas. De hecho, cuenta Vance, son los hombres Blanton quienes más lo impresionaron en su infancia. De ellos no sabemos nada en la película.


Glenn Close y Amy Adams

La película busca llegar al espectador a través de gritos llenos de dolor y problemas que nacen en la violencia de los personajes. El libro nos explica el por qué de esa violencia. Y no necesitamos de gritos ni golpes de efecto para comprender y para estremecernos llegado el caso. No la justifica, ni la dulcifica, pero no hace un espectáculo de ella. El trabajo de Ron Howard se queda en la anécdota, mientras que J.D. Vance, analítico y (creo) honesto, quiere explicarnos todos los recovecos que debemos conocer para entender. Los porqués de una familia que existe en una comunidad, que forma parte de una comunidad, que no es un caso aislado, ni mucho menos único, aunque tenga sus particularidades.

Mientras que la película de Howard trata de llegar al espectador apostando por la conexión emocional con personajes que están sufriendo, Vance quiere explicarle al lector dónde nace ese sufrimiento. Por qué se extendió en el tiempo, qué consecuencias tiene, cuánta vida le queda y por qué seguirá vivo en esa parte del mundo. Por qué nació, por qué vive. Todo lo que significa, todo lo que conlleva.

Es un trabajo certero y cercano de análisis, de reflexión, sin olvidarse de la parte emocional de la que quiere servirse el director pero apostando siempre por mostrarnos la imagen completa. Porque su familia no puede existir sin esa imagen completa, y eso es algo que, creo, Howard y el equipo de la película no entendió. Si esta historia de este joven ordinario llegó a ser una de las obras más leídas en 2017 en Estados Unidos fue sobre todo porque en menos de 300 páginas retrató un escenario estadounidense, y no tanto porque su historia familiar fuera un drama con posibilidades.


Glenn Close y Owen Asztalos

‘Hillbilly, una elegía rural’, a modo de conclusión

Así que termino el libro y pienso que hay historias que no pueden llevarse a la gran pantalla, al menos no en forma de película. Esta es una de esas historias que nunca debió ser imagen, no de este modo. No reduciéndolo a un drama familiar cualquiera, porque esa familia no es una familia con problemas y punto. Es una familia que pertenece a una comunidad muy concreta, con un carácter arraigado, una historia que sigue pesando y la influencia de un escenario que seguirá condicionándolo mientras las condiciones del mismo no cambien. Jamás llegamos a comprender esto en la película, y sin embargo con qué claridad lo sentimos en las páginas del libro.

La historia de la familia de Vance y de los hillbillies merece mucho más que lo que he encontrado en la película de Ron Howard. Merece una visión más amplia, una mayor comprensión, más serenidad. No merece el melodrama facilón por el que apuesta. Merece la observación sin prejuicios, sin tapujos, analítica, precisa y honesta que encontramos en las páginas escritas por J.D. Vance. Así que mi consejo es el siguiente: si creéis que esta historia puede interesaros, leed el libro. Es un ensayo, no es un drama, no es una novela, no es una historia de ficción. Es una realidad. Y merece la pena.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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