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‘Interstellar’: ciencia y corazón

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La razón por la que siempre ando diciendo que ‘Interstellar‘ es mi película favorita de Christopher Nolan, incluso aunque no me sienta del todo cómoda con esta afirmación, es un poco lo que es esta película. Me sale del corazón decirlo. De verdad, me sale así. Veo ‘Interstellar’, y simplemente lo siento. Termino y digo: pues ya está, es mi favorita. Y además puedo explicarlo también desde la razón porque, quiero decir, las razones para elegirla están ahí, desfilando orgullosas, sabiéndose mejores. Después pienso en ‘Origen’, y se me pasa un poco la determinación con la que la señalo. Pero nunca, tampoco, consigo señalar otra por encima. Así que supongo que sí: es mi favorita.

Creo que Christopher Nolan hizo algo fantástico en ‘Interstellar’. Nos mantiene durante casi tres horas pegados a una pantalla mientras nos cuenta una historia que se mueve entre lo científico y lo puramente emocional. La ciencia, de hecho, tiene tanto peso como todo lo demás, como la historia misma. Y los debates, los análisis y las conversaciones se han quedado fundamentalmente en este primer elemento (no puedo culpar a nadie por esto), pero yo, que soy también puramente emocional, valoro mucho lo que se consigue en este sentido. El principio, el camino, el final, el círculo. Con Nolan solemos movernos en círculos. En ‘Interstellar’, creo, habita el más grande de todos los que ha creado hasta ahora.


Interstellar (2014)

Un resumen de ‘Interstellar’

La vida en la Tierra se ha complicado. Desde hace años, varias plagas impiden que la cosecha de alimentos prospere, y también complica la salud misma de la humanidad. Cooper (Matthew McConaughey) es un ex-piloto reconvertido en granjero; sus servicios han dejado, hace tiempo, de ser requeridos en el espacio, pues el ser humano ha renunciado a toda exploración, a todo avance, y se limita a sobrevivir. Este granjero vive con sus dos hijos y su suegro en Estados Unidos, dirigiendo uno de los pocos campos de trigo que quedan activos. Hasta que un día, después de una serie de extraños acontecimientos, descubre que la NASA sigue operando, investigando, y que está a punto de llevar a cabo su misión más importante: encontrar otro planeta para la humanidad, pues la Tierra se muere para ellos.

Reclamado por el Doctor Brand (Michael Caine), Cooper se une a una expedición por el espacio junto a la hija de este, Amelia Brand (Anne Hathaway) y otros dos científicos. Buscan un nuevo planeta que pueda acoger vida, siguiendo la estela de una antigua expedición de doce hombres y mujeres que ya se aventuraron, hace años, a explorar el universo. Les han perdido la pista, y todo lo que saben es que deben aprovechar un agujero de gusano para llegar más lejos de lo que Cooper podría haber soñado jamás.

Más o menos. ‘Interstellar’ es una película de ciencia ficción que nos invita a recorrer el espacio como pocas veces antes hemos podido hacerlo. Nos introduce en agujeros de gusano, en agujeros negros, en otros planetas, en paradojas temporales, en dimensiones que nos resultan extrañas. Nos lleva de paseo por el universo. Es también una película distópica, pues nuestro propio planeta es diferente al que conocemos; es peor, es un futuro que se acaba. Y es también un drama, porque Cooper, para llevar a cabo esta misión y también para cumplir sus sueños, debe dejar atrás a su familia. A su hija Murph, con quien le une un vínculo especial, y a quien no sabe cuándo volverá a ver. No sabe cuánto tiempo pasará lejos de casa, si es que alguna vez puede volver.


Interstellar (2014)

¿Por qué funciona?

Creo que ‘Interstellar’ funciona desde la propia propuesta. Esta película tiene como base un trabajo científico de Kip Thorne, un reputado físico que actuó como productor ejecutivo y también como consultor. En más de una ocasión, Nolan ha alabado la manera en que la que trabajó con Thorne, que nunca dejó de reunirse con otros científicos para debatir los aspectos imposibles de la película, que terminaban siendo posibles. Así, entre unos y otros, desarrollaron una película que está estrictamente basada en la ciencia, en las realidades que conocemos como posibles, aunque todavía no estén entre nosotros. En la tecnología que tenemos hoy en día a nuestro alcance y, en general, en lo que sabemos, aunque todavía no lo hayamos llevado a la práctica. ‘Interstellar’ lo hace. Lo lleva a la práctica.

Se ha hablado también, a lo largo de todos estos años, de algunas licencias, que no son otra cosa que suposiciones y sospechas basadas, en cualquier caso, en trabajos científicos y teóricos que no están comprobados pero que podrían igualmente ser una realidad. Es decir: ‘Interstellar’ es una historia que parte de la ciencia y que se debe a la ciencia, y Thorne ha sido siempre taxativo en este punto. La ciencia es el esqueleto de ‘Interstellar’. Esta película no iba a contener ningún elemento que no estuviera sujeto a ésta.

Para alcanzar el nivel de conocimiento que requería esta cinta, Jonathan Nolan, el hermano, el responsable del primer guion, se pasó cuatro años especializándose en Relatividad y estudiando otros campos científicos. Cuando Christopher se unió al proyecto, que en principio estaba pensado, por cierto, para ser tomado por Steven Spielberg, cambió la primera versión y decidió que ‘Interstellar’ se desarrollaría más en el espacio que en la Tierra. Más en lo práctico que en lo teórico. Se decantó así por la espectacularidad de las luces, las velocidades, el vacío y lo que no conocemos.

‘Interstellar’ funciona, en primer lugar y por tanto, porque nos invita a explorar escenarios y posibilidades que nos suenan, que conocemos, pero que no tenemos explorados ni explotados. Que no sentimos cerca, que sólo podemos conocer y comprender a través de las imágenes del cine, que en este caso es un cine preciso. No voy a decir divulgativo pero, en fin, está enteramente apoyado en la ciencia, y llega con facilidad a nosotros. Nos acerca de manera fascinante a ese universo que nos resulta abrumador, inalcanzable. Nos hace sentirnos parte de este viaje, nos metemos en este viaje. Y nos creemos lo que estamos viendo, que es también muy importante. Por todo esto funciona. Porque es ciencia ficción de la buena; de la que podemos creernos, y en la que uno quiere participar.

Y también funciona porque es un drama. Porque Cooper, el personaje de Matthew McConaughey, tiene una familia que tiene que dejar atrás. Mucho antes de que la aventura comience, Nolan dedica varias escenas a mostrarnos la buena relación que existe en esa familia, el amor que les une, las conexiones especiales y todo aquello que después lamentaremos que pierda. Lo digo siempre: yo con ‘Interstellar’ me dedico a llorar. Lloro mucho. Soy bastante llorona, soy emoción pura, así que tampoco me sorprende, pero creo además que ese drama que me hace ser quien soy está muy bien construido y desarrollado. Comprende las escenas necesarias, las escenas precisas, para hacernos sentir que formamos parte de las lágrimas de esa familia.

Porque ‘Interstellar’ nos habla de ciencia, pero también nos habla de familia y nos habla del amor. Hay un diálogo concreto, justo cuando alcanzamos el ecuador de la película, que justifica bastante bien que dedique tantas palabras a hablar de la emoción. Porque Nolan no quería, con ‘Interstellar’, construir sólo una película de ciencia ficción. Porque este cineasta sabe que la mejor manera de llegar al gran público es aprovechando la emoción, teniéndola siempre como base y como justificación de las acciones de los personajes. Así que nos habla de familia, y nos habla del amor, que lo justifica todo. Y lo hace, en esa escena concreta, así:

« Escúchame cuando te digo que el amor no es algo que hayamos inventado. Es observable, poderoso. Tiene que significar algo … Amamos a personas que han muerto. ¿Qué utilidad social tiene eso? A lo mejor significa algo más. Algo que no alcanzamos a comprender todavía. A lo mejor se trata de una prueba, de un artefacto de una dimensión superior que no percibimos conscientemente. Estoy cruzando el universo por alguien a quien no he visto en una década y que probablemente esté muerto. El amor es lo único que somos capaces de percibir que trasciende las dimensiones del tiempo y del espacio. A lo mejor deberíamos creer en eso, aunque aún no alcancemos a entenderlo »

Y asentimos. En una película de ciencia ficción, en una película apoyada y basada en la ciencia, asentimos cuando nos hablan de esa realidad intangible que es el amor. Algo que no podemos entender, que no podemos estudiar, que trasciende cualquier apartado científico y que tal vez sea, al final, más poderoso que las teorías y que los datos y que todos los agujeros de gusano del mundo. Es fantástico. Y es fantástico que no sea esto lo que me hace derramar lágrimas, sino lo anterior: la familia. La familia también lo justifica todo en esta película; la familia recorre todo el círculo. Empezamos y terminamos ahí.

Perseguimos, además, un misterio. Desde el principio también, aunque el foco no esté puesto en ello. Tenemos, más bien, unas pinceladas. Las tenemos de vez en cuando, para que no nos olvidemos de que está ahí, porque es lo que termina definiendo, explicando y solucionando todo. El fantasma del que habla Murph, el ellos del que hablan en la NASA, que son unos entes que no conocemos y que parecen estar detrás de todas las preguntas que nos hacemos. Porque en ciertos momentos sentimos que lo que sucede en ‘Interstellar’ es solo una cadena de acontecimientos perpetuada por alguien superior. Esto también es fantástico, porque no dejamos de perseguir esta sospecha, y por el camino vamos disfrutando de todo lo anterior, y respondiendo a otras preguntas. Hasta que llegamos al final, que no es otra cosa que un punto en el círculo.

En fin: ‘Interstellar’ tiene mucho de todo, sin quedarse en la superficie de nada. Es ciencia pura, y ciencia ficción. También drama, distopía, misterio. ‘Interstellar’ tiene mucha vida, y aunque es menos emocionante que las anteriores en varios sentidos -menos acción, más pausa-, tiene otro tipo de atractivo. Es otro tipo de película, pero sigue siendo una película de Nolan.


Interstellar (2014)

Lo que vemos de Christopher Nolan en ‘Interstellar’

Se habla de Chistopher Nolan como un director visionario, y todo lo demás. Estoy bastante de acuerdo con todos los adjetivos que elogian su trabajo y que se colocan antes y después de su nombre; de hecho, por eso estoy aquí, haciendo este repaso a su filmografía antes de ‘Tenet’. No me gusta, sin embargo, que nos olvidemos con tanta facilidad de que su hermano Jonathan le acompaña en la mayoría de sus proyectos. Jonathan Nolan, lo ha demostrado en ‘Westworld’, tiene en su cabeza muchas de las ideas que Christopher termina de concretar. Sucedió con ‘Memento’, también sucede con ‘Interstellar’, que era de su hermano antes de ser suya. El asunto con Christopher es que es más que un escritor: es un cineasta puro. Trabaja con imágenes. Sabe cómo contar las historias. Y se nota. También aquí.

Los elementos con los que trabaja siempre están. Juega con nuestras fascinación, que creo que es su principal arma. En ‘Interstellar’, nos coloca cerca elementos que nos fascinan pero que, como ya he dicho, no están a nuestro alcance. Así que accedemos a ellos como espectadores, y Nolan tiene mucha facilidad y mucho buen gusto a la hora de darnos acceso a todo esto. A escenarios imposibles que transforma en posibles. Como en ‘Origen’, que jugaba con los sueños y con la posibilidad de éstos, confundiéndonos pero también emocionándonos, porque conocíamos aquello de lo que estaba hablando y creaba una historia imposible pero posible a partir de esto. Sucede algo parecido con ‘Interstellar’, pero en el espacio y con más ciencia que fantasía.

Las imágenes espectaculares en ‘Interstellar’ también tienen más que ver con lo primero que con lo segundo; en ‘Origen’ construíamos mundos imposibles, en ‘Interstellar’ nos parecen imposibles porque nos son desconocidos, pero nunca deja de haber una realidad en ellos. En cualquier caso: imágenes espectaculares, que impresionan, por su magnitud y por su trascendencia.

Hablamos del círculo. Como digo, con Nolan siempre nos movemos en círculos. El principio es el final, el final es el principio, o ambos lugares están conectados de alguna manera, afectando el recorrido completo, aunque sólo lo entendamos o descubramos en el tiempo que nos marca el director. En ‘Interstellar’, sí, lo vuelve a hacer. Y tengo que destacar la manera en la que juega también con los espacios, con los escenarios, conectándolos. Abandonamos la Tierra, marchamos al espacio, y no volvemos a ésta hasta bien avanzada la película. Poco a poco, conecta ambos tiempos, ambos escenarios. Y no nos resulta forzado volver de pronto; tampoco nos resulta forzada la conexión que comprendemos cuando nos permite hacerlo.

Y otra vez asistimos a la construcción de unos personajes con alma, con deseos individuales, con objetivos, con una base emocional de la que partir y con la que quedarnos durante toda la película. En esta ocasión, perseguimos el deseo de Cooper de salvar la humanidad, para salvar a su familia y volver a su lado. Es su principal motivación. Carga a sus espaldas con hechos dolorosos, como también viene siendo habitual en el cine de Nolan, que siempre añade esta sensibilidad, este desconsuelo, a todos sus protagonistas.

Por último: juega también con el tiempo. El tic-tac, tic-tac, tic-tac del reloj que nos obsesionó en ‘Dunkirk’, está también aquí. En menor medida, con menos relevancia, pero está. Y con ese tic-tac me quedo, para seguir avanzando. Me toca la guerra.

Ciencia y corazón

Y mucho más. ‘Interstellar’ me gusta tanto, y he llegado a la conclusión escribiendo estas líneas, porque la siento con una vida propia, completa, redonda. Porque siento que todo lo que puede existir está en esta película. La introspección, la persecución de nuestras ambiciones y también de nuestras convicciones, la pérdida, el miedo, el amor, la familia, las posibilidades. El pasado, el presente, el futuro, como un todo que funciona, precisamente, como un todo. Como una quinta dimensión que podemos abordar como si fueran puertas que abrimos a placer, a elección. Está todo aquí.

Está Christopher Nolan aquí. También está Jonathan Nolan, y Kip Thorne, y todo el equipo de la película y todo el equipo de científicos que hicieron posible y real, cada uno en su papel, que ‘Interstellar’ existiera. Da la sensación, siempre, con cada visionado, de que es un trabajo de años. ¿Mi favorita? Seguramente. Por la ciencia y por el corazón.


Interstellar (2014)
Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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