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‘La sociedad literaria y el pastel de piel de patata’, y el poder del cine

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Con ‘La sociedad literaria y el pastel de piel de patata‘ he seguido un patrón similar al que seguí con ‘Todos lo saben‘; se estrenaron en tiempos parecidos, así que tal vez tiene más que ver con el estado en que me encontraba yo como espectadora que con las películas en sí. En cualquier caso: el primer visionado no terminó de convencerme. Recuerdo salir de un pase de prensa con impresiones raras; ni siquiera puedo calificarlas de mejor manera. Y de pronto…

Un día, y otro día, y otro día me descubría pensando en la película en cuestión. Me planteé leer la novela en la que está basada, escrita por Annie Barrows y Mary Ann Shaffer. Un día tras otro, un día tras otro. Al final, cuando tuve oportunidad, volví a verla. Y así, un día tras otro, un día tras otro, ha terminado por convertirse en una de mis películas comodín; ya sabéis, una de esas películas que te pones cuando te apetece ver algo pero no te apetece en realidad ver nada. Lo que te apetece, o lo que me apetece a mí en esos días, es volver a lugares que conozco y que me reconfortan. Y el Guersney de ‘La sociedad literaria y el pastel de piel de patata’ es uno de esos lugares.

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata (2)

Sobre ‘La sociedad literaria y el pastel de piel de patata’

La Segunda Guerra Mundial ha terminado, y estamos en Londres. Juliet Ashton (Lily James) es una escritora de éxito, aunque no en un ámbito en el que pueda sentirse plenamente satisfecha. La literatura ocupa un lugar muy importante en su vida, pero todavía no el lugar correcto; también ha conocido a un hombre con el que podría pasar el resto de su vida, y pronto entendemos que no termina de superar los horrores de la guerra ni las pérdidas sufridas.

Tras una cadena de acontecimientos fortuitos, un libro que le pertenecía termina en la isla olvidada de Guersney, especialmente azotada por la guerra, y donde un grupo de personas encontraron muchas y diferentes maneras de sobrevivir. Dawsey Adams (Michiel Huisman), uno de los habitantes de Guersney, uno de los fundadores de la sociedad literaria en la que han sobrevivido, comienza a cartearse con Juliet, hasta que la curiosidad de la escritora por el lugar puede más y decide visitarlos. Y aquí empieza todo.

Protagonizada por Lily James, Michiel Huisman, Eben Ramsey, Katherine Parkinson y Penelope Wilton, ‘La sociedad literaria y el pastel de piel de patata’ es una película muy british que reúne y disecciona con buen gusto muchos y muy diferentes asuntos. Dirige Mike Newell (‘Grandes esperanzas’, 2012) mientras que Thomas Bezucha y Don Roos hicieron un trabajo muy correcto en el guion, adaptando con acierto la obra literaria de las autoras.

‘La sociedad literaria y el pastel de piel de patata’ se construye y se desarrolla planeando sobre asuntos muy humanos, y muy universales. Sobre esos horrores de la guerra, sobre la incomprensión de algunos combatientes, sobre el miedo de la población, pero también sobre la valentía, la fuerza, el coraje y la decisión. Y sobre la seguridad de estar viviendo de manera correcta. Sobre el compañerismo, la compañía y las familias que nacen en lugares inesperados. Por supuesto, sobre el amor. También sobre el valor de las segundas oportunidades; el valor de todas las segundas oportunidades que queramos concedernos a nosotros mismos para alcanzar la vida que queremos vivir.

Sobre el poder del cine

Como digo, ‘La sociedad literaria y el pastel de piel de patata’ se ha convertido en una de mis películas comodín. Me gusta revisitarla, me gusta pasear por esas playas que ya conozco y reencontrarme por personajes que tienen mucha vida; no es nada fácil dotar de tanta vida a tantos personajes, porque son muchos, en una película de dos horas. No es nada fácil, y lo valoro mucho, porque se han convertido en uno de esos hogares cinéfilos a los que recurrir cuando lo necesitas. Precisamente, de eso va un poco la película: de encontrar un hogar y quedarte.

‘La sociedad literaria y el pastel de piel de patata’ es un buen ejemplo del poder evocador que tiene el cine, porque de alguna manera me veo a mí misma en esta película, persiguiendo intuiciones y curiosidades, y al mismo tiempo disfruto mucho viendo con plena conciencia cómo es la vida de otros. Cómo fue la vida antaño en ese lugar que parece remoto, pero que tenemos aquí al lado. Y se aprovecha mucho de esa tendencia a valorar la vida lejos de las ciudades, que siempre ha funcionado muy bien en el cine por culpa de personas como yo, que viven en ciudad pero sueñan con Guernsey.

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata

‘La sociedad literaria y el pastel de piel de patata’ no es sólo una buena historia, es también colores claros, colores pastel, cielos nublados y tranquilidad, paseos por la playa y una vida sin prisas, alejada del (mundanal) ruido y atendiendo a lo que de verdad importa. Todo esto veo yo. Si os apetece entregaros a estas sensaciones, ‘La sociedad literaria y el pastel de piel de patata’ es una buena propuesta para ello.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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