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Libro vs. Película: ‘El silencio de la ciudad blanca’

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Leyendo por segunda vez ‘El silencio de la ciudad blanca‘, unos días antes de tener oportunidad de asistir a la proyección de su versión cinematográfica, pensé que el libro de Eva García Sáenz de Urturi es uno de esos libros que pueden adaptarse a la gran pantalla, y que pueden adaptarse bien. Es directo, proyecta imágenes muy claras, cuenta con muchas pequeñas historias que enriquecen la trama principal y sus protagonistas, por una u otra razón, son magnéticos. Trasladar todo esto a la gran pantalla no es tarea fácil, desde luego, pero había potencial. Y creo que al final todos nos hemos quedado a medio camino entre lo que pudo ser y lo que es.

Asumo que todo el que se encuentra frente a estas líneas ha leído la novela, así que hablaré sin cuidarme de spoilers, no sin antes recordar que la película es diferente en ciertos aspectos, para mí importantes, al libro, así que: si queréis vivir una experiencia plena en el cine, será mejor que lo dejéis aquí.

Volviendo a leer el libro (en dos días, porque ese es su poder) ya escuchaba la voz de Javier Rey en Unai, veía a Aura Garrido, también a Belén Rueda, y pensaba que estamos ante uno de los repartos más acertados que recuerdo, añadiendo además a Manolo Solo y Álex Brendemühl, a quienes también veo en sus respectivos personajes (Mario Santos y los gemelos). Esto pintaba bien. Y entré en la sala de cine consciente de algo que todos debemos tener presente cuando vemos adaptaciones: no van a ser iguales que el libro. Faltarán personajes, escenas y diálogos con los que quizá nos llevemos las manos a la cabeza, porque los lectores somos un poco así, pero lo más importante en una adaptación es que la esencia de la historia se mantenga.

Creo que en este caso no se ha mantenido por completo. ‘El silencio de la ciudad blanca‘ es un libro que devoras en dos días, incluso habiéndolo leído antes, porque está planteado y desarrollado de tal manera que siempre quieres saber más, porque no sabes nada, porque cuando empiezas a saber te equivocas, porque intuyes que viene un detalle más que puede completar una historia misteriosa, llena de enigmas y de preguntas por responder. Por el camino, disfrutas del folclore que introduce la autora, ¡disfrutas muchísimo!, y te dejas atrapar por esos personajes rotos, solos, con mil vidas por vivir que parece que no llegan a vivir nunca. De estos dos últimos aspectos hablaré más adelante, por el momento me quedo con el primero: la intriga. La intriga se pierde cuando apenas llevamos media hora de película, pues el responsable de los crímenes que asolan Vitoria es revelado al espectador. Rostro, identidad y un comportamiento siniestro en adelante; nada que ver con el libro, en el que a veinte páginas del final no sabrías aún ponerle nombre.

El resto de la película es una persecución en la que el espectador ya conoce el rostro del perseguido. Me decía Daniel Calparsoro, director de la película, que fue el equipo de guion quien tomó esta decisión, y que él estuvo de acuerdo porque interesa más conocer el porqué que conocer el quién. Normalmente estaría de acuerdo con esta afirmación, pero en este caso no puedo estarlo. No cuando en mi primera lectura estuve horas desquiciada intentando averiguar el quién, y he lamentado mucho que el espectador que no ha leído el libro no pueda jugar a este mismo juego. Así que creo que parte de la esencia se pierde: se pierde el misterio, la confusión, las mil posibilidades, las equivocaciones, las sorpresas y el esfuerzo por saber, del espectador en este caso.

Para conocer las motivaciones del asesino tenemos que conocer el pasado de su pasado. Es decir: nos tenemos que remontar a un momento en que el asesino ni siquiera había nacido. En el libro, esto es tan sencillo como ya sabéis: la autora intercala pasajes del pasado y del presente, y el comienzo de uno y otro se marca con los propios capítulos. Fue una de las complicaciones que, pensando en la adaptación, encontré en esta última lectura. Finalmente, en la película se resuelve con un par de flashbacks al pasado de no demasiada duración con los que se pierde parte de la historia, así que creo que el espectador no llegará a empatizar del todo con ella. Y es importante empatizar con ella.

Otra de las novedades narrativas está en la voz que nos sirve de guía: en el libro, salvo cuando nos remontamos al pasado, tenemos a Unai. Estamos en sus pensamientos y vivimos las acciones a través de sus ojos. La película, sin embargo, ha optado por abrirse a más personajes y mostrarnos escenas al margen del protagonista, de tal manera que nos acercamos a Esti, Alba o Mario incluso cuando no están a su lado.

Lo que ha hecho que ‘El silencio de la ciudad blanca‘ sea uno de los libros más vendidos de España en los últimos años no es solo una buena historia de intriga, desde luego. Importan muchas otras cosas, como estos personajes. Unai, Esti, Alba, Tasio e Ignacio. Los conflictos personales, los demonios, los miedos y la intimidad de los tres primeros están reflejados en la película; aunque nos quedamos en una superficie con ellos, no me pareció insuficiente. Vemos lo esencial de su dolor y si bien cambiaría aspectos de su presentación, creo que al menos está reflejado y que los buenos intérpretes se encargan de transmitirlo. No vemos las muchas aristas que tienen estos complejos personajes, pero en poco más de una hora y media de duración esto era muy complicado.

Sí creo que se ha cometido otro error con Tasio e Ignacio. Este otro juego, el de los gemelos, es una de las armas del libro para retenernos en sus páginas. No sabes qué hacer con ellos: te gustan de alguna manera pero también te producen rechazo, te generan interés pero son demasiado inquietantes, y no te fías, y no sabes quién miente a quién, no sabes si son culpables, si uno se la ha jugado al otro o si son los dos quienes se la están jugando a todos. ¿Son culpables? Por momentos lo parecen, pero no terminas de creerlo. Esti lo cree, ¿lo crees tú también? ¿Por qué lo cree Esti? ¿Por qué no lo cree Unai? En fin, el juego de los gemelos y las decenas de interrogantes que los acompañan. Esto no está en la película. Tasio e Ignacio pasan lamentablemente a un segundo plano, supongo que porque había que dedicarle más tiempo en pantalla al culpable.

Voy a decir su nombre; salid corriendo si no queréis leerlo. Mario Santos es el culpable. Ya he dicho que me parece un error que su rostro y su identidad (aunque no la verdadera) se desvelen de forma prematura y nos priven del juego de la investigación, y me parece igualmente erróneo que se haya optado por convertirle en el malo malísimo a ojos de toda Vitoria. Se mueve por sus calles, también cuando comete los asesinatos, con una gorra para no ser reconocido y una actitud de culpable que no tiene nada que ver con un personaje tranquilo y discreto que ha podido vivir treinta años cometiendo y callando crímenes atroces, y que no tiene nada que ver con el libro. Su personalidad está trastocada por completo, y esto es un error, porque la sorpresa con Mario venía dada, entre otras cosas, porque era casi un amigo para Unai. Los descuidos que vemos en la película por su parte sirven a la acción que hay en ésta, pero restan cierta credibilidad y esa atracción que podemos llegar a sentir por un asesino inhumano pero inteligente, calculador y cuya razón última es tan humana como lo somos todos.

Esta humanidad y las relaciones que guardan entre todos los personajes son otro de los pilares de la historia. Y las relaciones más importantes están (Unai-Esti, Unai-Blanca, Tasio-Ignacio), aunque no haya tiempo para profundizar en ellas. He echado particularmente en falta el desarrollo del conflicto de Unai con Eneko, el Eguzkilore, porque creo que dice mucho de todos los personajes involucrados. Y he echado de más el grado de violencia por el que se decantan desde el equipo creativo.

Por último: Vitoria, el folclore, la historia. En el libro, por momentos nos movemos en un terreno casi sobrenatural con tanto misterio, tantas historias que se remontan a un pasado tan remoto y esos paisajes vascos que no pueden compararse con nada (si acaso, con sus otros vecinos del Norte). Daniel Calparsoro nos envuelve en una estética parecida a la que tenemos en el libro, y se respeta la mayoría de los elementos históricos de éste, pero el ritmo frenético de la narración y de la acción impide que nos detengamos en esos detalles enriquecedores de los que hablaba antes, y que no haya demasiado tiempo para la reflexión.

¿Es ‘El silencio de la ciudad blanca’ una buena adaptación? Creo que la película puede funcionar como thriller de acción, pero no he reconocido en ella la experiencia que viví leyendo el libro.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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1 Comment

  1. Totalmente de acuerdo en todo. Gracias por este gran análisis y reflexión.

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