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‘Merlí’: sobre la Filosofía y la vida

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Este artículo no contiene spoilers de ‘Merlí’.

La Filosofía nunca fue lo mío. No me gustaba y no se me daba bien. Recuerdo que, en Bachillerato, mi mejor amiga me dejaba todos sus resúmenes para que yo me los aprendiera de memoria y los vomitara sobre el folio en los exámenes. Lo sé, sé que no se trataba de eso, que tendría que haber entendido los pensamientos de los diferentes autores y, a partir de ahí, haber elaborado un texto coherente. Pero, más allá de Platón, eso era una tarea imposible para mí. También sé que lo fácil sería echar la culpa a mi profesor, pero lo cierto es que explicaba bien y, a su manera, se preocupaba por nosotros. Simplemente, no consiguió despertar interés por su materia en mí. Años más tarde, lo haría una serie: ‘Merlí’.

Sí, también tengo claro que esto es típico, tópico, cliché y todos los sinónimos que se puedan utilizar. Pero no por ello deja de ser cierto. Empecé a ver ‘Merlí’ cuando ya se habían emitido sus dos primeras temporadas. Y lo hice empujada por muchos de mis amigos, que la recomendaban incansablemente. Twitter también hizo mucho, con sus constantes comentarios acerca de un profesor de Filosofía que estaba logrando que chavales de toda España se enamoraran de la asignatura. Un logro que, teniendo medianamente recientes mis años de instituto en aquel momento, me parecía casi inalcanzable.

No tardé en comprender por qué lo había conseguido, cómo lo había hecho. ‘Merlí’ serie y Merlí personaje nos acercan esa densa materia utilizando la vida para ello. Viajan al pasado, claro, para rescatar a todos esos autores que hemos tenido que estudiar y para recordar su pensamiento, pero siempre desde una perspectiva presente. Y joven. Porque parten de los dilemas a los que se enfrentan los más jóvenes día tras día, de sus preocupaciones, de sus miedos y de sus deseos. Y así afrontan la Filosofía de manera cercana, entendible y útil.

Nos invitan a filosofar, a pensar y a reflexionar a partir de lo que ya dejaron escrito otros hace siglos o hace años. No se trata de aprender y ya está. Se trata de ser parte de la Filosofía y de permitir que la Filosofía sea parte de nosotros. Así lo consiguió ‘Merlí’, y ese es su primer gran logro.

De la vida


Merlí

Otra de las razones por las que la serie se ganó rápidamente al público, principalmente al joven, fue la representación de estas generaciones. Es posible que muchas de las situaciones que se nos presentan en ella no se correspondan con nuestra adolescencia, efectivamente. Porque no todos la vivimos de la misma manera. Pero los problemas a los que se enfrentan los alumnos, los sentimientos que albergan, los miedos que les dominan, las preguntas a las que no saben responder y los obstáculos que deben superar son universales. Los conocemos y, en algunos casos, los hemos vivido en primera persona. Encontramos en esa serie lo que vemos en los pasillos del instituto o lo que escondemos entre las cuatro paredes de nuestra habitación. Y, lo que es mejor, comprendemos que está representado con respeto hacia unas generaciones cuyos problemas se suelen ver menospreciados por los adultos.

‘Merlí’ acoge la diversidad y la desarrolla, profundiza en ella. Permitiendo así que todos tengamos un hueco en la serie. Jóvenes y no tan jóvenes. Porque esto no sólo va de edades, va de la vida. Y esa no nos es ajena a ninguno. No sé si antes de disfrutar de la ficción de TV3 había encontrado otra que recogiera tan bien la vida, su esencia y los diferentes caminos que recorremos. Seguramente sí, claro, pero ninguna ha llegado a marcarme como lo ha hecho esta. Con sus virtudes y sus defectos, porque nadie es perfecto. Pero sobre todo con su autenticidad, con la fuerza de sus personajes y con los mensajes que comparte capítulo a capítulo.

Con ‘Merlí’ se pasa bien y se pasa mal. Se llora, se ríe, se baila, se grita. Pero también se aprende mucho y se descubre otro tanto. Diría que no hay episodio que se cierre sin un aprendizaje o un recordatorio de valor. Es como si, de manera agradable y mucho más actual, Pepito Grillo nos contara diferentes historias acompañadas de una enseñanza. A veces camuflada y a veces directa. Muchas a través de los magníficos, potentes y emocionantes discursos de Merlí. Y otras tantas a través de los errores y los aciertos de sus alumnos, que, en parte, somos nosotros mismos.

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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