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Olivia (‘Madres’) y la importancia de saberse querido

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Este artículo puede contener spoilers de la primera temporada de ‘Madres’. 

La conocemos como una médico aparentemente poco empática. Como una mujer brusca, directa y algo antipática. También como una compañera no demasiado buena. Y como una persona, ante todo, enfadada. Pero Olivia no tarda demasiado en quitarse las muchas capas de hormigón que ha ido construyendo en torno a sí misma durante toda su vida. Generalmente, tendemos a crearnos estos escudos cuando lo que nos llega desde fuera es demasiado dañino como para soportarlo. Cuando no recibimos lo que, en teoría, deberíamos recibir desde pequeños: amor, cariño y comprensión. La ausencia de estos elementos básicos en cualquier etapa de la vida, moldean a la persona y, sobre todo, la obligan a dejar de esperarlos. 

En ese mundo sin cariño es donde vive Olivia desde que tiene uso de razón. O, quizá mejor dicho, desde que su padre murió. No sabemos demasiado de él, pero la nostalgia y el cariño con el que se refiere a él dejan claro que fue en su figura donde encontró todo lo que necesitaba. Su madre, por el contrario, nunca la sintió como una hija. Sí como una responsabilidad, como un peso, pero no como parte de sí misma. No como un ser al que debía cuidar, proteger y construir. A través de los relatos de la propia Olivia, entiendo que también la veía como una persona inferior, a la que dio por perdida en cierto momento. Una carga de la que no se podía deshacer, pero a la que sólo le ofrecía las facilidades del dinero. 

Esa ausencia total de la figura materna que quiere a su hija y que se preocupa por ella ha generado en Olivia un tremendo miedo al amor. Imagino que por no sentirse merecedora del mismo. Y también porque es un sentimiento totalmente desconocido para ella. Fue ese miedo, también al compromiso, lo que provocó su ruptura con David. Y lo que la convirtió en una persona tan distante y tan fría por fuera, pero tan rota y tan cargada de ira y de necesidad por dentro. 

La Olivia que se muestra

Madres

Implacable e impenetrable. Como los muros que la rodean. Olivia se muestra al mundo como una mujer segura y una médico implicada en su trabajo, pero no cercana a sus pacientes ni a sus familiares. No sabe comunicar con tacto, porque ese tacto y esa empatía nunca han existido en su entorno, especialmente desde que perdió a su padre. Da una imagen fría de sí misma, distante, incluso por momentos alejada de la realidad de las familias con las que trata. Siempre ofreciendo el mejor servicio médico, pero aparentemente sin rastro del humano. 

Durante la primera temporada de ‘Madres’, vemos que entre sus compañeros su fama no es mejor. Como médico sí, por supuesto. Es en su trabajo donde se refugia y donde más se implica, aunque lo haga de una manera diferente al resto. Pero como compañera… Huye de las posibles amistades y relaciones personales, salvo en el caso de Paula, con la que puede mostrarse tal y como es. Es dura cuando tiene que serlo con otros médicos, enfermeras o auxiliares. Y si tiene que pisarles en pos de hacer un mejor trabajo, lo hace. Sabe que es buena y se lo hace ver al mundo. 

La Olivia que es

Madres - Aida Folch

Pero esa no es Olivia. Por mucho que se empeñe en serlo, para evitar el dolor que ha sentido con tanta intensidad durante tanto tiempo. Olivia es una mujer segura en su trabajo, sí. Pero cuando se queda sola, se hace pequeñita. Porque, pese a que se ha acostumbrado a vivir sin él, necesita el amor que siempre le ha faltado. Por eso busca a su madre biológica y por eso se implica en su relación con ella, aunque también ahí se tope con su gran conocido: el rechazo. También se implica porque, aunque se muestre al mundo de otra manera, lo cierto es que no puede evitarlo. Detrás de los muros hay una mujer que se preocupa por los demás, capaz de arriesgarlo todo por ayudar al resto y que empatiza mucho más de lo que ella misma reconoce. 

No se enamoró de Simón nada más conocerlo y por eso, como en los clásicos repletos de clichés, le consiguió un trabajo en el hospital. Es evidente que se sintió atraída por él. Pero lo que la empujó a actuar como lo hizo fue la empatía y la comprensión. Fue la situación de esa familia la que provocó su decisión y su actuación, no un impulso romántico que, más tarde, sí encontramos en ella. También es la empatía la que genera una implicación extra en el caso de Elsa, a la que comprende a través de la experiencia. O la que le permite sentarse a hablar con madres como Marian, que se encuentran en las antípodas de lo que ella ha conocido en su infancia. 

Esa es Olivia, la que se entrega a los demás y la que se guarda todo lo malo para sí misma. La que odia los abrazos, pero los necesita tanto que se derrumba cuando llegan, a través de una maravillosa Aida Folch. La que pide a gritos (silenciosos) el amor que siempre le ha faltado y la que, ahora sí, está dispuesta a entregarlo. Olivia es la que se implica con su trabajo y con sus pacientes, aunque nadie le haya enseñado a comunicarlo. La que lo arriesga todo para ayudar a quien lo merece, pero sin que nadie se de cuenta. La que se oculta detrás de unos muros que la ausencia de cariño construyó por ella.

Olivia es una mujer entregada y que tiene mucho que dar. Puede que hasta ahora no haya sido consciente de ello. Es más que probable que el miedo al dolor haya ocultado sus verdaderos deseos. Pero ahora sabe que quiere querer. Y querer bien

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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