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Boromir: la humanidad en ‘El Señor de los Anillos’

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Por dónde empezar a hablar de Boromir, con todo lo que hay que decir. Supongo que por dejar claro que me limitaré a la versión cinematográfica de Peter Jackson a la hora de hablar de este complejo personaje, que poco a poco se ha ido convirtiendo en uno de los favoritos del público. Entiendo que porque, poco a poco, con el paso de los años y los visionados, hemos ido comprendiendo su figura y su papel en esta historia, que puede ser pequeña si lo medimos con el conjunto, pero que es muy significativa.

Hace tiempo que veo en Boromir una humanidad que no encuentro en ningún otro personaje en esta trilogía; una humanidad que lo diferencia de sus compañeros de la comunidad, y que le acerca a nosotros. Porque en Boromir hay virtudes, pero son sobre todo sus defectos los que determinan su destino. Sucede lo contrario con el resto, y aquí está el gran elemento diferenciador. Boromir no está pensado para caernos bien: está pensado, o así lo siento, para marcar una diferencia. Para tener un significado único, distintivo. Y tenemos que apreciar el personaje que es desde otra perspectiva. Desde una perspectiva, y vuelvo al principio, muy humana. Desde la comprensión y la aceptación de sus defectos, que siempre van unidos a sus virtudes; que las alimentan, de hecho. Que son, al final, consecuencia de éstas.

Esto convierte a Boromir, a mi modo de ver las cosas, en la perfecta representación de los hombres en la comunidad del anillo. De todo lo bueno que pueden (¿podemos?) ofrecer, de todos los errores que pueden llegar a cometer incluso aun siguiendo el camino correcto. Porque, no nos confundamos, Boromir nunca abandona el camino correcto. Boromir está donde está, Boromir termina como termina, porque siempre ha perseguido el bien, pero su figura va más allá del arquetipo de héroe, por eso no siempre ha sido comprendido. Por fortuna, cada vez lo es más. Benditos aquellos que saben verlo.



Virtudes y defectos

Es imposible hablar de lo uno sin lo otro, y empezaré por lo primero, porque explica, justifica, lo segundo. Boromir era un hombre honesto y leal, que colocó desde los primeros años de su existencia el bienestar y el futuro de su pueblo, de Gondor, por encima de cualquier deseo individual. O, si lo queremos ver de otra manera, todos sus deseos individuales tenían que ver con Gondor. Cualquier hecho está sujeto a esto. Boromir amaba Gondor, temía por Gondor, luchaba por Gondor, vivía por Gondor. Y esta responsabilidad que siente para con su pueblo la lleva hasta las últimas consecuencias, hasta la impotencia, hasta la desesperación. “Mi lugar está aquí, con mi pueblo”, escuchamos en un punto determinado de la trilogía cinematográfica. Y sólo abandona su tierra una vez que determina que es la decisión que tiene que tomar para defenderla.

Conocemos poco de su pasado en la trilogía de Peter Jackson, pero sí tenemos oportunidad de descubrir que su padre, Denethor, Senescal de Gondor, tiene puestas todas sus expectativas en él. Como padre y como Senescal. Esto añade otra carga de responsabilidad en las espaldas de Boromir, que es un guerrero, pero también es simplemente un hombre de su pueblo. Y un hermano que ha tenido que cuidar de Faramir ante los continuos desprecios de su progenitor. La relación que le une con Faramir, a pesar de las dificultades, es sincera y está determinada por el amor. Esto también nos dice mucho de Boromir, que confía en el pequeño, que lucha junto a él, que lo abraza en sus reencuentros. Boromir es, como digo, honesto, leal, un hombre de su pueblo, un hombre para su pueblo.

Que, sin embargo, nunca deja de sentirse insuficiente. Supongo que aquí puede comenzar el otro apartado, el de los defectos, pero lo pienso bien y no me termina de salir referirme de esta manera a todo lo que viene. Vemos la peor cara de Boromir en ‘La comunidad del anillo’, pero no es más que una consecuencia de esta responsabilidad, de esta profunda lealtad que siente con su pueblo, del amor que profesa, de la indefensión, de las amenazas que siente como un simple hombre, de sus peores temores, de sus propias debilidades. De lo insuficiente que se siente.

De ahí nace, en parte, su rivalidad con Aragorn, que se salda al final con un reconocimiento mutuo de lo que son y representan cada uno. Boromir envidia la divinidad de Aragorn, que sin haber crecido en Gondor, sin haber sangrado por Gondor, es lo que su pueblo necesita. Boromir ha crecido, ha sangrado, ha vivido por su pueblo, pero nunca será suficiente para liderarlo.

Su nombre nunca ha sido el nombre elegido, porque estas elecciones siempre se fraguan tiempo atrás. En este caso, cuando ninguno de ambos había nacido. Boromir es un hombre que tiene sus antepasados en Númenor (tierra que exploraremos en la serie que prepara Amazon Prime Video), como también los tiene Aragorn, pero éste último desciende directamente de los Dúnedain, una subraza de hombres que se acercan a la divinidad. No es algo que ninguno haya podido elegir, pero determina sus destinos. Y Boromir lamenta ese destino. Lamenta que, a pesar de todo, no pueda ser suficiente para conducir a su pueblo hacia la liberación total y hacia la gloria que una vez existió en Númenor, en los hombres. Con mucho pesar, lamenta no haber podido ser ese nombre, así que lo intenta todo para al menos ser el héroe.

Nunca se rinde, y ve en el Anillo una oportunidad. No es que Boromir no piense en el bien común, no es que Boromir no sea consciente del peligro al que se enfrenta, es que lo primero es su pueblo, como siempre ha sido. Como le han enseñado que tiene que ser. No quiere el Anillo para él, no quiere sentirse poderoso, no quiere gobernarlos a todos, no quiere tener una influencia más allá de dar la oportunidad a su gente de elegir su destino. Quiere usar el Anillo para liberar a Gondor, para protegerlo, para hacerlo fuerte, para que en sus calles no vuelva a reinar el miedo.

Así que… ¿Traiciona a la comunidad siguiendo este deseo con el que ha nacido, crecido y sangrado? En los ojos de Boromir, la traición sería no intentarlo todo para salvarlos, después de haberlo intentado todo sin éxito. No traiciona a Frodo deliberadamente, es que, como ha hecho durante toda su vida, no puede dejar de pensar en su pueblo.

Y, por otro lado… Es curioso cómo somos capaces de ver y disfrutar de tres películas que tienen su base en el poder de un Anillo sin comprender ese poder. No lo terminamos de comprender, por eso nos posicionamos en contra de Frodo (que Ilúvatar me libre de esto), y por eso nunca lo mencionamos cuando se trata de Boromir. El anillo siempre intentará corromper a los hombres, y aun así no terminamos de asimilar esta y otras tantas frases que nos hablan de la voluntad que existe en este pequeño objeto que nuestro protagonista observa con recelo desde el principio.

Ha de saber la fuerza con la que puede actuar sobre él. Es lógico, y es evidente, y no podemos ignorarlo: el anillo tiene poder sobre Boromir. Tendemos a obviarlo, pero es importante. Lo corrompe, lo llega a poseer. Pero cada vez consigue liberarse de esa influencia; cada vez vuelve a ser un hombre libre, y sigue queriendo lo mismo. Aunque este deseo evoluciona un poco: Gondor primero, pero ahora también está en su corazón el deseo de servir a la comunidad.

Todo esto nos conduce, como todo lo demás, al principio: Boromir es un hombre. Muy humano. Con todas estas virtudes, y con todas las consecuencias que nacen de ellas. Boromir se equivoca, Boromir se corrompe, por momentos, por instantes, por su pueblo (casi) siempre. Y aun así, muere defendiendo a la comunidad; muere defendiendo a esos dos insignificantes hobbits que a priori nada tienen que ver con aquello que ha defendido toda su vida. En realidad, muere por lo mismo que ha vivido. Muere por su pueblo, que después del viaje es también esa comunidad que busca devolver la paz a la Tierra Media.


La comunidad del anillo

Su papel y su valor en ‘El señor de los anillos’

El papel de Boromir en ‘El señor de los anillos’ no solo es importante, también es muy atractivo y muy interesante de explorar, en varios sentidos. Tomando como punto de partida esa diferencia que marca con sus compañeros, lo ya dicho: aunque todos ellos tienen también sus defectos, tienen prejuicios y conflictos internos, en ningún otro estos defectos están tan marcados. Todos luchan por un objetivo común, y Boromir se desmarca de ello. En ciertos momentos, el espectador puede llegar a sentir este personaje como un enemigo dentro de la propia compañía, como alguien contra el que tendrán que luchar eventualmente, al que tendrán que someter para cumplir con el objetivo final.

El camino inicial puede llevar a pensar esto, y sin embargo nunca dejamos de ver también esas virtudes. Que siempre está ahí, en primera línea de batalla, defendiéndolos, luchando por ellos. No solo con sus actos, también con sus palabras, que nos hablan de un hombre que ofrece consuelo y aliento cuando las fuerzas fallan. Por ejemplo, cuando Gandalf cae, es él quien pide una tregua para todos. Lo pide Boromir y no otro. Es un hombre que ríe, y se divierte, y disfruta de la compañía del resto. Entiende y comparte el dolor de la comunidad, también el deseo común. A pesar de todo, siempre se mantiene cerca de todos ellos, aunque todo lo anterior lo aleje en ciertos momentos.

Así que continuamente puede ser observado como una dualidad; como el hombre que es sin las cargas que lleva, y como el hombre que no puede evitar ser por las cargas que lleva. Y como un hombre, a secas. El peso del Anillo, el peso de la oscuridad en la Tierra Media, de todos los horrores y la maldad que se está extendiendo… Se aprecia en muchos aspectos de la trilogía, y la figura de Boromir lo reúne todo. También la esperanza, la lucha, la fe y la lealtad.

Los minutos finales de ‘La comunidad del anillo’ son suyos. Comprendemos quién es más que nunca, y terminamos llorándolo porque al final hemos hecho eso: comprenderlo. Porque hemos vivido un verdadero viaje con él, en el que ha habido desconfianza pero en el que también lo hemos mirado directamente a los ojos y hemos visto todo lo bueno que hay en ellos. Y porque, igual que él hubiera seguido a Aragorn, que es su rey, nosotros hubiéramos seguido a este guerrero que vive por su pueblo, que muere por sus compañeros y que es el hombre que le han dejado ser. El que tiene que sangrar, cuidar, proteger y liderar a su gente, aun cuando ese destino para el que siente que ha crecido le fue negado desde antes de nacer. Qué difícil esto, y qué buen personaje este.


Aragorn y Boromir
Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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