'Cuestión de justicia'
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'Cuestión de justicia'

Este viernes 28 de febrero se estrena en cines ‘Cuestión de justicia’, película protagonizada por Michael B. Jordan, Jamie Foxx y Brie Larson.

Lo Mejor
  • Acercamiento a una realidad lejana: la pena de muerte
  • Las reflexiones que provoca en el espectador
  • Buen ritmo
  • Magnífico Michael B. Jordan
  • Buen trabajo de todo el reparto, con especial mención también a Jamie Foxx
Lo Peor
  • La primera media hora se hace algo lenta

Siento que hay realidades que conocemos y que creemos comprender, pero que en realidad son unas extrañas para nosotros. Realidades sobre las que hemos leído y nos han hablado, pero que quedan demasiado lejos como para que las experimentemos en primera persona o como para que lleguemos a imaginarlas. La pena de muerte está entre ellas. No nos cansamos de debatir acerca de su legitimidad y acerca de lo que supone que siga existiendo en tantos rincones del planeta -entre ellos, la súper potencia extra mega desarrollada, Estados Unidos-, pero en realidad no sabemos bien ni de lo que hablamos. Cómo hacerlo si no hemos sentido en nosotros mismos la certeza de que la muerte programada por otros llega. Cómo hacerlo si hablamos de injusticia cuando no nos dan el premio que esperábamos o cuando alguien se nos adelanta en la cola del supermercado, mientras que otros, a cien mundos de distancia, emplean la misma palabra para referirse a juicios manipulados y penas impuestas a dedo. 

Esto es algo que no logro sacar de mi mente desde que vi ‘Cuestión de justicia’, y tampoco quiero hacerlo. La película de Destin Cretton, que se estrena este viernes 27 de febrero y está basada en hechos reales, nos cuenta dos historias unidas por la injusticia: la de Walter McMillan, condenado a pena de muerte por un crimen que no cometió, y la de Bryan Stevenson, abogado afroamericano que decidió dedicar su carrera y su vida a ayudar a quienes no tenían los recursos suficientes. Así nos lo explican en un principio, pero yo prefiero afirmar que Bryn Stevenson apostó en su día por algo mucho más grande que ayudar a quienes no tenían recursos. Se atrevió a conocer de verdad una de esas realidades de las que oímos hablar pero nunca miramos de frente y a acabar con ella. 

En la cinta, Michael B. Jordan es quien nos acompaña en el camino que el propio Stevenson hizo cuando era joven, recién graduado de Derecho. Y lo hace con una sinceridad y una autenticidad que arañan al espectador. La fragilidad que muestra en algunas de las escenas más duras de la película es básica para que el espectador entre cuanto antes en la historia y empatice con sus personajes, así como para que se rompa esa distancia que tanto he mencionado. Por momentos, vemos al actor convertido en un niño pequeño que se topa por primera vez con la verdad, sin terminar de comprender la crueldad del ser humano, pero también vemos a un hombre íntegro, con una fuerza de voluntad descomunal y con el aura de aquellos que están destinados a hacer cosas grandes en su vida. Su impecable trabajo, que le ha valido un NAACP Award a Mejor Actor Protagonista, es fundamental para que ‘Cuestión de justicia’ funcione y cumpla el que yo creo que es su objetivo principal. 

La película nos acerca, de la manera más humana posible, a los condenados a pena de muerte. Lo hace principalmente utilizando uno de los muchos casos en los que se demostró que el condenado era inocente, empujándonos hacia la reflexión más evidente: ¿cuántas personas han muerto por orden de un juez o de un jurado sin haber cometido un delito? Entiendo que aquí no hay demasiada novedad. Sin embargo, ‘Cuestión de justicia’ también nos acerca a los condenados a pena de muerte que, efectivamente, sí cometieron un delito. Lo hace a través de un personaje casi más humano que el resto, en el que existe un enorme arrepentimiento y una culpa que rompe la pantalla desde su primera aparición, y que logra que se desate en nosotros un debate interno que termina provocando una culpa similar a la que veíamos en el cine. ¿Cómo puede seguir existiendo la pena de muerte? ¿Qué hay de humanos en los que son capaces de sentarse de frente a una persona y mirar a los ojos a la muerte y al terror? ¿Existe alguna justificación para imponer un castigo como ese, que no es más que el mismo crimen que cometió en condenado? Preguntas que confirman esa lejanía, una vez más, y que nos demuestran que en realidad no sabemos nada y, lo que es más duro, nunca nos ha importado demasiado. 

Cuestión de conexión

Es más que evidente que la de Destin Cretton me ha parecido una buena película y, por encima de esto, me ha gustado. Si bien es cierto que la primera media hora peca de un ritmo algo lento, la conexión con el espectador no tarda demasiado en llegar. La figura del joven abogado, que en un principio podía parecer algo rígida y típica, baja a un sorprendente nivel humano en cuanto pasan estos primeros compases y la aparición de Johnny D. y los demás presos hace el resto. 

'Cuestión de justicia'
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Incluso sabiendo lo que va a ocurrir, porque es una historia real y, además, predecible, entramos en el torbellino de tensión que tan bien representado aparece en la pantalla -y tan bien acompañado está por el ritmo narrativo-. Sufrimos y nos implicamos en una lucha que, de repente, también es nuestra y que nos genera una enorme culpabilidad. Nos indignamos. Nos sorprendemos. Nos horrorizamos. Una vez más, es el cine el que nos hace abrir los ojos ante una verdad que creíamos conocer y de la que no sabemos nada. Toda la película lo hace, pero sobre todo lo consigue una majestuosa escena hacia la mitad del largometraje que supone el primer gran clímax del mismo, el punto de inflexión que personalmente me resquebrajó. 

El cine tiene mucho, casi todo, de subjetivo. Una película puede ser un 10 técnicamente y narrativamente hablando, pero generar un mínimo impacto en el espectador. Sin embargo, una cinta que no es perfecta, que tiene altos y bajos y que es sorprendentemente predecible, puede convertirse en una de las que más tocan y marcan, puede conectar de una manera imposible de explicar con palabras. Supongo que eso es lo que me ha ocurrido a mí con ‘Cuestión de justicia’, con la fragilidad de Bryan Stevenson, con la mirada de Herbert, con la esperanza de Johnny D. y con la valentía de Eva

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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