Esa era mi premisa cuando se anuncio esta nueva edición del programa. Me parecía innecesaria y no le veía ningún tipo de atractivo. Y aquí estoy ahora, escribiendo este artículo con el directo de fondo. Y lo escribo por una simple razón: Estoy tan enganchada que no podía aguantar las ganas de escribir sobre ello. También para hondear en las razones por las que este principio de edición me ha conquistado desde un principio, a mí y todos aquellos que como yo juraron y perjuraron “yo no me voy a enganchar a OT2020”.

Operación Triunfo’ es ‘Operación Triunfo

Mi relación con el programa desde su renacimiento (2017) siempre ha sido muy intenso, muy de extremos. En la edición de 2017 caí totalmente enamorada con sus concursantes, profesores y el funcionamiento del programa en general. Seguramente, en mi Twitter sea fácil de encontrar tweets sobre las galas o tweets profundos tras el último programa. Firmas, discos, conciertos, consumí todo lo que llevara la marca ‘OT’. Y, hoy, aun sigo haciéndolo, siguiendo los pasos de los concursantes de esa edición que con tanto cariño recuerdo.

Con la edición de 2018, me ocurrió totalmente lo contrario. Le di una oportunidad, pero solo aguanté tres galas hasta dejar de verlo del todo, a excepción de la final. Ni si quiera llegué a ponerme el directo y desarrollé un rechazo total por la edición. No planteo en ningún momento que fuera por una “falta de talento” o un problema de los concursantes. Pero simplemente, me fue imposible conectar con ellos dentro del programa.

Por lo que sí, hay posibilidades de que pueda odiar o amar una edición, pero no de que me deje indiferente.

Los castings

‘OT’ ha sabido jugar sus cartas para asegurarse el tirón del programa por lo menos al principio. A diferencia que el resto de las ediciones, este año se ha podido seguir todo el proceso de casting y comentarlo a través de las redes sociales. En la Universidad, donde estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual, nos llegaron a poner el casting de Madrid para apreciar la maestral estrategia comunicativa que habían llevado a cabo. Y tanto que magistral. Desde entonces, me enganché a los castings y los veredictos.

Ese proceso puso la primera semilla para que necesitara consumir el contenido que me diera el programa. Y que solo se supieran los últimos 30 concursantes que lograron pasar a la fase final hizo que me fuera imposible resistirme a ver la primera gala.

El 24 horas

Es uno de los ingredientes básicos del programa y que más espectadores atrae y los concursantes de este año esta sabiendo desenvolverse muy bien él. Durante la primera semana no han dejado de ensayar y cerrar el directo estando presentes. En la edición anterior, tuvieron que imponer la norma de cerrar las habitaciones hasta diez la noche porque a veces pasaban más tiempo dentro que fuera. En 2017, también se impuso que las habitaciones estarían cerradas por el día.

En esta edición, a pesar de llevar solo una semana, han demostrado que esa no va a ser la tónica para seguir este año. Tanto es así, que los concursantes han llegado a criticar comportamientos de compañeros en pleno directo. En Twitter se ha desatado el debate de que si estas situaciones están acercando más al programa a un estilo como de otros reality como ‘Gran Hermano’ en vez de seguir la “esencia de OT”. Pero no hay que perder de vista la realidad: ‘Operación Triunfo’ es un reality y como en cualquier programa del estilo, las polémicas y los salseos atraen a la audiencia. Y aunque me gustaría defender mi ética en estos casos, pero sería hipócrita negar que soy la primera en pinchar en un vídeo donde Noemí echa la bronca a los concursantes o hay un roce entre ellos.

Cambios en el formato

El programa ha afrontado la realidad de que sin cambios lo más posible es que acabara estancándose. Por ello, en esta edición han tirado por cambiar de forma radical muchas de las mecánicas de las galas y el concurso en general: Desde que ahora no haya un mínimo de nominados hasta que el expulsado solo pueda despedirse en el chat de uno de sus compañeros.

De esta forma, ‘OT’ parece haberse reinventado, consiguiendo atraer a los fans más veteranos del programa para ver como funcionaran estas nuevas dinámicas.

El tiempo necesario

Pero creo que esta es la clave que me ha hecho engancharme a esta edición de Operación Triunfo. El margen entre la edición de 2017 y 2018 fue casi inexistentes. Muchas personas como yo, lo necesitaban para hacerse a la idea de aceptar a unos nuevos concursantes y adaptarse a ellos. Al no engancharme a la pasada edición, ese tiempo prudencial se ha cumplido y me ha permitido empezar a seguir esta edición por el puro mono de OT que tenía.

 Las comparaciones siempre son odiosas pero imposibles de evitar y es muy fácil tender a hacerla entra las dos ediciones anteriores, pero parece que este OT 2020 viene con fuerza y con ganas de, para bien o para mal, marcar la diferencia.

Fotografías de la Gala 1

*Fotografías por José Irún.

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