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‘HIT’: la imperfección de las personas

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‘HIT’ es la nueva apuesta televisiva de Televisión Española. La ficción, creada por Joaquín Oristrell, hace un increíble retrato de la adolescencia de nuestros días, a través de una amalgama de temas necesaria, actual y, ante todo, instructiva. Hay múltiples series del estilo, desde ‘Merlí’ o ‘Física o química’, en que el instituto es otro protagonista, pero nunca se ha vivido tan intensamente.

Es una serie, ante todo, muy urbana. Su banda sonora se compone en su mayoría de canciones de rap, la estética se sirve repetidamente de tonos oscuros, grisáceos, y de planos aberrantes… Hay una irrepetible sensación de caos, de inestabilidad. Desde los fríos diálogos y esos encuentros desafiantes, hasta la clasificación del instituto como un enemigo más en la batalla.

El instituto es tierra hostil

Hugo Ibarra Toledo, alias HIT, es un psicólogo y maestro cuya vida ha estado marcada por dos efectos: primero, el tiroteo que se produjo en el instituto donde era profesor; el segundo, su adicción al alcohol. Después de que en el instituto Ana Frank se hayan quemado unos coches, produciendo la baja de uno de los maestros, HIT es llamado a ser profesor para mantener el orden.



HIT no solo será profesor de un grupo variopinto y humano de alumnos, sino que también se convertirá en uno de sus principales apoyos. Los alumnos del Ana Frank vivirán en sus carnes una inevitable evolución, un radical cambio producido por los efectos de este imperfecto, pero inolvidable profesor. Este último trimestre presenta un único objetivo: salvar el futuro de estos jóvenes antes de que sea demasiado tarde.

Los claroscuros de la adolescencia

El punto fuerte de ‘HIT’ es la amalgama de temas dentro de cada capítulo. La serie no tiene reparo en mostrar qué son los sugar daddies, cómo la autoestima puede llegar a provocar autolesiones, qué es la soledad, la incomprensión… Una paleta, desde luego, a la orden del día y rica en perspectiva.

A través de los diez capítulos que componen la serie, se va percibiendo una clara evolución estética. Al inicio, todo muestra una sensación de caos, inestabilidad… Algo infernal. Hay tonos grisáceos, planos aberrantes; por eso, el espectador piensa que va a ser una serie gamberra, siempre así, inalterable. No obstante, conforme los capítulos se suceden, a la vez que Hugo Ibarra Toledo incide en la vida de estos jóvenes, llega la luz, y con ello la comprensión, la madurez y la familiaridad. Todo ello con un ritmo adecuado, sin que se produzcan atropellos que lleven a que la trama se sepa artificial; está tratado todo desde un punto de vista humano, cercano.



‘HIT’ también está a la orden del día, y por eso gusta. El espectador no siente que esté ante una serie, sino que está en todo momento en su propia vida, en el presente, en el año 2020. Todo irradia realidad de una forma asombrosa; se introduce un scape room, hay charlas con actores porno, excursiones al vertedero… ‘HIT’ va más allá de la tradicional forma de educar: ahora, se instruye con experiencias innovadoras, con situaciones que acaban por transformar a los protagonistas, así como a los espectadores. No tengo miedo en afirmar que ‘HIT’ es la revelación de la temporada, una serie en la televisión pública valiente, porque estos temas son los que afectan a los jóvenes del ahora, el futuro de nuestra sociedad. Y más vale aplacar cualquier problema antes de que sea tarde; por ello, es indispensable darles voz.

Un elenco imperfecto, pero real

El elenco es, quizás, el factor sin el que ‘HIT’ no funcionaría del mismo modo. La serie está hecha para ir conociendo a cada uno en profundidad, para saber cuáles son sus deseos, sus inquietudes, su pasado… Por ello, la técnica multiperspectivista funciona adecuadamente, y acaba por acercarlos irremediablemente al espectador.

Norduin Batán interpreta a su personaje homónimo, y es quizás uno de los más dibujados. Gusta por esa inevitable evolución, cómo acaba por dejar atrás toda esa prepotencia con ayuda de sus amigos. El fin no justifica los medios, pero en este caso, se sirven de ello, y resulta creíble. Nourdin es un personaje espléndido y mágico; su actuación es espléndida, porque capta muy bien la inconformidad, sabe ser hermético. Y también Silvia (María Rivera) es un personaje a mencionar, a alagar. Hay luz en este personaje detrás de tanta oscuridad. Gusta porque la autoestima siempre es un tema a la orden del día, y ella es el claro modelo de cómo afecta el no encajar, el ser diferente. Aunque peliaguda su actuación en varios momentos, es un personaje bien introducido y del que el espectador queda irremediablemente prendido.



Lo mismo ocurre con Marga (Leire Cabezas) y Darío (Gabriel Guevara), un tándem cálido y entrañable. Son dos personajes que, aun con situaciones diferentes, se complementan. Marga es una de las primeras que se presentan, y gusta porque no es tan chica mala como quiere demostrar; tiene una coraza que imposibilita ver sus grandes temores. Y Darío, ya desde el inicio, es un personaje enigmático, la incorporación de un personaje del colectivo LGTBI; su principal problema es el querer gustar, el seducir… Qué gran personaje, sobre todo por su final; el espectador, en la posible segunda temporada, quiere conocerlo todavía más.

Lena y Hugo: la balanza del peligro

No podemos olvidar otros personajes como Gus (Oriol Cervera), Jaco (Melías Jesús), Erika (Krista Aroca) y Andrés (Ignacio Hidalgo), cuyos temas como la adicción, los problemas familiares o la violencia también resultan una grata incorporación. Pero la serie, vista desde fuera, brilla por dos personajes: Lena y Hugo.

Carmen Arrufat, quien interpreta a Lena, lidera este elenco. Se define por su narcisismo, tal y como se puede ver en una de las escenas de la serie. Es un personaje difícil, muy odiado; Oristrell ha sabido dibujar sin pudor uno de los mejores personajes de la ficción. Es incesante, desde el minuto uno hasta el final de la serie; gusta, porque está muy bien profundizada en parte por cómo actúa frente al resto y cómo les influye. Sin embargo, es imposible que el espectador pueda mantener una buena conexión con ella; quiere gritarle que la vida son dos días, que no puede ser el centro del mundo. Esta sensación, difícil de conseguir, resulta abrumadora. Revela que ‘HIT’ no es solo una historia de crecimiento de los personajes, sino también de aprendizaje por parte del espectador. Porque sabe cómo es, y no quiere que sea así. Pero, más lejos de la realidad, Arrufat está impecable; es difícil conseguir despertar tanta emoción con un personaje, y lo ha hecho sin apenas dificultades.

Y Daniel Grao está brillante. Sí tiene ese estilo picaresco, rebelde, pero va más allá. No es un profesor; primero es persona. Se refleja en su adicción, en cómo es posible recaer en cualquier momento, cómo hechos del pasado pueden condicionar a una persona. Daniel Grao hace un papel magistral, y el espectador quiere que HIT sea su profesor, que le enseñe a valorar la vida, a enfrentarse a sus problemas. Su imperfección provoca que HIT sea un personaje redondo, quizás la joya del elenco.

De lo aberrante a lo ornamental

La producción de ‘HIT’ también crece conforme los capítulos se desarrollan. Como se ha mencionado anteriormente, en un primer lugar hay una sensación de caos, de agonía. Planos aberrantes que no respetan la horizontalidad, que dan lugar a inquietud, a asfixia. Al principio, el espectador no se siente cómodo, y quizás por eso no llega a disfrutar del todo de los primeros capítulos; puede ser por la rebeldía de los personajes, esa inconformidad, prepotencia… Pero no es duradera.



Ya con la presentación de cada uno de los personajes se va equilibrando la balanza y se sabe todo más vivo, más luminoso. Todavía hay oscuridad, sí, pero se ve todo más realista, más maduro. Por ello, es destacable hablar de cómo la estética se convierte en un mensaje más, en cómo acaba por crecer a la par que los personajes. Por eso, ‘HIT’ es perfecta: porque es muy de la calle, va asentando cabeza, engatusando al espectador, abordando temas a la orden del día… No hay serie igual, aunque haya muchas que se asemejen; es única, y atrevidamente humana.

Un sí a la segunda temporada

En resumen, ‘HIT’ se ha ganado una renovación (de hecho, la tiene). Porque el instituto Ana Frank tiene que acoger más estudiantes, el espectador se merece saber qué va a pasar con estos jóvenes en su próximo año escolar, conocer su futuro y cómo han cambiado con las clases de Hugo. Y, desde luego, también seguir de cerca a Hugo, y también conocer cómo este grupo variopinto de jóvenes ha cambiado su vida irremediablemente.

‘HIT’ lo tiene todo: un tratamiento real y neutro de los temas más actuales, una variedad en el elenco (bisexualidad, inmigración, cuerpo, ideología…), así como una actuación sobresaliente por parte de Daniel Grao y Carmen Arrufat; también, una estética muy de barrio, desde la inestabilidad y lo apagado, hasta una banda sonora directa y un acercamiento a la realidad a través de botellones y peleas. Sí, sí, ¡sí! ‘HIT’ se ha ganado a la fuerza la segunda temporada. Queremos realidad, y la queremos como esta serie: directa, humana e imperfecta. ‘HIT’ no es más que un reflejo de la realidad y un canto a la evolución.

Sergio Guillén

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