La madre del blues
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'La madre del blues'

Lo Mejor
  • Chadwick Boseman, su pasión y su fuerza
  • La siempre brillante Viola Davis
  • Intensidad de la cinta
  • Reflejo de una lucha que sigue viva
Lo Peor
  • -

Esta crítica no contiene spoilers de ‘La madre del blues’.

Cuántas cosas pueden ocurrir entre cuatro paredes, en un día caluroso de Chicago y en un tiempo que queda demasiado lejos. Y cuánto se puede contar sin demasiado artificio. Gran parte de la acción de ‘La madre del blues’, cuyo estreno en Netflix está previsto para el próximo 18 de diciembre, tiene lugar en el interior de un estudio. Principalmente en dos estancias: la sala de ensayo de la banda y la propia sala de grabación. Y todo el peso de lo que ocurre lo llevan menos de diez intérpretes, con especial atención a los dos grandes pilares de la cinta. Viola Davis y, sobre todo, Chadwick Boseman lo sostienen todo. Incluso aunque no haga falta que lo hagan, porque la historia se sostiene sola. La elevan y convierten esta cinta en una cinta amarga e inolvidable por muchas razones.

Esta adaptación de la obra de August Wilson, dirigida por George C. Wolfe, tiene mucho de teatral. La utilización de unos escenarios estáticos y muy concretos, los poderosos monólogos y la intensidad de las intervenciones de la mayoría de los intérpretes nos llevan directamente a las tablas. Y esto es algo positivo, al menos en este caso. Porque el espectador se sentirá cerca del relato, como si el aliento de los actores rozara su rostro. Como si no hubiera una pantalla de por medio. De ahí el enorme impacto del largometraje.

En él, hasta los más alejados de la lucha de la comunidad negra comprenderán su sufrimiento, y lo sentirán en sus propias carnes. Lo harán a través de la rabia de la leyenda Ma Rainey, que se sabe talentosa e incomparable y a la vez despreciada por su color de piel. Y también a través de los duros relatos de sus músicos, con especial atención al de un Levee con el que es imposible no conectar, incluso dentro de su locura y su extravagancia. En la escalada de tensión que se produce dentro del estudio, nos encontramos frente a frente con el miedo de una comunidad, con su angustia, con sus frustraciones y sus sueños y con una realidad que, casi un siglo más tarde, sigue demasiado presente.


La madre del blues
Foto: David Lee / Netflix

Me cuesta creer que Chadwick Boseman rodara ‘La madre del blues’ estando enfermo. Me fascina y me sobrecoge que pudiera rodar escenas con tal carga emocional, que requieren tanta fuerza y generan tanto desgaste, en unas condiciones físicas tan poco óptimas. Hasta ahora, creía imposible que algún intérprete pudiera eclipsar a Davis. A ese huracán que arrasa con todo a su paso. Pero aquí, Boseman lo hace de una manera tan contundente que no se me ocurre un mejor candidato para todos los premios de la temporada. Ni tampoco se me ocurre una mejor razón para regresar a esta película siempre que tenga oportunidad.

La corta duración de ‘La madre del blues’, aproximadamente una hora y media, puede invitarnos a pensar que la acción se desarrolla de manera atropellada. Personalmente, considero que lo hace con el ritmo suficiente para que el visionado sea ágil y la tensión traspase la pantalla y se apodere de nosotros. Como también lo hacen la desesperación y la amargura de un Levee que, como su intérprete, se lleva casi todas las miradas. Qué manera tan brillante y temprana de despedirse.

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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