Infiltrados
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'Infiltrados'

Lo Mejor
  • La historia
  • La tensión creciente
  • Boston como telón de fondo
  • Banda sonora inmejorable
  • Estudio del ser humano
Lo Peor
  • ¿Nada?

El romance entre la mafia y Martin Scorsese (‘El irlandés’) vivió uno de sus mejores momentos el pasado año 2006, concretamente en el momento en el queInfiltrados llegó a la cartelera. Este remake de ‘Infernal Affairs’ encumbró una vez más al director estadounidense, que recibió el Oscar a Mejor Director, así como el de Mejor Película. Una cinta que convenció y que es para muchos de las mejores del neoyorkino, un piropo cuanto menos sorprendente si tenemos en cuenta su extensa y exquisita filmografía. 

Coincidiendo con su decimotercer aniversario, he vuelto a viajar mentalmente a Boston durante las dos horas y media que ocupa este largometraje, y una vez más el viaje se me ha pasado en un suspiro. He de confesar que he perdido la cuenta de las veces he visto ‘Infiltrados’. Y también he de confesar que hay escenas que me conozco al dedillo, como si yo misma las hubiera rodado. Pero nunca he llegado a cansarme de ellas, ni de la historia de Costigan, Sullivan y Costello, ni de esa mafia irlandesa más moderna que nos presenta Scorsese. Esta cinta no envejece, no caduca y no se desgasta

Pensando en ella, en qué escribir para celebrar su aniversario y también en esa aparente inmortalidad que la acompaña, he llegado a la conclusión de que es una película redonda. Esa en la que no falta ni sobra nada, en la que no hay puntada sin hilo y en la que todo tiene o cobra sentido. Pese a que la trama es de las más enrevesadas que he visto en cine, Scorsese tiene la maestría de tejer la red poco a poco, logrando que el espectador no se pierda y llegue a ser capaz de anticiparse en muchas ocasiones, como el infiltrado que también es. No se hace larga, pero en ella se dispone del tiempo suficiente para construir y conocer a fondo a los personajes principales, así como a sus motivaciones, generándose un estudio de la condición humana que sobrepasa la acción y la anécdota. Todo ello con un ritmo rápido, pero no estrepitoso ni abrumador, moviéndose como un funambulista sobre la cuerda floja y manteniendo un equilibrio casi imposible y que, precisamente por eso, roza la exquisitez. 

'Infiltrados'

Scorsese y su mundo

Queda claro que ‘Infiltrados’ me gusta, no lo oculto. No veo fallos en ella y no veo motivos por los que pueda no gustar al resto. Me parece una película redonda, en la que no hay ni un solo cabo suelto, completa y bien estructurada. No voy a decir perfecta, porque la perfección no existe y el cine es un arte en el que entran a jugar muchos factores subjetivos, pero se acerca a esa utopía del 10 clavado. Ahora bien, más allá de esto, hay una razón por la que esta combinación de mafia, relaciones personales, traiciones y amor funciona tan bien, y es el profundo conocimiento del propio Martin Scorsese

Desde el comienzo de la cinta, en el que aparecen elementos como la religión o ese capo que encuentra en un niño del barrio a su pupilo (y ese niño del barrio que debe elegir entre la honradez o el supuesto éxito), vemos cómo el director se mueve como pez en el agua en un ambiente que marcó su niñez y su juventud. Ese dominio de la iconografía relacionada con la mafia instalada en Estados Unidos, ya sea italiana o irlandesa, es el que permite que la historia que vemos sea realista y no tire por una espectacularidad y un glamour que habrían convertido ‘Infiltrados’ en todo un fracaso. 

En esta ocasión, Scorsese abandona Nueva York para meterse de lleno en la casi vecina Boston, que también le sirve de telón de fondo y actúa en ocasiones como un personaje más. Porque el pasado y los orígenes de los personajes están ahí, lo condicionan todo y también lo explican, sin necesidad de que sean vistos. Las calles de Boston, los barrios del sur, la influencia de la Iglesia y la jerarquía oculta de su sociedad están presentes de principio a fin y nos ayudan a conocer y comprender mejor la historia y lo que hay detrás de ella. 

'Infiltrados'

Estudio de la condición humana

‘Infiltrados’ nos habla de ratas. Gira en torno a ellas, unas con una etiqueta y las otras con otra, pero todas ellas con las mismas características básicas. Personas que aparentan ser alguien que en realidad no son, generalmente para salvar su propio culo, para ascender o para vivir una vida más prometedora que la que tienen. También hay quien lo hace por obligación o por el bien común, pero suele ser la excepción que confirma la regla. 

En una jungla en la que la supervivencia y el poder son los objetivos, los seres humanos hacemos cualquier cosa por salir triunfadores, y eso es lo que vemos en la cinta de Scorsese. Quizá el papel que mejor representa a ese ser humano que pisotea sus valores, a su entorno y lo que haga falta por salir a flote es el del sargento Colin Sullivan, interpretado por Matt Damon. Una rata con demasiadas caras, con demasiadas vidas, y a la que realmente sólo le importa su propio bienestar. Un personaje despreciable y maravilloso desde el punto de vista del espectador, que puede bucear en las cloacas del ser humano a través de él. 

'Infiltrados'

Su punto fuerte

Todo esto me lleva a tener que decantarme por un punto fuerte, por ese elemento que eleva ‘Infiltrados’ a lo sublime. Y, aunque me cuesta, lo tengo claro. La clave del funcionamiento de la película, lo que hace que todo encaje y que las dos horas y media no se hagan largas, es la maestría con la que Martin Scorsese genera la tensión que acompaña a la trama y que va creciendo exponencialmente, acompañada de una banda sonora que no podía haber estado mejor elegida. 

El torbellino de tensión que se crea y que termina ahogando a los propios protagonistas también atrapa al espectador, que se ve encerrado en una angustia casi adictiva, convertido en un infiltrado más en ese Boston tan oscuro y tan real que provoca escalofríos.  

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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