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‘La joven Jane Austen’, la que siempre apetece

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Hace trece años que ‘La joven Jane Austen‘ llegó a nuestras salas de cine. Dirigida por Julian Jarrod (‘Noche real’, 2015, o algunos episodios de ‘The Crown’), el guion fue responsabilidad de Kevin Hood y Sarah Williams, la música de Adrian Johnston y la fotografía de Eigil Bryld. Yo no veo esta película para disfrutar de la dirección o del guion; de la música y sobre todo de la fotografía sí podría hablar un poco más, pero en general son correctas. Están bien. Funcionan. Pero ‘La joven Jane Austen’ no funciona porque algo funcione muy bien. Es el todo, el conjunto, las promesas que nos lanza desde sus primeras imágenes, la fantasía de sentirnos cerca de esta autora, precisamente lo que nos hace sentir a quienes ya alguna vez hemos sentido antes. Con Jane Austen, claro.

Esta no es una biografía de una de las escritoras más importantes de la historia de la literatura. Es lo primero que uno debe tener claro. Es, si acaso, un acercamiento a su corazón, del que obviamente desconocemos muchas cosas. Pero sí sabemos, y yo lo supe gracias a ‘La joven Jane Austen’, que Jane Austen amó, aunque no fuera exactamente de la manera que nos cuentan. Las historias que nacieron de su cabeza vivieron en cierto modo en su corazón, y ese conocimiento, por alguna razón, me ha acercado siempre más a ella. Terminó de acercarme más a ella, una escritora que, con su delicadeza, su humor y su exactitud, siempre he querido tener cerca.


La joven Jane Austen

‘La joven Jane Austen’ gira en torno a una parte de la juventud de Jane (Anne Hathaway). Desde el principio se nos muestra como una persona excéntrica, diferenciada de su familia y su rutina, dedicada a las artes, con un mundo interior muy rico, a veces incomprendida. En tales circunstancias conoce a Tom Lefroy (James McAvoy), un joven con mala reputación que no parece muy propenso a seguir las normas de la época. Su primer encuentro es un encontronazo, pero a partir de éste siguen cruzándose y se desvela una conexión y una atracción evidente. Una mirada hacia la vida similar, aunque desde diferentes perspectivas, y dos corazones que no laten muy distintos. Soy una romántica.

‘La joven Jane Austen’ es romántica, claro. La componen una serie de imágenes románticas, bucólicas, que podemos asimilar fácilmente a la obra de Jane Austen. Al final es un poco de lo que se trata esta película, creo: de reconocer en ella lo que amamos de la autora. Los contrastes entre los personajes (comparemos la primera imagen de Jane, tranquila, pensativa, con la primera imagen de Lefroy, pegándose de puñetazos), la melancolía, también la alegría y el tono cercano a la comedia que se busca en ocasiones. Los bailes, las reuniones, la naturaleza… Hasta un encuentro mágico en una biblioteca, que tiene todo para sentirlo suyo. Que se presenta como su vida, pero podríamos creernos que es algo que ha escrito ella.

La vemos escribir ‘Orgullo y prejuicio’. Más aún: la vemos leer, al final, su historia a Lefroy. La historia que escribió, que no es otra que la historia que hemos visto en la película, la historia que los une. Él escucha atento, y como en su primer encuentro es el último en aplaudir. Este detalle siempre me ha encantado, porque soy una romántica. Lefroy aplaude con admiración, porque admira a esta escritora, admira a esta mujer.



Esta escritora obstinada y orgullosa que vio, precisamente, su orgullo herido antes las primeras palabras que él pronunció sobre ella. Creo que, si bien no es una biografía como tal, sí rescata varias particularidades del carácter que (creemos) tenía Jane Austen. Esa decisión, ese descaro al hablar, ese decoro al actuar, su ironía, ¡su bendita ironía!, su bondad, la preocupación por los temas que preocupaban en la época. Por ejemplo: el desprecio por el género novelesco, atribuido a mujeres y por ello considerado peor, menos válido. Hay una conversación interesante a este respecto.

Y eso que el guion en ciertos momentos no es especialmente brillante, pero sí es cierto que en otros, sobre todo cuando Jane y Lefroy comparten escena, puede destacar. Pero seamos sinceros: nadie ve esta película por el guion. Como digo, es solo una pieza más que encaja dentro de este puzzle que podemos disfrutar porque lleva su nombre, porque es un puzzle muy bonito, porque Anne Hathaway y porque James McAvoy, que son un sueño.

Comparten dos escenas que voy a llevar conmigo toda la vida. La primera: ese baile, ese segundo, ese giro inesperado, lento, que parece detenerlo todo y esa sonrisa torcida de McAvoy que saca a Jane de su aburrimiento, de su hastío, de su falta de emoción. Que parece decirle: estoy aquí y sabes que conmigo vas a sentir algo. Ese segundo de perfección.


La joven Jane Austen

La segunda: la despedida en la escalera, cuando están cerca de poder anunciar al mundo que se aman. Cuando ese compromiso podría anunciarse al día siguiente, pero todavía no, así que tienen que despedirse con un susurro, pero no quieren hacerlo, así que se acercan y se alejan y se acercan y yo me muero. Todo en la oscuridad, con la única luz de una vela. Esos segundos de perfección.


La joven Jane Austen

Tres últimos apuntes. Siempre me ha afectado mucho la manera en la que se habla de la soltería de las mujeres en la época, porque la madre de Jane Austen está verdaderamente preocupada por ese asunto. Teme por su hija. Jane no teme, no le importa, le da igual, pero cuando su buena madre se rompe y grita y le advierte de la marginación, la soledad y la pobreza de una mujer soltera, Jane, con toda su ironía, su descaro y su despreocupación, no puede hacer otra cosa que llorar y permanecer callada. Siempre me ha afectado mucho, porque no debería ser así y porque siento que este miedo podría dejar sin palabras a la valiente y decidida Jane Austen.

Por otro lado: el personaje de Mr. Wisley (Laurence Fox). Desconozco si sucedió tal cual en la vida de Jane, pero me quedo con la película que es el tema que nos atañe. Este personaje es oro. Está presentado para que lo detestemos desde el primer momento, tiene el porte y la actitud de los villanos que nos van a complicar la vida, y ni siquiera parece tener un alma particularmente poderosa para ello. Pero entonces empieza a hablar, poco a poco.

Y desde guion, con este personaje, lo hacen muy bien, porque apuestan por una ambigüedad que después nos conduce a la sorpresa. Intuimos que no es el malo que habíamos imaginado, y vamos celebrando cada pequeño comentario que nos hace ver que es un hombre abierto, que se valora a sí mismo a pesar de no cumplir con los estándares de la época y que respeta a Jane. Chapó por este personaje.



Por último. Quisiera rescatar la mejor de las líneas de guion, que por supuesto es suya, de Jane: “mis personajes tendrán, después de algunas tribulaciones, todo lo que desean”. Sea.



Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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