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‘Mi hija’: el gran éxito de Antena3 explicado en 3 puntos

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Vamos a intentar explicar por qué cada domingo se reúnen dos millones y medio de espectadores frente a la pantalla para ver un nuevo capítulo de ‘Mi hija’. Esta novela turca de 2018 aterrizó en el prime time de Antena3 precedida del éxito de ‘Mujer’. No solo ha repetido sino que además ha consolidado una tendencia no tan reciente como creemos. Las novelas turcas gustan en nuestro país en particular, y en todo el mundo en general.

Como es un fenómeno extraño que una ficción española logre reunir esos dos millones y medio de espectadores, a pesar de que hemos hecho ficciones mucho más sólidas, mejores, si se me permite la expresión, hay que reflexionar sobre este éxito. No para imitarlo, no para replicarlo, no para hacer nuestra propia versión: para aprender. Porque la reflexión siempre viene bien. Y porque tal vez, a través de estos pilares básicos que hemos visto en ‘Mi hija’, aprendamos a conocer mejor a nuestros espectadores.

La reconciliación con el ser humano

Una de las razones por las que triunfa ‘Mi hija’ es porque muchas de las cosas que se ven en pantalla nos llevan a un mundo más amable. No es que sea, precisamente, una serie cómica, pero dentro del drama hay una apego a la esperanza constante. Sobre todo la intención de asociar todo con un amor puro, sincero y sanador. De esos que te curan el alma, de esos que te hacen seguir adelante. En estos momentos, se entiende que muchas personas quieran sentirse más cercanas a estas propuestas que a thrillers realistas y crudos.

‘Mi hija’ es una novela pensada y desarrollada desde el corazón. Por eso tiene como protagonista al ser humano más puro e inocente, aquel al que, no importa nuestra situación, podemos comprender, incluso amar. Öykü (Beren Gökyıldız), una niña de ocho años, ha crecido sin el cariño de unos padres. Es amable, atenta, valiente, tierna y muy inteligente, así que se hace camino poco a poco.

Es ella misma quien encuentra al que, según le han dicho, es su padre: Demir (Bugra Gülsoy). Un ladrón de poca monta que se nutre de trabajos ilegales para sobrevivir un día más. El contraste que surge entre dos personajes tan diferentes, las intenciones de uno y otro, y sobre todo las similitudes que van saliendo a la luz, permiten que los espectadores, como decimos, se sientan más cerca de los sentimientos más positivos.

A través de ese padre que no tiene mal fondo, pero sí ha tenido una mala vida. Que ahora busca cambiar no solo para darle una mejor a su hija: también porque quiere que ésta vea en él la mejor versión de sí mismo. La que no se atreve a ser pero quiere ser. Ese camino de rendición de Demir, y su entrega al amor incondicional hacia su hija, conmociona y emociona. Öykü es, por su parte, esa conexión constante con la serie, porque es humanamente inevitable involucrarse con la niña. Con su manera de ser, con su tragedia y con su intento sincero de formar una familia que nunca ha tenido.

Hay otros elementos secundarios que refuerzan todo esto. Como esas profesoras involucradas en el cariño y el cuidado de sus alumnos. O ese amigo un poco desastre que es un segundo hermano para Demir, donde encuentra la lealtad y la confianza que no tiene en ninguna otra parte. Hay mucha tragedia en ‘Mi hija’, lo que nos lleva al siguiente punto, pero el aura de esta serie nunca deja de ser positivo. Los buenos sentimientos, en estos tiempos que corren, son muy deseados.


Mi hija

Un torbellino de emociones

‘Mi hija’ es una serie pasional, es una serie extrema. La tristeza narrada es una tristeza extrema, también la duda, la alegría, incluso el amor. Esto provoca que en muchas ocasiones el desarrollo de la historia se sienta antinatural, sobre todo para los espectadores más acostumbrados a ficciones sosegadas. Alejadas, en fin, del tono de telenovela que tiene ‘Mi hija’, porque es una telenovela. Precisamente por eso es un torbellino de emociones.

Y esto tiene consecuencias negativas, como el vernos abrumados o incluso incrédulos ante éstas. Pero también le lleva a tener una gran virtud: ese torbellino de emociones te arrolla. Escena tras escena, experimentas exactamente lo deseado por sus creadores y por sus intérpretes, y es muy difícil despegarse de una ficción que te está provocando cosas.


Mi hija

Vale, ¿qué pasa ahora?

Esas emociones humanas y ese llevar al extremo cada una de las emociones se complementan a la perfección con el ritmo frenético de ‘Mi hija’. En esta serie pasan cosas de forma continua. Del mismo modo que ese torbellino de emociones te atrapa y te arrastra hasta la siguiente toma, el progreso de los acontecimientos lleva al espectador a ese satisfactorio estado de estar viendo algo sin permitirte una sola distracción.

La gran distracción la tienes en pantalla, donde está pasando algo constantemente, donde el diálogo de los personajes y su tendencia a los monólogos no permite un respiro, donde los personajes se relacionan entre sí creando nuevos conflictos y solucionando pocos de los anteriores. Al final, terminas viendo ‘Mi hija’ con la duda constante de qué será lo siguiente que suceda, pero esa duda siempre permanece en el subconsciente, no es una pregunta que te veas obligado a llevar a la superficie. Permaneces en ese estado, y nada más. Y eso te impide dejar de verla, y te invita a ver el siguiente.


Mi hija

Es decir: ‘Mi hija’ sigue esquemas muy clásicos que han funcionado históricamente en el mundo de las telenovelas. La pasión, la tragedia, los personajes extremos, la acción continua, pero este nuevo escenario de las novelas turcas ha incluido además una cierta serenidad que otorga a las ficciones un tono más cercano. Más admisible para los espectadores poco acostumbrados al género base, que es la telenovela.

Rescatamos de nuevo la situación actual en la que permanece el mundo para poner el punto y final a esta explicación: a la gran mayoría de nosotros, nos apetece distraernos. Reflexionar está bien, sentir está bien, pensar y dudar está bien, pero con entretenimiento de por medio. ‘Mi hija’ es un entretenimiento sencillo, muy fácil de consumir y que además nos permite volcar nuestro corazón en una niña de ocho años que solo quiere ser feliz junto a su padre. Parece el producto perfecto para este momento.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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