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Reseña de ‘Santos crueles’, de Emily A. Duncan

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· FICHA ·
Título: ‘Santos crueles’
Autora: Emily A. Duncan
Traductora: Aitana Vega Casiano
Editorial: Editorial Hidra
Fecha de publicación: octubre de 2020
Sinopsis: Cuando Nadya reza a los dioses, ellos escuchan y dejan que la magia fluya por sus venas. Durante casi un siglo, los kalyazi han estado inmersos en una cruenta guerra sagrada contra los herejes tranavianos, y su poder es lo único que rivaliza con la magia de sangre del enemigo. Pero cuando el ejército invade el monasterio en el que se esconde, Nadya se ve obligada a huir del único hogar que ha conocido, mientras este es reducido a escombros por las llamas. Su obsesión a partir de ahora será la venganza. Deberá forjar una alianza inimaginable con un miembro de la realeza y un joven extraño con un poder aterrador. ¿Su plan? Asesinar al rey y detener la guerra.

En este libro encontrarás: una historia de fantasía propiamente dicha, unos personajes por los que sufrir, una relación con la religión que no imaginas, un escenario fantástico, un comienzo de un nuevo fenómeno.


Santos crueles‘, nos lo cuentan en la misma contraportada, recuerda, con la mejor de las familiaridades, a otras historias, a otros libros. Recuerda a ‘Seis de cuervos’, sobre todo, a ‘Sombra y hueso’, también. No porque compartan detalles de la historia, similitudes en sus personajes o desarrollos semejantes: recuerda a éstas por lo que transmite desde el principio. Desde el principio, y ‘Santos crueles’ empieza muy pronto, transmite esa misma sensación de magia, poder, oscuridad y decadencia que convive con un punto de esperanza al que nos aferramos. Al que se aferran sus personajes, que nos preocupan, nos hacen sufrir, nos gustan y, por cierto, nos engañan. Esta última parte me ha gustado mucho. ‘Santos crueles’, en general, me ha gustado mucho.


Portada de 'Santos crueles'

Compuesto de capítulos cortos narrados desde dos puntos de vista y en tercera persona, Emily A. Duncan empieza su ‘Santos crueles’ con una gran escena de acción. Y es a través de esa gran escena de acción como tenemos el primer contacto con el universo que iremos conociendo. Está bien escrito, lo que desde luego es muy importante. Dado que (evidentemente) los personajes todavía no nos importan como para implicarnos emocionalmente en lo que está sucediendo en esas primeras páginas, al menos sí podemos sentirlas vibrar. Vibran con fuerza. Y sorprende el mundo que nos descubren.

Una chica, un príncipe, un monstruo. También leemos esto en su contraportada. La chica se llama Nadya y ha vivido toda su vida en un monasterio aislado en Kalyazín; su papel en los años siguientes puede ser decisivo, pues es la última clériga conocida. Esto significa lo siguiente: puede escuchar a los diferentes dioses en su cabeza. Hablan con ella, la aconsejan, la regañan, le permiten usar sus poderes. Nadya canaliza, a través de sí misma, los diferentes atributos de los dioses del enorme panteón de su universo, pero aunque ha vivido toda su vida con este don, nunca ha llegado a conocerlo del todo.

Serefin es el príncipe. El Gran Príncipe de Tranavia, la tierra enemiga de Kalyazín. En Tranavia no se cree en los dioses tradicionales; esos dioses exigen obediencia, pleitesía, y no ofrecen nada a cambio. Este país se rinde a la magia de sangre: la que controlan los propios hombres. Son ellos mismos quienes crean el poder que emplean, con hechizos escritos en un libro y su propia sangre. O la del resto. También de Kalyazín es el monstruo: Malachiasz. Su objetivo, sin embargo, parece ser opuesto al de Serefin. El primero busca a Nadya para acabar con ella; el segundo quiere ayudarla a escapar de su destino. Mi favorito, ya lo adelanto, es Malachiasz. Los damnificados por este personaje, como yo misma, por favor, escríbanme.

Nadya y Malachiasz se proponen abandonar Kalyazín, llegar a Tranavia y acabar con la tiranía del rey, acompañados de otras tres personas de confianza. También Serefin se marcha: ha sido reclamado por su padre para elegir a la pretendienta con la que debe casarse. Todos se dirigen a Tranavia, cada grupo con dos misiones que parecen claras. Pero también desde el principio, sin embargo, distinguimos sombras que no encajan entre tanta oscuridad, secretos que cambian los deseos aparentes y pasados que pesan más de lo que podíamos imaginar.

Una de las principales diferencias que marca ‘Santos crueles’ con otros títulos que pueden ser semejantes tiene que ver con ese don de Nadya. Estamos acostumbrados a posicionarnos a favor o en contra de la cultura religiosa de las tierras inventadas dependiendo de los bandos del conflicto, sobre todo porque esos dioses generalmente son conceptos abstractos. Aquí tienen nombre, tienen voz, tienen temperamento. Existen. Los vemos, los conocemos, a través de su protagonista, así que estamos obligados a convivir con ellos, y la autora nos obliga, así, a tomar una decisión más meditada. Añade, por otro lado, un punto de emoción extra, porque son dioses misteriosos que se aparecen como susurros en la cabeza de la protagonista, impregnando todo de magia y antigüedad.

‘Santos crueles’ es un libro repleto de magia, de antigüedad, de costumbres y tradiciones ancestrales que nos transportan a lugares fríos primero, a un gran palacio después. He de decir que me gustaba más el primer escenario, pero en el segundo se introducen otros nuevos elementos (como una bruja cuyas escenas quería que duraran una eternidad) también muy interesantes. Los diálogos son fantásticos, el ritmo es fantástico y ese conflicto principal –forma de vida y fe de los dos bandos, magia divina o humana– es real, es atractivo y está plenamente justificado. Ha sido, da la sensación, pensado y repensado, y se ha construido todo un universo a su alrededor. Así se crean las buenas historias. El imaginario es también muy bueno; esas figuras de los Buitres llaman tanto la atención que también de ellos quieres saberlo todo.

No es un libro perfecto, aunque tampoco necesita serlo. Quizá me hubiera entretenido más en ciertos aspectos del mundo exterior antes de adentrarnos en palacio, pero creo que esto solo lo pensarán quienes, como yo, necesitan conocer y conocer y conocer los mundos nuevos.

Sí quiero destacar que, si bien me gusta cómo la autora ha hecho nacer y evolucionar las relaciones principales de la historia, no me han gustado demasiado las interacciones que se producen entre los personajes cuando ya hay cercanía entre ellos. Son típicas y no dicen nada; la parte positiva es que su imagen ya era muy clara en mi cabeza, por lo que la imaginación jugaba a su favor y podía continuar. Por otro lado, aunque en relación con esto último: a veces se ha hecho difícil continuar porque el libro está plagado de erratas. No dificultan la lectura como tal, pero sí da bastante rabia encontrarlas.

‘Santos crueles’ tiene el tono perfecto para engancharte desde el primer momento, y te mantiene entre sus páginas hasta el final por varias razones. Porque está bien escrito, porque los personajes son atractivos, porque te sientes de verdad en otro mundo y porque quieres, con el más sincero de los deseos, saber cómo termina. Y cuando termina, créeme, quieres seguir leyendo. ‘Santos crueles’ da inicio a una saga gótica llamada ‘Algo oscuro y sagrado‘. Estas dos palabras, por cierto, me parecen perfectas a modo de resumen. Oscuro y sagrado. Eso se respira en estas páginas. Totalmente recomendables.

Sobre 5...

4

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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