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Baeza, la esencia de ‘La Peste’

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Hay series que soy capaz de ver en un solo día, y creo que las veo con atención. Pero hay otras que necesito reposar, que prefiero saborear lentamente, como un buen vino. Con ‘La Peste’ me ocurre algo así. Me ha llevado semanas ver su segunda temporada, pero no por pereza o aburrimiento, ni mucho menos. Simplemente porque he querido disfrutar al 100% de sus capítulos, estudiando a sus personajes y empapándome de esa desconocida Sevilla del Siglo de Oro. La serie de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos no solo merece ser paladeada con tranquilidad, como el vino, sino que también mejora con el tiempo. Al menos así lo he sentido yo. 

Creo que es la única manera de adentrarse de verdad en ese oscuro mundo creado por los sevillanos, la única forma de conocerlo y de sacarle partido. Así, poco a poco, ha sido cómo he conocido a Baeza y he acabado completamente prendada del personaje. De ojos vivos y grandes ambiciones, este joven nacido en la Mancebía resume la esencia de la serie y de la Sevilla que la acoge. Es el pueblo, pero no el aturdido rebaño que se deja llevar, sino ese pueblo que quiere prosperar, sabiendo lo que necesitan sus iguales y aprovechando ese conocimiento para dar lecciones a aquellos que viven entre lujos y sedas. 

Un personaje que aporta luz a la temporada y que goza de un amplio marco de evolución, en el que nunca se pierde a sí mismo. Puede que sea esto lo que más me ha atrapado de él. Esa fidelidad a sí mismo, esa fuerza para seguir siendo quien es pese a las presiones y a las tentaciones. En un mundo en el que las oportunidades para el pueblo llano escasean y pasan por la ilegalidad, Baeza toma lo que le interesa, lo utiliza a su antojo y se hace valer. Callado durante años, observando y creciendo entre pobreza y prostitución, se construye a sí mismo y construye su futuro. 

La Peste

Los mandamientos de Baeza

¿Es libre Baeza? Me lo pregunto durante toda la temporada. Por una parte siento que está condicionado por el lugar en el que nació y el ambiente en el que creció. Por esa ciudad cargada de contrastes que es Sevilla. Pero por otro siento que su inteligencia y su facilidad para empatizar con el pueblo le hacen verdaderamente libre, le permiten escoger el camino que quiere tomar, le permiten escalar sin necesidad de pisar a nadie. 

La ley no le afecta, no se enfrenta demasiado a ella, tornándose casi invisible. Podría decir que se rige por las normas de la calle, por esa ‘legislatura’ no escrita que convierte a unos en intocables y a otros en apestados. Pero sólo necesitamos un par de episodios para comprender que ésta tampoco le afecta. Y sin embargo no es anárquico, no vive a lo loco, no destaca entre la multitud, no se hace notar, no vive al margen de las normas sociales. 

Sigue sus propios mandamientos. Sabe cómo debe tratar a sus iguales y que la situación de las prostitutas entre las que creció es su foco de atención. Tiene claro que escalar a base de empujones y pisotones no es más que una carrera hacia el vacío. No se mete en demasiados problemas o se mete teniendo controlada la salida, no se esconde. Tiene un objetivo y lo persigue en todo momentos, pero nunca, en ningún punto de la temporada, se traiciona. Siguiendo su propio código y protegiendo lo suyo y a los suyos, que se reducen a Escalante y Valerio. Sin perder el foco externo ni el interno

La Peste

No matarás

Dentro de sus mandamientos, de ese código que nunca traiciona, no sale de mi mente esa supuesta incapacidad para matar. O esa ausencia de intenciones de hacerlo. No creo que Baeza no sea capaz de asesinar a una persona, simplemente no quiere hacerlo. En una Sevilla en la que la vida parece no valer nada, él la valora, la protege y no considera ser digno de arrebatarla. Ni siquiera acaba con María de la O cuando tiene la oportunidad de hacerlo, con ella completamente rendida, asumiendo su final. No quiere hacerlo, no está en su mano. La vida, para él, vale mucho más que la Mancebía o que cualquier botica

Ya lo he dicho, pero tengo que repetirlo. Veo mucha luz en él, veo esperanza, veo la fuerza de un pueblo que siempre es reprimido y menospreciado. Veo a un hombre que se ha hecho a sí mismo,  sin necesidad de hacer daño a nadie, simplemente persiguiendo sus objetivos y arriesgando con inteligencia y con racionalidad. Un hombre que sabe moverse entre el bien, que encuentro en él, y el mal que representa esa oscura Garduña. La mirada de Jesús Carroza hace mucho, le da la vida a ese personaje tan complejo y maravilloso que es Baeza. ¿Es mucho pedir un spin off dedicado a él?

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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