El sitio de Otto
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6.8

'El sitio de Otto'

Lo Mejor
  • Su mensaje
  • Dirección intimista, guion sencillo
  • Su reparto, con un brillante Iñaki Mur
  • Su belleza, su fotografía, su paleta de colores
Lo Peor
  • Quizá el espectador se quede con ganas de más

Esta crítica no contiene spoilers de ‘El sitio de Otto’.

Una ópera prima conjunta. Esto es lo que dice ‘El sitio de Otto’ de sí misma. Oriol Puig firma un primer largometraje cargado de humanidad y en la que las historias pequeñas son las protagonistas. Lo de conjunta hace referencia al guion de la cinta, escrito a ocho manos, entre Oriol Puig, Joana Vilapuig, Iñaki Mur y Artur Busquets. Un grupo que representa al talento emergente catalán, que viene arrasando desde la cuna. Los tres últimos también forman parte del reparto de la película, encabezado por un Iñaki Mur al que siempre es un placer ver en pantalla. Junto a ellos, Oriol Vila, Nora Navas o Adrián Grösser son algunos de los intérpretes que completan el cartel.

‘El sitio de Otto’ nos cruza con su protagonista en uno de los momentos más complejos de su vida. Su padre acaba de morir y siente que debe ocupar su respetado puesto en el pueblo. También en su casa, en la que queda con la responsabilidad de velar por el bienestar de su madre. De la noche a la mañana, su mente cambia. Lo que antes le preocupaba, las salidas con los amigos o los amores de verano, pasan a un segundo plano. Sin tener demasiado claro que sea eso lo que quiera. Y sin que el resto parezca comprender todo aquello por lo que está pasando.

Así, la película explora el sentimiento de pérdida, sin regocijarse en el dolor. De una forma natural y honesta, que reconocerá fácilmente todo aquel que haya recorrido ese camino. De la misma manera que reconocerá esa necesidad de encontrarse a uno mismo, de hallar el lugar que realmente nos pertenece. No el que creemos que se nos impone, de manera explícita o tácita, sino el que sentimos como nuestro, el que queremos ocupar. Un retrato bello, íntimo y sencillo de un verano trascendental para un Otto que ni siquiera siente que pueda mostrarse tal y como es.

Iñaki Mur


El sitio de Otto

Hay algo en la mirada de Iñaki Mur capaz de puede llevarte a un pueblo desconocido, en un tiempo no demasiado claro, y hacerte sentir lo mismo que siente él. Una sinceridad y una autenticidad en su mirada que sólo pueden responder a un talento orgánico, natural e innegable. No es una sorpresa. Sólo hace falta ver ‘Merlí’ para encontrar ese ‘algo’ que generalmente es tan indescriptible como magnético.

Podría decir muchas cosas de su Otto, capaz de emocionarte y sacarte de quicio con un minuto de diferencia. Pero creo que lo mejor que se puede decir de este personaje y de su interpretación es que están cargados de verdad. Y marcados por una profundidad que no tardamos demasiado en apreciar. Es curioso, porque por un momento creí erróneamente que iba a encontrarme con una historia algo vacía. Quizá demasiado contada. Pero sólo me hizo falta toparme con el verdadero Otto por primera vez, sin capas y sin máscaras, para comprender que la suya es una historia auténtica. Real. Y que sale de dentro.

Mucho con poco


El sitio de Otto

A veces, el cine no necesita de grandes artificios para llegar y tocar y para trasladar el mensaje que busca compartir. Es el caso de ‘El sitio de Otto’. Una película sencilla en su forma y compleja en su contenido, como lo es muchas veces la propia vida. Que encuentra la belleza en una playa desierta o en una caravana aparcada en medio de la nada, con la ropa tendida en una cuerda maltrecha. A través de una dirección intimista y un guion que no apuesta por florituras pretenciosas que habrían roto toda la magia, la película nos cuela en una vida, en un instante, en el que todo ocurre a un ritmo natural, de una manera natural.

La verdad es simple. Puede ser una noche en vela pintando una pared, una cerveza con amigos o una conversación casual que lo cambia todo. Podemos encontrarla en un presentimiento o en un golpe de suerte. En una mirada que, de repente, nos otorga la confianza necesaria para mirar en nuestro interior. O en una carrera sin ninguna meta concreta, con la que intentamos huir sin marcharnos a ninguna parte. Y esa es la verdad que encuentro en ‘El sitio de Otto’, en su protagonista y en el camino que recorre en busca de su lugar.

Una película que me ha emocionado y que se me ha pasado como se pasa un suspiro. Sin darme cuenta, pero dejando en mi pecho una sensación de liberación que no esperaba hallar en ella. Supongo que porque sé de lo que habla, porque esa historia no me es ajena. Y porque me vi reflejada en muchas ocasiones en la potente mirada de Otto, en sus dudas, sus miedos y su angustia. Y es que esta es una de esas historias universales, sin tiempo ni lugar. La suya, pero también la mía y la tuya.



Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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