Lavaperros
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4.5

'Lavaperros'

Lo mejor
  • El inicio y el final
Lo peor
  • El lento e insustancial desarrollo
  • La multitud de personajes provoca que no se desarrollen del todo

No, no creo que ‘Lavaperros’ sea como se describe: un thriller tarantino con críticas y con la esencia del realismo sucio. ‘Lavaperros’, dirigida por Carlos Moreno, es una película con una larga duración en la que no pasa nada nuevo; hay un desarrollo lento que acaba por desvalorar el apoteósico y sangriento desenlace. El prólogo presagia un relato de muerte, de drogas, de persecuciones, pero se queda en un largometraje desdibujado, lento y con un gancho invisible.

El relato sigue de cerca la vida de Oscar, quien custodia un cártel de droga, y cuyo negocio está en ruina después de perder fieles. El conflicto reside en una deuda cuyo pago está retrasado; esto provoca consecuencias, como diferentes asesinatos o el transporte de individuo a individuo del dinero ganado. Así pues, Don Oscar ha de enfrentarse a sus problemas para encontrar soluciones; todo ello en un contexto repleto de rivales locales, así como una investigación policial.



‘Lavaperros’ a simple vista

Así, de primeras, no podemos obviar que ‘Lavaperros’ cuenta con atractivo y consigue captar el interés del espectador. Los primeros cinco minutos son espléndidos, con una conversación íntima y tenebrosa entre capturador y capturado, con un sonido ambiente incrustrado con cautela y el silencio también interviniendo como invitado. Estos sirven como un buen prólogo, un inicio prometedor que invita a seguir viendo el largometraje y a dejarse seducir por esa persecución entre bandas.

Sin embargo, esa no es la esencia de ‘Lavaperros’. La película, si bien es cierto que entretiene a ratos, no cuenta nada nuevo, y eso provoca que el espectador pueda desconectar del visionado. No se puede prometer al espectador algo que luego se trata con superficialidad, de puntillas. ‘Lavaperros’ tiene ese potencial para ser considerada una película original, sangrienta, perfecta…, pero, como si de un globo se tratara, se desinfla. Deja atrás eso que parecía prometer, y acaba por aburrir y dejar más preguntas que respuestas al espectador.

‘Lavaperros’ es gamberra, sucia, rebelde. Tiene sexo sin filtro, adulterio, música urbana, trabajos precarios y, ante todo, drogas. Es quizás la palabra que engloba todo el film: drogas. Pero las persecuciones, los cara a cara, acaban por resultar poco interesantes, no consiguen llegar a un clímax que sorprenda o pille desprevenido al espectador. ‘Lavaperros’ comienza a lo grande, sí, pero luego ya se introduce en la precariedad laboral, en un personaje que cuida perros, y luego en Don Oscar y su negocio de drogas. Poco se conoce de la trama inicial, y esa es la rabia principal: ¿qué ha pasado?, ¿por qué ‘Lavaperros’ no es así, no muestra los peligros y enfrentamientos? Quizás el disfrute fuera mayor si ‘Lavaperros’ hubiera sido así, definida por un tono rojo sangriento, mayor trapicheo de drogas y disparos que rompan los tímpanos.

¿Por qué no termina de convencer?

Que sí, no niego que ‘Lavaperros’ tuviera potencial, pero no llega a exprimirse del todo. Y la principal causa son los personajes. ¿Qué es una película sin sus personajes?



‘Lavaperros’ presenta un estilo multiperspectivista, con muchísimos personajes, y esto es un arma de doble filo. Sí, enriquece al elenco y llama la atención por la diversidad de personajes. No obstante, es imposible definir con exactitud a cada uno de ellos y tratarlos del mismo modo. Hay un elenco característico, pero el espectador no termina de conectar, no sabe quién es quién a pesar de la presentación inicial, no descierne cuál es el papel que desarrolla cada uno.

Y, sí, hay que destacar que es un elenco masculino en su mayoría. Hombres que se drogan, que beben, conducen, sacan sus pistolas. A simple vista, son personajes muy semejantes, uniformes. El espectador no encuentra la diferencia, ni reconoce su papel, ni sabe bien qué pensar de cada uno de ellos. ¿Las mujeres? Aquí, casi invisibles. Objeto de deseo, por supuesto. Una adhesión para justificar las escenas eróticas, para explicar por qué Don Oscar está tan atormentado. No sé, pero su poca intervención acentúa todavía más lo desdibujados que están los hombres, cada uno de ellos. Es el problema principal de ‘Lavaperros’: la multicidad de personajes. No hay una pausa para definir a uno más que a otro, todo resulta atropellado, sin frenos.

Ese es el otro problema de ‘Lavaperros’: su ritmo. Es lento y no aporta nada nuevo. No hay algo que haga clic en la cabeza del espectador y le anime a estar pegado a la pantalla, disfrutando de los cánticos en la iglesia o de los pistolazos. Si no se cuenta nada nuevo y el ritmo está marcado por lo poco sustancial de los hechos, ‘Lavaperros’ se queda en algo que no termina de cuajar. Y da mucha rabia, porque su potencial es indudable, porque se sabe el trabajo que hay detrás. Pero no, no llega a calar, no invita a estar las casi dos horas pegado frente a la pantalla, esperando a ver qué va a pasar. Qué rabia, sí, porque ‘Lavaperros’ tiene una premisa llamativa, pero su desarrollo acaba por no convencer.

No todo es malo

‘Lavaperros’ también tiene sus cosas buenas. Al público español gusta, en especial, por lo bien incorporada que está la cultura colombiana, ese lenguaje tan propio. Y el ambiente, claro; esas calles pueblerinas llenas de miseria, en las que se ve la desigualdad entre ricos y pobres, acaban por ser un escenario seductor, peligroso.

También la parte técnica está llena de factores positivos. El montaje, si bien es cierto que es lento, cuenta con unos planos corrector, bien introducidos. Y el guion, aunque no sobresaliente, entretiene y muestra a la perfección el habla colombiano, la ira, la derrota y cualquier otro factor que describe sin dificultad a Don Oscar.

¿Merece la pena ‘Lavaperros’?

En conclusión, ‘Lavaperros’ es un film que entretiene y aburre a partes iguales. Tiene una premisa seductora y con un gancho importante, pero conforme los minutos avanzan, esta acaba por desinflarse. Son múltiples los factores: desde la gran cantidad de personajes, que no terminan por perfilarse adecuadamente, hasta lo poco atractivo que resulta el desarrollo del largometraje. ‘Lavaperros’ es gamberra, es sucia, es una película de hombres, en la que el escenario principal es el mundo de la droga, y en el que la sangre se esconde y tarda en llegar. Tiene un montaje aceptable, pero no brilla. No termina de ser lo espectacular que podría haber sido.

No, ‘Lavaperros’, que llega con el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, no es ni de lejos algo como lo de Tarantino. Entretiene, pero ya está. Cuenta con algún personaje interesante, pero no va más allá. ¿Lenta? Sí. También superficial, poco desarrollada, sin atractivo. Podría haber estado mejor, un enfoque diferente, pero ese final acaba por gustar y, en definitiva, satisfacer un poco al espectador.

Sergio Guillén

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