Surge (2020)
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7.5

Surge

Lo mejor
  • La interpretación de Ben Whishaw
  • Cómo la cámara nos hace estar en la posición exacta en la que tenemos que estar con respecto al personaje dependiendo del momento que éste esté viviendo
  • Todo el subtexto que hay detrás de este día de locura por Londres
Lo peor
  • -

Filmin nos habla de ‘Surge‘ como el gran fenómeno de las últimas ediciones de Sundance y Berlín, y también como el ‘Joker’ que rodarían los hermanos Safdie. Tras su visionado, que pudo disfrutarse en el marco del Atlàntida Film Fest, se entiende tanto una cosa como la otra. No soy muy propensa a las comparaciones, pero después de las infinitas conversaciones que se dieron en torno a ‘Joker’ (2019) ni me extraña ni me molesta que se la relacione con este trabajo, porque encuentro similitudes. Y tampoco me extraña que se quiera establecer una distancia entre ambas.

‘Surge’ es el primer largometraje de Aniel Karia, cineasta que ya cuenta con una interesante carrera a sus espaldas, basada sobre todo en cortometrajes y también en su participación en la sorprendente ficción ‘Pure’ (2019). Rupert Jones y Rita Kalnejais se hacen cargo del guion, Tujiko Noriko es el responsable de la música y la fotografía es de Stuart Bentley. Ben Whishaw es, en cualquier caso, la estrella en esta fiesta.

Con este trabajo, el actor británico emociona y sorprende, incluso cuando parecía que ya no podía seguir sorprendiendo, al menos no de esta manera. Whishaw ya nos había demostrado en otros trabajos (no siempre diferentes) su capacidad para dotar de gestos estudiados pero naturales a sus personajes, de tal manera que la atención del espectador recaiga sobre esos pequeños movimientos. Pero vuelve a hacerlo aquí y volvemos a caer. Volvemos a decir: guau, mira esto. Y me parece aún más sorprendente que sea capaz de lograr que empaticemos con un personaje que protagoniza una serie de situaciones incómodas y desagradables, delictivas incluso. Pero la emoción siempre está presente, sobre todo en su mirada, y por eso empatizamos. Porque lo entendemos, y nos molesta, y nos molestamos con el mundo.


Surge (2020)

En esas emociones está la mayor parte del peso de la película, que Karia construye y conduce bien. Esas emociones, a las que nunca se pone nombre, son las que me llevan a hablar de la soledad y la incomprensión que hay en ‘Surge’, y que desencadena todo lo demás. Todos los demás movimientos violentos, descontrolados, frenéticos. Toda esta aventura que vivimos en un Londres deshumanizado. Como el resto del mundo, vaya.

‘Surge’ sigue la historia de Joseph (Whishaw), un vigilante de seguridad del aeropuerto de Stansted. Joseph vive una vida monótona, rutinaria, aburrida, solitaria. No parece entenderse con sus compañeros, pasa los cumpleaños solo, no tiene ningún vínculo afectivo importante más allá del que le une con sus padres, con quien tampoco se entiende. Joseph es un hombre insatisfecho, que se traga su rabia, que la muerde, que se dedica a trabajar para sobrevivir un día más, que no encuentra interés en lo que le rodea. Y todo esto es lo que es ‘Surge’: soledad, incomprensión, monotonía, frustración, cansancio, aburrimiento.

En un escenario muy deshumanizado. Es fantástico que tengamos ese aeropuerto frío, repetitivo, autoritario, como el primer escenario en el que entendemos que el protagonista está a punto de saltar al vacío. De hecho, la primera escena que vivimos no puede ser más representativa: Joseph tiene que registrar a un hombre que no habla inglés, que está asustado, que se siente indefenso. Lo pasa muy mal, y el espectador también lo pasa mal, porque sospecha que algo está a punto de suceder. Que ese hombre es una amenaza. Pero no pasa nada. Pasa que un ser humano tiene que someterse a un procedimiento frío que incluye una figura de autoridad, que es esto mismo porque así lo han decidido otros seres humanos. Esta presión de los primeros compases nos sirve para arrancar.


Surge (2020)

La experiencia (porque esto, más que una historia, es una experiencia) continúa en las calles de Londres, donde las personas están más predispuestas a gritarse las unas a las otras que a ayudarse. Evidentemente, nadie quiere ayudar a Joseph. Nadie ve que Joseph necesita ayuda. En realidad, nadie se implica lo suficiente como para entender que la necesita. Los acontecimientos finales podrían haberse evitado, como tantas veces se dice, pero nadie en su entorno se molestó en mirarle a los ojos y ver lo que había en ellos. El espectador sí ve lo que hay, como ve que sus gestos son cada vez más extremos y frecuentes; y estos gestos indican que no se encuentra bien, que está al borde del precipicio, que no aguanta más tanta presión, tanta insatisfacción. No hay comprensión a su alrededor; Joseph se encuentra solo. Y se siente solo.

En ese mundo vivimos, o eso sentimos viendo ‘Surge’, que nos muestra toda la tecnología de la que disponemos, todas las normas intransigentes que tenemos para funcionar, y las pocas conexiones reales de las que disfrutamos. No funcionamos, en realidad. Esto queda perfectamente reflejado cuando el personaje necesita 5 libras y es incapaz de conseguirlas. 5 libras. Algo tan absurdo, que contemplamos con incredulidad y también con la seguridad de que efectivamente es algo que sucede, le lleva a la desesperación final. Y con la desesperación final, tras el dolor, llega la caída última.

Pero ni siquiera con la caída llega la ayuda, la compañía y la atención deseada. Sus compañeros se enfadan por su comportamiento; aquella que es más cercana se ríe de él, desde una perspectiva más amable pero igualmente irresponsable, igualmente indiferente; los desconocidos también se mueven entre la indiferencia y la despreocupación. Y a mí me sale gritar a la pantalla: “¡necesita ayuda! ¿Es que acaso no lo ven?”. Grito de verdad y pienso: vale, pues ‘Surge’ me ha atrapado.

En cada uno de los momentos, la cámara lo sigue de cerca. Dependiendo de su estado de ánimo, lo hace con unos movimientos o con otros, siguiendo un ritmo o otro, dejando que nos acerquemos a él o no. Pero siempre está ahí, como una sombra, como una reproducción exacta del mundo interior del personaje. Y no es precisamente agradable, porque estamos hablando de un viaje en el que el personaje se siente mal constantemente, físicamente incluso.

Otra vez tengo que destacar el gran trabajo de Whishaw, que hacía los minutos finales nos ofrece otros matices. ‘Surge’ es un viaje de autodestrucción, pero es cierto que también tiene algo de autoliberación, porque el personaje rompe con la sociedad y con las pautas que se supone debe seguir. Así que, al final, hay también algo de serenidad en su mirada, de tranquilidad, de libertad. Y la forma en la que observa a su madre… Hay también algo de compañía, finalmente. Momentáneamente.


Ben Whishaw en Surge

Una de las mejores cosas de ‘Surge’ es que terminas comprendiendo lo mucho que has empatizado con este personaje. En cada una de las situaciones incómodas, muchas provocadas por él mismo, lo comprendes. Tú sí lo comprendes. Quizá porque ves con mucha claridad que el resto del mundo no lo hace, ni siquiera lo intenta. Quizá porque quieres ofrecerle algo de esa compañía negada.

Aniel Karia desarrolla un trabajo fantástico en torno a todo esto, y Ben Whishaw lo hace brillar. Ha sido una gran experiencia, que es lo que pretende ser. Está disponible en Filmin.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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