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The King

El príncipe Hal debe abandonar la fiesta y convertirse en un rey guerrero para lidiar con los conflictos dentro y fuera del castillo en la batalla por Inglaterra.

Lo mejor
  • El trío protagonista, destacando a Timothée Chalamet
  • Buen guion, buena dirección, una película muy bien hecha, muy agradable de ver
Lo peor
  • No puede destacarse ningún elemento negativo, solo el hecho de que es una historia más, que ya conocemos y que ni siquiera es demasiado épica

Netflix ya ha puesto a disposición de sus suscriptores ‘The King‘, una de esas películas que uno tiene más ganas de ver por todo lo que la rodea que por la trama en sí. Al fin y al cabo, no es la primera vez que se adapta esta historia shakesperiana que tiene como protagonista a un joven Hal que debe madurar para convertirse en rey, en contra de sus propios deseos pero consciente de que no puede ser un mal gobernante. En esta ocasión, es Timothée Chalamet el encargado de dar vida al inesperado rey de Inglaterra, y con él han llegado matices melancólicos, casi oscuros, que confieren a la película estos mismos aires.

David Michôd es el encargado de dirigir una película que también ha guionizado, junto a Joel Edgerton. Precisamente el actor es una de las razones por las que ‘The King’ puede resultar tan satisfactoria para el espectador: su trabajo interpretativo es fantástico, y con Chalamet forma una dupla muy agradable de ver. A ellos se les une Robert Pattinson; he leído que su trabajo es casi ridículo, en el mal sentido, pero a mí me parece que le aporta la comicidad con la que está escrito el papel. Y me gusta tanto como me ha gustado en otras ocasiones.

‘The King’ es muy sencilla de seguir, aunque como suele suceder con las películas del género, no te sitúa en un contexto perfectamente definido porque el contexto es la historia misma, así que la empiezas sabiendo que te has perdido y te vas a perder cosas. Para los más curiosos, puede ser un problema, pero no molesta. ‘The King’ te cuenta una parte de la historia, y está bien contada. Esta historia incluye a nuestro príncipe Hal que, distanciado de su padre, el rey de Inglaterra, se dedica a llevar una vida corriente, entregado a los placeres y sin ningún tipo de responsabilidad. A la muerte de su padre y de su hermano pequeño, que iba a heredar el trono, tiene que asumir su destino, con el que llegan una serie de responsabilidades que demuestran que el joven había renunciado a la corona por un deseo propio, no por incapacidad de cumplir con el cargo.

Su primer y principal atractivo es este protagonista, cuya historia personal interesa más allá de la propia historia. Así que su primer y principal atractivo es un Timothée Chalamet, que ya no tiene que convencer a nadie de su talento interpretativo. Chalamet está cautivador y contenido al mismo tiempo, con esa melancolía ya clásica en el joven actor a la que antes me he referido. Los diferentes conflictos a los que se enfrenta están bien planteados, y también se construye con acierto una personalidad que evoluciona, o más bien se amolda, a lo que se requiere de él a lo largo de la película.

Una personalidad bien construida que está destinada a responder a una serie de preguntas que tienen que ver con el reinado, las traiciones y manipulaciones que inevitablemente llegan con él, y todas las respuestas claras que también uno puede obtener a través de este. En ‘The King’ asistimos al endurecimiento del carácter de un joven obligado a ser alguien que es, pero que nunca hubiera querido ser. Es un personaje humano, del que se muestra su mejor cara. Al final, pensé, es sobre todo la historia de un niño que se convierte en un hombre adulto.

Buen guion, buen montaje, buena dirección. ‘The King’ es solemne, y por eso en ella se habla en susurros. Es todo muy inglés, y también muy francés. Pausada, tranquila, hasta las afrentas se hacen con elegancia y con gracia. Esta solemnidad contrasta con los gritos de la batalla, larga y confusa, porque así es una batalla: sucia, brutal, sin aclarar.

The King’ es una buena película, porque todo en ella es bueno, pero es una historia más, que ya hemos visto otras veces. Me quedo con ganas de preguntar el porqué de su rescate y producción, porque ni siquiera es una historia demasiado épica, pero agradezco que se decidieran por ello. Son dos horas interesantes en las que todo está en su justa medida y en las que destaca un Timothée Chalamet que sigue encadenando una buena interpretación tras otra. En Netflix desde el 1 de noviembre.

Judith Torquemada

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