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De todo esto nos habló ‘El Embarcadero’ en su primera temporada

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Creo que entiendo bien las intenciones de Álex Pina y Esther Martínez Lobato, creadores de ‘El Embarcadero’. No siempre comparto las conclusiones a las que llegan sus personajes, tampoco tengo claro que sea una extensión del pensamiento de sus creadores o un simple discurso ficticio, lo que sí sé es que disfruto reflexionando al lado de todos ellos, los de verdad y los de ficción, y que siempre agradeceré (como he dicho en más de una ocasión) que existan series valientes que se atreven a hablar de sentimientos, de emociones y del ser humano. Series que te invitan a tener conversaciones contigo mismo porque esa es su esencia; series que quizá consigan que te replantees una o dos cosas, o que te reafirmes, o que llores y cambies lo que te hace llorar. Es importante provocar cosas, al margen del entretenimiento.

Creo que esta es una de las intenciones de los creadores de ‘El Embarcadero’, y tengo que felicitarles por ello, porque lo consiguen. Nos ponen personajes complejos ante nosotros, y con ellos nos colocan en realidad ante nosotros mismos. Porque esos personajes pueden ser reflejos o enemigos, y en cualquiera de los dos casos extraeremos algo. Yo he extraído mucho de la primera entrega de la ficción de Movistar+; mucho más en un segundo visionado. Y he pensado que, por qué no, puedo amenizar con mis propias reflexiones la espera hasta la segunda temporada, de la que os hablo un poquito aquí, y de la que os seguiré hablando en los próximos días.

De todas las cuestiones que nos lanza ‘El Embarcadero’, la que ha dejado mayor poso en mí gira en torno a la libertad que tenemos para ser quienes queremos ser, con todo lo que eso conlleva. ¿Cuánto nos deja esta sociedad ser quienes queremos ser? ¿Cuál es el precio a pagar por no poder realizarnos como queremos? ¿Somos conscientes de que tal vez no estemos siendo quienes somos por miedo o por presiones externas? ¿Queremos serlo? ¿No da un poco de miedo también liberarnos de los prejuicios, incluso aunque los identifiquemos y nos creamos capaces de vencerlos? ¿Nos hemos acomodado en arquetipos corrientes que no dicen nada de lo que tenemos dentro?

Alvaro Morte e Irene Arcos

Y en función de esto: ¿cuánto llegamos a conocer a las personas que nos rodean? ¿Qué conocemos de ellas? ¿Cómo afrontamos una mentira? ¿Por qué recurrimos a la mentira cuando no queremos que los demás sepan algo de nosotros? ¿No queremos herirlos o no queremos herirnos? ¿Las dos cosas? ¿Cuál pesa más cuando queremos a alguien? ¿Podemos querer a alguien cuando no somos nosotros mismos con esa persona? ¿Podemos ser dos personas a la vez? Todas estas preguntas me las he hecho viendo ‘El Embarcadero’; la gran mayoría de ellas han nacido directamente de escenas muy concretas, algunas han sido resultado de un proceso mental que en ocasiones me ha llevado a obtener alguna respuesta.

Mis respuestas, en cualquier caso, no son importantes; lo importante es recuperar todo esto de lo que nos han hablado en los ocho primeros episodios, que a veces podemos considerar lejano pero que forma parte de nosotros mismos. Sin recurrir a situaciones extremas como las que vemos en la ficción, todas estas cuestiones pueden asaltarnos en cualquier momento de nuestra vida, y nos han puesto delante de ellas. Sobre todo con el personaje de Óscar León (Álvaro Morte), que es uno, dos y hasta tres personajes en uno mismo, ¿o solo son las múltiples caras de una misma persona? Esas múltiples personalidades se enredan a medida que avanzan los episodios, y creo que no son tan opuestas como creemos pensar en un principio, que son otro ejemplo de que a veces podemos sacar cosas de nosotros mismos y a veces no.

Es mucho más compleja su infidelidad, que creo que está explicada desde la perspectiva de que no quiere hacer daño a una de las mujeres de su vida, Alejandra (Verónica Sánchez). ¿Está justificada con ello su mentira? ¿Es honesta su mentira? ¿Podría no tener que recurrir a ella si no nos hubiéramos empeñado en poner límites al amor?

¿Se puede querer a dos personas a la vez? Es otro de los grandes conflictos de ‘El Embarcadero’. Las diferentes formas de amar, las diferentes formas de entender el amor. El daño que hacemos incluso cuando queremos, el daño que no queremos hacer. Verónica (Irene Arcos) nos dice que quería tanto, tanto a Óscar que solo quería que fuera feliz, y por eso todo lo que le hacía feliz a él, también le hacía feliz a ella. Incluso Alejandra. Incluso una segunda mujer en su vida. Y entonces te preguntas: ¿no es este el mejor amor? Y tal vez seas capaz de encaminarte hacia él, o tal vez te desvíes hacia otra dirección: ¿no es el mejor amor aquel por el que no nos importa renunciar a otras cosas, porque no estamos renunciando, porque no es un sacrificio, porque en realidad no necesitamos tenerlo todo si tenemos este amor?

Alvaro Morte y Veronica Sanchez

‘El Embarcadero’ nos pone frente a uno de los temas más recurrentes en el cine romántico: esa posibilidad de amar, y amar de verdad, a varias personas, por varios motivos que en realidad son el mismo. Queremos y punto. Pero vuelve impuro ese amor a dos bandas, porque no es un amor honesto ni libre: se está cometiendo una infidelidad. ¿Es por ello menos amor? ¿Es por ello peor amor? ¿Y si la mentira está asentada en la seguridad de que solo así harás feliz, porque quieres hacer feliz, a la persona que amas? Insisto: no comparto todas las resoluciones que se dan a partir de estas cuestiones, pero he agradecido que me inviten a explorarlas desde rincones que nunca había visitado. Creo que los actos Óscar, que no acepto en la realidad, está contados desde una comprensión interesante. No lo aceptas, pero lo comprendes. Y la infidelidad, inaceptable, tiene aquí otros matices. El sexo importa, pero en todas las relaciones puede tomar distancia, si así ha de ser, con el amor, que siendo impuro es puro. Lo sé, lo sé: muchas contradicciones. Pero es que así es ‘El Embarcadero’ y así son sus personajes, porque así es el ser humano.

No todo gira en torno al amor en ‘El Embarcadero’, aunque desde ese punto parte la ficción. También reflexionamos sobre la pérdida, sobre lo que queda después, sobre ese tipo de dolor inexplicable y desgarrador. Y lo hacemos al principio desde la impotencia de quien ha perdido a la persona amada porque esta ha decidido quitarse la vida. Nos lo cuentan con mucha claridad: es mucho más duro que si fuera un accidente, porque te preguntas cosas y no tienes respuestas a nada, porque te sientes impotente porque necesitas saber y no puedes, porque te sientes inservible porque quieres haber sabido ayudar y no pudiste. Es un asunto muy delicado, y como tal está abordado desde la delicadeza y desde el respeto. Por favor: no dejemos de pedirnos ayuda los unos a los otros.

También nos hablan del perdón, de las segundas oportunidades y también de aquellas que son nuevas, desconocidas e inesperadas. Nos hablan de la amistad, inesperada pero sincera, de cómo podemos encontrar un hogar donde menos lo esperamos y de que tenemos que conservar ese hogar. ¿A cualquier precio? Para cada asunto encontramos decenas de preguntas. Las respuestas, ya lo he dicho, quedan en vosotros.

Irene Arcos y Verónica Sánchez

Por cierto: fantástica defensa de la libertad sexual, disfrutada siempre desde el respeto. Me encanta que Verónica nos recuerde que algunos deberían bajarse de ese pedestal al que están subidos por alguna ley moral que se han inventado. Brava.

La segunda temporada de ‘El Embarcadero’ se estrena el próximo 17 de enero en Movistar+.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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