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‘El Ministerio del Tiempo’: Pacino es el corazón

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Las caretas de tío duro, de tío de calle y de ‘bad boy’ madrileño se le cayeron a Pacino prácticamente desde el momento en el que le conocimos. Ahora, desde la distancia, lo cierto es que parece que siempre ha estado ahí. Que le conocemos desde el mismo instante en el que conocimos el Ministerio. Hace mucho que olvidamos que llegó más tarde que el resto, que incluso hubo según qué reticencias a la hora de recibir a un nuevo personaje y dejar marchar a otro y que también generó tiranteces en la patrulla. Lo hemos olvidado porque su bondad, su valentía, su perseverancia y su sentido del humor eliminaron todas nuestras dudas de raíz. Conquistándonos hasta el punto de convertirse en uno de los personajes más queridos y en uno de los pilares fundamentales de ‘El Ministerio del Tiempo’.

En el último episodio de la cuarta temporada de la ficción de los hermanos Olivares, Salvador Martí lo definía como el corazón y la honradez. Puede resultar una definición escueta, demasiado condensada, pero no se me ocurre una mejor manera de hablar de Pacino. De ese hombre generoso, entregado a su trabajo y a sus relaciones, que siempre sigue lo que le dice su corazón, aunque muchas veces tenga que romperse por el camino. Un hombre siempre dispuesto a escuchar y a arriesgarse por los demás y por el bien común. Alguien que nunca pierde la sonrisa o el buen humor, como esos músicos que tocaban mientras se hundía el Titanic, Pacino siempre sostiene al resto del equipo.

Aun siendo consciente de que ningún agente es imprescindible en el Ministerio, no soy capaz de concebir la serie sin su presencia. En silencio, colándose poco a poco en el interior del espectador con su autenticidad y su energía, ha terminado asentándose como el alma de la ficción. Como uno de sus pulmones, un personaje vital al que, además, le debemos algunos de los mejores momentos que hemos presenciado.

Un buen hombre

El Ministerio del Tiempo
Foto: RTVE / David Herranz

Como todos, Pacino ha cometido errores. Aún tenemos presente el episodio en el que, con el objetivo de salvar a Lola, cambió la historia en numerosas ocasiones. Guiado por la desesperación provocada por la desaparición de esta, se saltó la norma más importante del Ministerio, poniendo en peligro nuestro presente y, por supuesto, las vidas de sus compañeros. Es en este episodio donde también encontramos una prueba más que evidente de la bondad del personaje.

Pacino logró salvar a Lola. Pero el precio a pagar por la vida de la mujer a la que ama fue demasiado alto. Compañeros muertos, el Ministerio destruido y desajustes temporales que muchos habrían aceptado, con tal de lograr lo que deseaban. Pero que para Pacino pesaron mucho. Aunque en ese episodio le vemos actuar guiado por la desesperación y de manera ciertamente egoísta, termina anteponiendo la vida del resto de sus compañeros a la suya propia, a sus deseos y a su amor.

En un acto de total generosidad, que personalmente no sé si yo sería capaz de llevar a cabo, abandona su lucha, se rinde y acepta una situación muy difícil de aceptar. Sobre todo por alguien acostumbrado a solucionar los problemas de todo un país y que, de repente, se ve incapaz de salvar a la mujer a la que ama y con la que quiere compartirlo todo.

Este episodio también nos permite comprender que, aunque Pacino es una persona que siempre se deja guiar por su corazón, entiende de deber. En algunos momentos, le ha costado acatar según qué normas. Por su inquietud y por su sentido de la justicia. Pero ha terminado aceptando que las normas están para cumplirlas. También en los casos en los que la lógica nos lleva hacia otro camino. O en aquellos en los que nuestra ideología o nuestros sentimientos hacen lo propio.

Además de ser un buen hombre, todo corazón y todo generosidad, Pacino es un gran agente del Ministerio. Una persona en la que confiar ciegamente y a la que entregar el peso de misiones complejas, que nunca le quedan grandes. Eso es algo que me sorprendió en su día de este personaje. No entiende de imposibles, ni de obstáculos insalvables. Sea cual sea su misión, se entrega a ella con confianza y con aplomo. Y, tirando de la picardía de la calle, soluciona lo que parecía una hecatombe inevitable.

El compañero perfecto

El Ministerio del Tiempo
Foto: RTVE / David Herranz

Para ser justa, todos los agentes del Ministerio son buenos compañeros. O, al menos, han demostrado serlo durante la mayor parte de las cuatro temporadas. Pero el caso de Pacino es especial. Es un compañero en el que confiar, también cuando mete la pata, y un aliado perfecto para cualquier tipo de plan. Pero, además, a través de su templanza y a su carácter abierto, es el típico compañero que elimina una importante parte de la tensión. O que nos empuja a tomarnos con humor hasta las situaciones más peligrosas.

También es un amigo, para todos y cada uno de los miembros del Ministerio. Con Pacino al lado, tienes garantizada la sinceridad, así como unos brazos que siempre acogen. Es una persona con la que desahogarse, a la que acudir cuando se necesita consejo y también cuando surge un problema. Uno de esos seres humanos que sólo transmiten cosas positivas y que todos queremos tener a nuestro lado.

Cuando Pacino aparece en pantalla, es imposible no sonreír. Es uno de los alivios claros de tensión durante toda la serie, pero también uno de los personajes más humanos. De principio a fin. Un hombre bueno, sensible, honesto, generoso y divertido que ha conseguido ganarnos a todos. Y que no habría sido el mismo sin el brillante trabajo de Hugo Silva.

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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