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Javier Olivares: “A veces, hacer una serie puede justificar tu vida”

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La cuarta temporada de ‘El Ministerio del Tiempo’ sabe a fin de ciclo. Pero también sabe a evolución, a escucha activa, a atrevimiento y a un amor profundo por las series. Y, por supuesto, por la historia. Todo esto, como la propia ficción en sí, se lo debemos en una importante medida a Javier Olivares. Creador y guionista de la serie, parte fundamental del equipo de The Mediapro Studios y entusiasta de las ficciones. Amante de este Ministerio que creó con su hermano Pablo y que sigue construyendo temporada a temporada. Y eterno agradecido a un público que sigue sosteniendo el proyecto y que siempre ha sido uno de los ejes principales del mismo. 



Aprovechando que estamos llegando a los últimos compases de la cuarta entrega de la serie, producida por Globomedia y emitida en La 1 de Televisión Española, hemos tenido la oportunidad de hablar con Javier. De repasar esa construcción de ‘El Ministerio del Tiempo’, de analizar sus columnas vertebrales, las huellas que ha dejado en él la ficción y lo mucho que queda por contar. En una charla en la que se respira ese amor por las series del que hablaba, así como un enorme orgullo y un cariño único para ese Ministerio del que nunca se cansará. Y yo, honestamente, tampoco. 

El Ministerio del Tiempo
Foto: RTVE / David Herranz

MEW MAGAZINE (MW): ¿Qué ha significado para ti esta cuarta temporada de ‘El Ministerio del Tiempo’?

JAVIER OLIVARES (JO): La posibilidad de hacer cosas que tenía pensadas y no había hecho. Cerrar historias de los personajes. Y comprobar que esta serie está más viva que nunca y que supone un fenómeno cultural que traspasa las barreras de lo meramente industrial… Con lo cual, pienso que en algo se ha fallado para que, industrialmente, no haya recogido más frutos y hayamos tenido que esperar 3 años para volver. También supone cerrar un ciclo. Esto no quiere decir que no haya otro (aunque no depende de mí). Pero si hay un ciclo nuevo, será eso: nuevo.

MW: Sabemos que la idea surgió de tu hermano Pablo, hace ya más de una década. Viajes en el tiempo por la historia de España. Pero, desde el momento en el que decidís retomarla, ¿cómo se construye ‘El Ministerio del Tiempo’?

JO: La idea surge en una reunión de los dos hace 19 años. Vamos picándonos el uno al otro y, de repente, Pablo lanza la idea de una serie de viajes por el tiempo. Obviamente, por entonces, esta serie hubiera sido imposible de desarrollar. Además, teníamos que ganarnos la vida… Y se quedó en unas notas en un cuaderno. La retomamos tras dejar Isabel, ya con Pablo diagnosticado de ELA. Nos ponemos a crear un mapa de tramas históricas y unos personajes (los que son, exactamente). A partir de ahí, escribimos el capítulo 1 y lo enseñamos a TVE. A Fernando López Puig le gustó y ahí empezó todo. Sin él, nada de esto existiría.

“Esta serie está más viva que nunca”

MW: Personalmente, me gusta ver que, cuatro temporadas más tarde, se sigue construyendo. Que se sigue arriesgando, que sigue habiendo una evolución. ¿Cómo se sigue construyendo ahora ‘El Ministerio del Tiempo’?

JO: Como siempre, desde el guión. El proceso es el mismo. Sólo se echa de menos a un genio como Pablo. Esta serie tiene un sello de autoría muy definido (y sé que mis guionistas lo sufren) que conlleva unos arranques de temporadas muy personales. A partir de la aceptación de TVE de lo que quiero contar, lo primero es ver la disponibilidad de los actores. El paso siguiente es la producción y ajustar las ideas a las posibilidades reales. Luego, el proceso es el mismo: documentación, trabajo de guión muy profundo y, cuando está en un determinado punto, entramos a trabajar con los directores. En esta cuarta temporada, Marc Vigil, aparte de director, es productor ejecutivo. Y que un director comparta esas tareas, es esencial. 

MW: En esta cuarta temporada, estamos viendo cómo se da más espacio a todos los personajes. No sólo a nivel de tiempo en pantalla. Sino a nivel de introspección en ellos mismos, en sus problemas, en sus reflexiones. ¿Por qué decidisteis tomar este camino?

JO: Porque partí de una base muy rotunda. Habían pasado 3 años para la serie… Y decidí que también había pasado ese tiempo para nuestros personajes. Eso, obligatoriamente, abría la puerta a profundizar en los mismos. Y convertir la serie en algo más adulto. Y, en ocasiones, crepuscular y nostálgico. Aunque en realidad, esta serie siempre ha tenido mucho de eso. Desde la pérdida de Pablo, el hecho de que viajar por el tiempo genera situaciones emocionales difíciles de ajustar para nuestros protagonistas… También hemos tenido más tiempo para estructurar la temporada. Los cambios, las disponibilidades de los actores, el presupuesto… nos ha hecho reiniciar el proceso tres veces.

Y al final, pese a todo, creo que para bien. Creo que capítulos de temporadas anteriores, como el primero de la serie, el de la Armada Invencible, los nazis con Franco y Hitler en Hendaya, la Residencia de Estudiantes, El Cid, los últimos de Filipinas, la Vampira del Raval, Cervantes, Napoleón, Felipe II, Viridiana, el del hombre que nunca existió (en la II Guerra Mundial)… son capítulos a nivel individual muy difíciles de igualar. Pero la estructura seriada de esta cuarta temporada es la más sólida de todas las temporadas. Y el que los capítulos duren 55 minutos ayuda mucho. 

“El sello, lo importante, es el propio Ministerio del Tiempo”

MW: ¿Cómo se consigue ese equilibrio tan natural en una serie tan coral como esta? En la que no pasa nada si Alonso está ausente un capítulo, o Pacino, o Julián. 

JO: Porque el sello, lo importante, es el propio Ministerio del Tiempo. Y el Ministerio, esencialmente son Salvador Martí, Ernesto, Angustias e Irene. Salgan poco o mucho. Y por la decisión firme (y a veces no entendida por algunos) de que esta serie no es ni será nunca la típica serie de protas y secundarios. Los supuestos secundarios son el verdadero oro. Y esto evita caer en los tópicos: historias de amor, buenos y villanos…

Ahora, también te digo que a veces eso se consigue devanándose los sesos hasta un nivel de agotamiento absoluto. Si te contara la de cambios que ha habido en los guiones porque no podíamos contar (por agenda y/o por presupuesto) con todos a la vez, te darías cuenta de ello. Como no lo cuento, parece que todo está planeado. Que lo está. Pero sobre una base clara: lo que se puede producir o no. La suerte es que, esta vez, hemos tenido tiempo para pensar por apoyo absoluto de TVE. Y, también, una producción ejecutiva eficaz y compartida con Marc Vigil, una labor transmedia espectacular a cargo de Pablo Lara Toledo y un equipo de producción excelente. El mejor con el que he trabajado nunca. Y eso es mérito de Globomedia / The Mediapro Studio. 

MW: ¿Por qué crees que en España tendemos a despreciar tanto lo nuestro? Nuestras figuras históricas, por supuesto. Pero también, por ejemplo, nuestra ficción. 

JO: No te creas. A veces nos miramos demasiado el ombligo alabando lo que no lo merece por ser nuestro. Pero sí, lo que dices ocurre. Me jode mucho cuando se ha dicho que ‘El Ministerio del Tiempo’ es una serie tan buena que no parece española. Pero vamos avanzando. Hay que seguir luchando, pero ahí estamos con series como la nuestra, ‘Vis a Vis’, ‘La Casa de Papel’, ‘Merlí’, ‘Fariña’, ‘Isabel’… Series creadas por gente que hemos crecido haciendo televisión y desde el punto de vista del guión, cosa que remarco porque a veces se nos mira (a esa gente) por encima del hombro. En cuanto a nuestros personajes históricos, el problema es otro. Es que se ideologiza todo.

Se intenta entender lo que pasó desde los tiempos actuales para beneficio de una tendencia ideológica. Y, como vivimos en una sociedad muy guerracivilista, dividimos nuestra Historia en personajes buenos y malos. Y entre el blanco y el negro hay una gran gama de grises

MW: Como espectadora, valoro que una serie como ‘El Ministerio del Tiempo’, emitida en una cadena pública, abrace la diversidad, visibilice y sea crítica siempre. ¿Es algo que siempre tuvisteis claro, pese a lo que podía implicar a la hora de vender el proyecto?

JO: Siempre. Absolutamente. Y era innegociable. Y si hiciera una nueva serie, trataría de abordar el siguiente gran debate, para mí: mostrar una España multirracial. Yo vivo en Usera, donde el 70% de mis vecinos son latinos, chinos… Creo que esa es la siguiente revolución pendiente de nuestra ficción. 

“Si hiciera una nueva serie, trataría de abordar el siguiente gran debate, para mí: mostrar una España multirracial”

MW: También valoro que aquí se rete al espectador, que se le tenga en cuenta, que haya un juego constante. Que se nos invite a pensar y a sacar conclusiones. Cuando creas, ¿qué papel le otorgas al público? Imagino que, aunque crees para ti, es imposible olvidarse de los espectadores. 

JO: El público juega un papel esencial. Hay un público que no nos va a ver nunca. Y me parece correcto, nunca pretendimos ser mainstream y no le puedes gustar a todos. Sería horrible. Porque para gustar a todos hubiéramos hecho un Ministerio que no sería el que es de complejo, de avivar la curiosidad. De hacer que la gente vea los capítulos dos o tres veces porque hay detalles que se escapan la primera vez que lo ves: que están ahí, pero que, siguiendo la historia, a veces se te pueden escapar. Esta no es una serie de irse a preparar la cena mientras la ves, lo siento. Por eso su consumo en diferido, en la página web, en plataformas como HBO… Nuestro juego, nuestras reglas.

Por eso (y porque TVE ha apostado por ello) hemos conseguido ser diferentes. Creo también que había un público que no veía series españolas que cuando apareció ‘Isabel’ o el Ministerio se pusieron a verlas. Estaba ahí, pero no se le hacía caso más que de vez en cuando (‘Vientos de agua’, ‘Juncal’ o ‘Padre Coraje’, para mí esencial en la historia de nuestra ficción en la era de las privadas). Por lo demás, yo creo (y Pablo también) que tienes que hacer una serie porque tienes algo que contar y porque te guste verla después. Porque no me considero más listo que ningún espectador. Y si a mí me apasiona hacerla, creo que es la vía más directa para apasionar al que la ve. 

MW: Si antes las audiencias no siempre reflejaban fielmente la realidad, ahora, con los cambios en el consumo de ficción, es aún más complicado medir el impacto de una serie. Para ti, ¿qué es el éxito? ¿Dónde encuentras más satisfacción?

JO: En saber que ‘El Ministerio del Tiempo’ es la primera serie española que ha generado ese debate. Que ha demostrado que las series se ven (también en España) de muchas maneras. Que el espectador ha decidido ser su propio programador. No es complicado medir el impacto de una serie y sus audiencias. Hay medios. Y evidencias. Ahí, la industria tiene que dar el paso. Porque si no, la información (y sus datos) se convertirá en mera promoción y se confundirá el valor de las cosas bien hechas. Se confundirá valor y precio.

Se hundirá algo tan necesario como las series en abierto de calidad, la creatividad de los jóvenes que vienen pidiendo una oportunidad… Sin riesgo ni pasión no merece la pena vivir, así que imagínate hacer series. Y más cuando las series están contando nuestras vidas y nuestros sueños mejor que nadie desde finales del siglo XX. Cuando consigo conectar con el público y noto que he contado esas vidas y esos sueños, ahí es cuando más satisfecho estoy

“Sin riesgo ni pasión no merece la pena vivir, así que imagínate hacer series”

MW: Esta temporada de ‘El Ministerio del Tiempo’ nos está dejando momentos muy especiales. Con viajes con un impacto más fuerte para Irene, para Salvador… De las cuatro entregas que llevamos, ¿cuál ha sido el viaje más especial para ti?

JO: El episodio de Salvador y Emilio Herrera porque adoro a Jaime Blanch y se lo merecía. Y porque teníamos una deuda con el mundo de la ciencia. También porque para mí Herrera, aparte de un genio, es el prototipo de español que admiro especialmente. Pero también hay momentos especiales que, por fin, he podido conseguir: usar canciones. El ‘Life on Mars’, oír cantar a Camarón, el momento del V’elasque, ¿yo soy guapa?’ … Los tenía pendientes en mi alma. Y fíjate que nos quedamos sin presupuesto para más canciones en el capítulo 4 de 8. Imagínate si las hubiéramos podido utilizar en temporadas anteriores: ‘Maneras de vivir’, ‘Cambio de Tiempo’ (de Astrud), ‘Aquellas pequeñas cosas’, el ‘No hay nadie como tú’ (Soberbia) de Esclarecidos, ‘Dulce Condena’ de Los Rodríguez, ‘Nocturno de princesa’ de Moris… ¿Te imaginas los momentos inolvidables que podríamos haber generado?  

MW: ¿Y a qué lugar o a qué figura te quedas con las ganas de viajar (de momento)?

JO: A conocer a Sor Juana Inés de la Cruz. A contar la historia de la pintora Ángeles Santos. A descubrir a Andrea Casamayor, una matemática aragonesa del siglo XVII. Fue, con 17 años, la primera mujer que escribió un texto científico en este país… Y lo tuvo que firmar con pseudónimo masculino para que viera la luz. Haría un Departamento de las Mujeres Olvidadas dentro del Ministerio del Tiempo.

También contaría por qué no se aprobó para luchar en Cuba el submarino de Isaac Peral, Numancia, Al Andalus, a contar la historia del que hacía la versión castellano parlante del Dracula de Bela Lugosi, la de Wenceslao Moreno (un ventrílocuo que triunfó en los EEUU, tío por cierto de José Luis Moreno), a contar el origen de las fake news con historias como El Niño de la Guardia o el Motín de Esquilache, la historia del maqui Foucellas (al que le perseguía toda la Guardia Civil pero los domingos se iba a ver al Depor disfrazado de cura), la del primer comandante afroamericano que lideró tropas USA (el Batallón Lincoln, en España: murió en Villaviciosa de Odón, de hecho)… Y mil historias más.

Como ves, hay muchas. Y bastantes de ellas que ya las tenemos documentadas porque nos planteamos hacerlas esta cuarta temporada. Pero desistimos porque no logramos trazar una historia bien contada o, esencialmente, por falta de medios.

Porque hacer series es contar lo que puedes producir no lo que sueñas producir

“Haría un Departamento de las Mujeres Olvidadas dentro del Ministerio del Tiempo”

MW: Como creador, ¿qué has aprendido en ‘El Ministerio del Tiempo’? ¿Qué huellas deja la serie en ti?

JO: Que a veces, hacer una serie puede justificar tu vida. Que no tienes que bajar la cabeza nunca si crees en lo que haces. Y que honrar a alguien que quieres, como mi hermano, es algo por lo que merece la pena luchar. Como luchar por hacer series diferentes y defender tus ideas y tu oficio. Para contarte las huellas (y las heridas) que deja en mí, necesitaría escribir un libro, de verdad. Pero, sobre todo, la principal huella es mantener vivo el recuerdo de Pablo, lo feliz que está mi gente con esta serie (sobre todo mi compañera) y el cariño que he recibido de los ministéricos. Sin ellos, no hubiera sido posible

MW: Evidentemente, quedan muchos capítulos en la historia de España por visitar. Y queda mucho por explorar de los personajes, de sus vidas, de los dilemas a los que nos enfrentamos día a día. Como creador, ¿has encontrado un punto y final para ‘El Ministerio del Tiempo’? No me refiero a que la serie se despida definitivamente con esta cuarta temporada, sino a que si ya sabes cómo o dónde o de qué manera quieres poner el cierre. 

JO: Esta temporada cierra un ciclo, como te he dicho. Pero el final de esta serie lo marca que alguien la quiera seguir haciendo y, si se da el caso, ahí estaré. Porque hay muchas cosas que contar todavía. Pero iniciando un nuevo ciclo, sin duda. Porque repetirse es morir. 

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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