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‘Juego de Tronos’ nunca fue tan grande

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‘Juego de Tronos’ nunca ha sido tan grande como lo fue en su primer episodio. He regresado al principio, perdiendo la cuenta de las veces que lo he hecho ya. Soy una nostálgica, una melancólica que vive mejor en el pasado, aferrándose a cosas que ni quiere ni puede dejar ir. Ned Stark seguramente sea la principal, y ‘Juego de Tronos’ también lo es. Sobre todo, esta primera temporada. Recuerdo ver sus ocho primeros episodios de manera febril, precisamente durante un episodio de fiebre, durante cuatro días en casa, incapaz de levantarme para asistir a clase, porque en esas estaba. Con clases y con la primera temporada incompleta. Vi los ocho primeros episodios, esperé una semana y vi ese episodio. Me volvió la fiebre. Esperé otra semana, y vi el último de la temporada. Y me recuerdo pensando: lo que acabo de descubrir aquí.

Yo, que vivo en el pasado, fui más consciente que nunca de lo que había descubierto en el presente. Para el final de ese verano ya me había leído todos los libros publicados y tenía un lobo huargo tatuado en el corazón. Volví a ver la primera temporada. Y es que, de verdad, ‘Juego de Tronos’ nunca fue tan grande. No tanto por lo que estaba mostrando en pantalla, que también, sobre todo por las posibilidades que se desprendían de esos primeros capítulos tan bonitos, tan bien llevados, tan esenciales, tan llenos de detalles.

Viéndolos ahora, con el paso del tiempo, con el final (de la serie) ya con nosotros, uno comprende que desde el principio todo estuvo ahí. Que tuvimos todas las claves, todos los conflictos, todas las aristas. En el primer episodio. Sin necesidad de más. Viéndolo ahora, uno comprende el trabajo que hay detrás y casi sale perdonar a David Benioff y D. B. Weiss por sus futuras faltas. Diréis: tampoco nos pasemos. Vale, tampoco nos pasemos.

‘Juego de Tronos’ no terminó como empezó. Al margen de las resoluciones como tal, ese desarrollo bonito y bien llevado se perdió por el camino, como se perdieron algunos personajes, como se olvidaron algunas historias. Muy mal todo esto, pero siempre recordaré esta ficción como una ficción que durante sus cuatro primeras temporadas me hizo soñar como ninguna otra lo había hecho -quizá con la excepción de ‘Doctor Who’, pero qué se puede decir de la Reina de las Series. Incluso la quinta a veces, incluso la sexta a veces. Incluso la última, aunque fueran muy pocas veces.

Pero volvamos a cuando la grandeza no era una excepción sino una regla. Volvamos a las primeras imágenes, volvamos a la presentación. Repasemos todo lo que vimos en el primer capítulo de una de las ficciones más importantes de la historia.


Juego de Tronos - Caminantes Blancos

El imaginario de Martin

El imaginario de George R.R. Martin está presente en ‘Juego de Tronos’ desde este primer capítulo. De hecho, el episodio comienza con un primer encuentro con los Caminantes Blancos, aunque por entonces no podíamos ponerles nombre ni tampoco nos daban el miedo que nos dieron después. A pesar de que esta primera escena es bastante escalofriante; es fría, es oscura, es casi tétrica. Los personajes huyen de ella, dándonos a entender que ahí está pasando algo. Me gusta lo mucho que contrasta con lo que viene después, que es la calidez de la fría Invernalia, porque Invernalia, en realidad, siempre fue cálida.

Este primer capítulo, por cierto, se llama ‘Winter is coming’. Se acerca el invierno. El lema que nos ha perseguido desde entonces. El invierno se estaba acercando. No solo era una advertencia, también era una promesa. El invierno se acercaba y teníamos que prepararnos; nos lo dice Sean Bean con esa voz y ese rostro tan serio, y nos fiamos porque es Sean Bean y Sean Bean siempre sufre y muere. Sus advertencias son serias.

Junto a los Caminantes Blancos sin nombre, la Guardia de la Noche. También está presente en este primer capítulo, y ya nos dicen varias cosas que debemos saber. Que son un grupo de hombres muy valientes y muy fuertes que tienen misiones de protección que cumplir, y que quien se une a este grupo lo hace para siempre. En el caso de desertar, el destino que les espera es la muerte. También nos hablan de honor, porque Jon Snow quiere unirse a toda costa y habla de ello con orgullo. Y nos hablan de misterio, porque esa figura de Benjen Stark aparece de la nada y no dice demasiado, pero llega envuelto en un aura misteriosa que nos atrae desde el principio.

Lo que digo: todo está en el primer capítulo. Es más fácil verlo cuando ya has hecho el viaje completo, pero aun así, aun sin saberlo, aun sin poner nombres, se siente, porque el clima que se crea es maravilloso. Y eso que algunas imágenes no tienen la calidad que ‘Juego de Tronos’ llegaría a tener más adelante, ni tampoco la soltura en los diálogos y en las escenas de las batallas verbales que se dieron más tarde. Aun así, sí, está. Todo está.

El exotismo de los dothrakis, que de alguna manera asociamos con un clima más cálido, abandonando un poco el frío. La maldición de una dinastía caída, los Targaryen. Tenemos a Daenerys Targaryen, también a Viserys Targaryen, que tiene el aspecto de una divinidad, y que nos habla de dragones, de reconquistar un reino que estamos descubriendo y que debería ser suyo. Nos hacen dudar de la legitimidad del actual rey, a pesar de que, ya lo hemos visto, el actual rey es el mejor amigo de nuestro protagonista, que es Sean Bean. Todo está unido y mezclado, formando un entramado perfecto que funciona provocando algo de confusión, no lo niego, pero sobre todo interés.


Juego de Tronos - Daenerys

Ned Stark

Por supuesto que voy a hablar de Ned Stark. Es la figura central de esta primera temporada, y ni siquiera cuando La Tragedia tiene lugar deja de ser un personaje importante. En cada capítulo, hasta bien entrada la cuarta temporada, incluso entonces de vez en cuando, se le menciona. Ned Stark es por quien empieza todo. Es una especie de detonante de todos los grandes conflictos que nos afectan después. Y es también el personaje al que queremos querer, aunque no nos dejen hacerlo. Hace tiempo perdoné a George R.R. Martin por hacerme sentir que era el protagonista de esto, cuando no era más que un peón en su juego de tronos, así que él también debe perdonarme y permitirme que siga considerándolo así. Un protagonista.

En torno a Ned Stark gira casi todo este primer episodio. Es el padre de una numerosa familia, y con todos los miembros parece tener un vínculo especial, de esos que surgen entre las buenas personas que se quieren y se respetan. Intentaré no llorar mucho hablando de esto, pero siempre he sido una Stark, así que perdonadme.

Es también uno de los protectores del reino. El guardián del Norte. El encargado de dar muerte a los desertores de la Guardia de la Noche, porque el hombre que dicta la sentencia es el que debe blandir la espada, y porque él no es el tipo de persona que se salta una promesa, un juramento o un deber. Lo sabemos desde el principio: Ned Stark es honorable, honesto, leal. Serio, aunque se guarda sonrisas para su familia. También para su buen amigo Robert Baratheon, que es el Rey. El Rey de todo. Y que acude en su ayuda. Así que, también lo comprendemos, Ned Stark es un hombre en el que podemos confiar.

Entre otras cosas, porque no está para juegos. Le dan igual los juegos. No los quiere. Lo sabemos por ese pequeño encontronazo con el fanfarrón Jaime Lannister, que quiere provocar a nuestro protagonista, y lo que consigue es que lo respetemos aún más. En un mundo, lo estamos viendo, en el que hay tableros de ajedrez dispuestos para mover ficha y comerse al rey enemigo, Ned Stark se mantiene al margen. No quiere títulos, ni responsabilidades más allá de cuidar de su familia y su tierra. Pero quiere a su amigo Robert, y por ello también hace concesiones. Lo que nos lleva a continuar: Ned debe marcharse, abandonar su hogar, para proteger el reino. Según vemos, sobre éste se ciernen muchas amenazas. Y evidentemente aquí encontramos el principio de una historia.


Juego de Tronos - Ned Stark

Los malos

Que son, obviamente, los Lannister. Es muy diferente el tono empleado para contarnos historias de los Stark al tono empleado para contarnos historias de los Lannister. En el primer caso: familiar, cercano, serio, amable. En el segundo caso: cortante, desenfadado, distante, incluso festivo. Los Lannister se toman menos en serio la vida, nos parece. Supongo, lo supongo ahora, que porque sienten que pueden controlarla con más facilidad de lo que lo sienten los Stark. Desde el principio se establece una diferencia entre ambas familias, y también desde el principio nos colocan a los Lannister en el bando de “Los Malos”. Son El Enemigo. No lo son del todo, o al menos no lo son para todos, pero eso lo comprendemos más adelante.

Porque Tyrion Lannister no nos gustaba tanto entonces; de hecho, es presentado como un hombre irresponsable, al que sólo le importa beber y tener sexo con mujeres a cambio de dinero. Nos hace gracia su manera de expresarse, pero no nos gusta. Tampoco nos gusta su hermano, el fanfarrón, el Jaime Lannister de aspecto insuperable pero lengua venenosa. Mucho menos nos gusta Cersei Lannister, que no le dedica ni media sonrisa a Ned Stark; que no le dedica ni media sonrisa a nadie. Con la excepción de… Sansa. Guau. En general, habla lo justo y se mueve con la arrogancia de quien preferiría estar en cualquier otra parte.

¿Os acordáis de todo esto? Es una presentación perfecta de una familia que evoluciona a medida que pasan los capítulos, pero cuyas primeras acciones están perfectamente justificadas. Son coherentes con la historia, con el momento en que nos hallábamos entonces. También lo entendemos ahora.

Y ahora, después de todo el viaje, entendemos los detalles presentes en los escasos diálogos entre estos tres en ese primer capítulo. Porque Jaime y Tyrion comparten una escena insignificante, pero ahora veo en ella comprensión, complicidad y respeto. Cersei tiene unas efímeras palabras para Tyrion, pero en ellas se advierte el rechazo, el odio, que siente por su hermano pequeño. Obviamente, Jaime y Cersei comparten una escena de lo más… reveladora. Todo lo que caracteriza a estos personajes, también su evolución a lo largo del tiempo, está aquí, aunque sea en pequeñas pinceladas.


Cersei Lannister

La maldición de los Stark

Hay una teoría que empezó a circular en torno a la cuarta temporada: todos los Stark que fueron tocados por Robert Baratheon en ese primer capítulo corrían el mismo destino. El destino: la muerte. Pues bien: se ha cumplido. Todos los Stark tocados por el Rey están muertos al final de la serie. Parece que sobre esta familia pesa una maldición; a pesar de eso, o precisamente por eso, sigue siendo la más querida. En general. Los Stark nos gustan, nos caen bien, entre otras cosas porque en el primer capítulo son presentados como la familia a la que tenemos que querer. Nos enseñan su vida rutinaria, un poco de sus costumbres y de esas relaciones que les unen, así que nos sentimos cercanos. Y para cuando tenemos que dejar de sentirnos cercanos, porque ya hemos comprendido que en ‘Juego de Tronos’ muere gente, es demasiado tarde.

Un detalle que siempre me ha gustado tiene que ver con Lyanna Stark. Le dedican un espacio muy importante en el capítulo, teniendo en cuenta que es el primero y que hay muchos otros personajes vivos en esta presentación. El espectador puede llegar a presentarse por qué, pero evidentemente se siente una satisfacción grande cuando se entiende. Lyanna Stark es importante para comprender todo lo que va a pasar, para conocer lo que pasó antes, por eso tiene su espacio en las criptas de Invernalia. Por eso tenemos que familiarizarnos desde el principio con su nombre. Es solo un detalle más, que ejemplifica muy bien cómo ‘Juego de Tronos’ tenía una visión desde el futuro desde el principio.


Juego de Tronos - Los Stark

La fuerza y la emoción en ‘Juego de Tronos’

Es la primera vez que lo digo, pero supongo que se sobreentiende: en todo momento, los guiones estaban apoyados en la saga literaria escrita por George R.R. Martin. Lo que, en cualquier caso, no resta valor a la ficción, que supo darle a las imágenes la fuerza necesaria para funcionar. He visto muchos productos de fantasía en estos años que me interesan por la posibilidad de su historia y por los conceptos que planean sobre ésta, pero que termina quedándose en nada. Sin fuerza, sin emoción. ‘Juego de Tronos’ tuvo fuerza y emoción desde el principio; de hecho, ascendió desde este primer capítulo, que ya apuntaba alto. Muy alto. Y que ya fue muy bueno. De hecho, nunca ‘Juego de Tronos’ llegó a ser mejor.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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