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Luisita Gómez es lucha y honestidad en #Luimelia

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Luisita Gómez tiene una energía radiante. Quizá un poco chapada a la antigua por eso de su escasez de habilidad en ciertas tecnologías… Pero, es un guiño perfecto a esos años 70. Y a ese público que viene acompañándola desde otra dimensión. Es luz en un momento en el que las redes sociales y las apariencias nos tienen más controlados que nunca. Alguien que defiende quien es y cómo es, a pesar de todo. A pesar de las voces que siempre chirrían alrededor. O las expectativas que creemos que los demás tienen puestas en nosotras mismas. Luisita es la voz de una lucha que tiene mucho camino por recorrer. Es la voz del compromiso absoluto. De las que ayudan a que no llegue el olvido. Porque a veces la pereza nos aleja del deber que tenemos con nuestro propio ‘Yo’. 

A Luisita Gómez la empezamos a conocer en una conversación ágil y divertida con su hermana María. Ahí descubrimos que, aunque tenga capa de superwoman, para reivindicar lo que nos pertenece por derecho, también tiene sus inseguridades. Y su forma de ver el amor. Que es muy particular y extremadamente ajeno al de su hermana. Nos divertimos, junto a ella, de las veces que cambia de forma de peinado o revisa su americana azul. Mientras su hermana la espera en una cafetería y ella titubea entre subir o no subir al piso de esa vecina que la ha encandilado. La misma que decide dejarla con un palmo en las narices, sin su caja de camisetas y con una puerta cerrada a destiempo. 

Y en ese ir y venir redescubrimos a Luisita junto a María. Lo diferentes que son y al mismo tiempo lo necesarias que son la una para la otra. Lo importante de que tu hermano o hermana se sienten a escucharte sin pretender juzgarte. Tener a esa aliada a tu favor para que todo fluya mucho mejor de lo que crees que te mereces. 



El amor y Amelia

Amelia llega a la vida de Luisita cuando esta última tiene la sensación de que el amor no es para ella. Y como suele suceder habitualmente, llega de forma inesperada. Sin llamar a ninguna puerta. Y, encima, para su suerte, con una caja de camisetas bajo el brazo. Y una mirada basta para entender que el destino tiene buenos planes para ella. Que, quizá, la espera era más que necesaria.

A partir de ahí, comienza la historia de amor. El inicio. El enamoramiento. Las ganas de conocer a la otra persona. Esas veces que omitimos lo que no nos gusta tanto. El crecimiento como pareja. Su evolución. Las primeras peleas y desencuentros. El querer más y no saber como obtenerlo. Soñar con una historia cargada de pétalos de colorines y entender que el amor se construye minuto a minuto. Exponer lo que necesitas y romper. Buscando ese silencio que nos guíe hacia un lugar que aun no hemos descubierto. Para más tarde entender que volver atrás es la única oportunidad que deseas.

Lo que aprendes con Luisita Gómez es que cada uno de nosotros, con nuestras excentricidades, somos únicos y especiales. Y que nos deben de querer tal y como somos. Que no debemos variar nuestros gustos ni nuestro presente. Con ella estamos aprendiendo a expresar lo que nos parece bien y nos parece mal. Incluso a decir no. Y esto último es muy complicado de aprender. Hemos asumido sistemáticamente a no querer tener problemas ni generar conflictos. Y el ‘no’ lo concebimos como todo lo contrario.

¿Qué es Amelia para Luisita?

Es la calma después de la tempestad. La guarida que equilibra sus energías. Es quien le enseña que también debemos dejarnos un espacio concreto para nuestros miedos. Amelia es el amor que no creía que alcanzaría y con el que debe aprender a ir dando pequeños pasos. Alcanzando pequeñas conquistas.


mew magazine #luimelia

Lucha

Nunca desfallece. No pierde esas ganas de reivindicar quien es y lo que quiere a partir de ahora. Pero, al mismo tiempo, es capaz de retroceder hasta ese punto del cual no debería haberse alejado.

No peca del silencio y es muy interesante. Porque en muchas ocasiones es la voz de nuestra conciencia.

Honestidad

Es clara. Y transparente. Su rostro nos lo cuenta todo. Tanto lo bueno como lo malo. Hasta las incertidumbres y los miedos se pueden ver a través de su mirada. No se corta y expone siempre lo que pasa por su cabeza. Y aunque pueda ser impactante, no hay nada como que una persona vaya de frente. Es analítica e intuitiva.

Con Luisita hemos aprendido a ser valientes. A reconocer nuestras incertidumbres y nuestros miedos y ponerles nombre. Y a no cerrar la puerta si lo que tenemos delante merece la pena.

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