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Merlí, el maestro

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No sé por qué, siempre he relacionado la palabra ‘profesor’ con aquellos docentes que no se salen de la norma. Llegan a clase, cuentan su parte, mandan deberes, ponen un examen y ahí se acaba su contacto con el alumno. En contraposición, en mi cabeza, la palabra ‘maestro’ siempre ha llegado acompañada del sentimiento contrario. Cuando pienso en esta palabra pienso en esos docentes que aman su profesión, que se desviven por ella, que buscan la innovación y la conexión con su alumnado, que quieren que se aprenda y no que se apruebe. Sé que es una relación errónea, porque la RAE ya se ha encargado de diferenciar ambos términos a través de sus muchas definiciones, pero es algo que ya está constituido en mi mapa mental. Imagino que no seré la única a la que le ocurra algo así. 

Por eso, cuando empecé ‘Merlí’ y conocí poco a poco a Merlí Bergeron, la palabra ‘maestro’ no tardó en aparecer en mi cabeza. Creo que este personaje es la perfecta representación de la imagen que yo misma había creado para el maestro ideal. Un profesor implicado, que no encuentra en los alumnos ni a sus enemigos ni a seres inferiores, que ama su profesión, que la vive. Y que quiere que el alumnado también viva y disfrute su paso por el instituto, que sean cerebros pensantes, con inquietudes, dudas y reflexiones, no seres casi hieráticos que pasan las clases contando los minutos que restan para terminarlas y cuya única preocupación es aprobar para pasar de curso en curso. 

Un personaje con muchas caras, en el buen sentido de la expresión, en el que también encontramos una parte humana e imperfecta, que lo hace más grande. Original, pese a que parte de esa idea del maestro implicado que ya hemos visto en otras ficciones, y con una función social imposible de obviar. Con Merlí nos emocionamos, reímos, nos sorprendemos y hasta nos enfadamos, pero por encima de todo eso, con Merlí hemos aprendido. Sin importar la edad, el bagaje o la procedencia. 

Merlí

El maestro

Pensando en él, es lo primero que viene a la mente. Su vocación y su función de maestro, dentro y fuera de la serie. Como digo, parte de esa imagen de docente ideal, al que le importan sus alumnos y también su profesión. Esto no es nuevo, ya lo hemos encontrado en películas como ‘Los chicos del coro’. Hace poco volví a verla y la comparación entre Merlí y Clement Mathieu salió sola. Los dos apostaron por ser aliados del alumnado, por acercarse a ellos hasta casi convertirse en una especie de amigo, pero sin perder la autoridad. Los dos consiguieron que aquello que enseñaban generara interés en el alumnado y con sus clases lograron algo más grande que un aprobado: acabar con prejuicios, crear un sentimiento de comunidad y tolerancia y romper las reglas

Hasta aquí, podría parecer que el interpretado por Francesc Orella es un personaje más de los muchos que hemos visto. A estas alturas, a nadie le sorprende encontrarse con el arquetípico maestro del que hablo. Por eso con Merlí se quiso ir más lejos y se apostó por una ruptura total de las normas. Es el docente ideal, sí, pero también un docente que en muchas ocasiones se salta los límites y cuyos métodos en ocasiones se salen de la ortodoxia. Un maestro moderno, casi más atrevido que sus alumnos y con el que no siempre podemos estar de acuerdo

Creo que esa es la magia del personaje, que se sale de lo que ya hemos visto, porque es real. Generalmente, esos personajes arquetípicos que conocemos en películas y series no suelen ser fieles a la realidad porque son cerrados, son imágenes que se pueden asemejar a nosotros, pero que no terminan de ser reales y auténticas. Ahí está la diferenciación de Merlí, en la propia realidad.

Merlí

Lo bueno de la imperfección

Aquí llegamos al que yo creo que es el punto clave del personaje. Todos conectamos rápido con él, es un personaje inspirador, de esos que generan inquietudes en el espectador, de los que quedan dentro de uno incluso cuando la serie ha terminado. Pero también es un personaje que en ocasiones se equivoca, que actúa mal, en ciertos momentos egoísta y al que es difícil excusar en según qué situaciones. Merlí es un buen maestro, un padre mejorable, una pareja desastrosa y una persona imperfecta

De nuevo, entronca todo con la realidad que trata de reflejar y que tan bien representa. El ser humano es imperfecto y comete errores, al igual que lo hace él. Por eso está tan cerca de nosotros, porque no vemos en él un personaje, sino una persona. Es casi imposible romper esa barrera que existe entre ambos conceptos, pero con una construcción cuidada y elaborada, Héctor Lozano lo ha logrado de manera maestra. 

Ahora ha llegado el momento del relevo, Pol Rubio se coloca en el centro de todas las miradas, con el recuerdo del maestro presente. Yo pienso mucho en Merlí, en alguna de las muchas enseñanzas que nos dejó a través de sus locas clases y de sus profundas conversaciones. Y creo que es algo que no va a cambiar. Creo que estamos ante uno de esos personajes que terminan siendo historia de nuestra ficción. Un regalo capaz de abrir mentes, acabar con los prejuicios y romper con todas las normas y los moldes

Rosa Suria
Periodista. Escribo y hablo continuamente de cine, series y música.

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