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‘Patria’, capítulo 7: torturas

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Este séptimo capítulo de ‘Patria’ es uno de los más importantes de la ficción. Tenía la difícil tarea de escenificar uno de los episodios más discutidos del libro, de nuestra historia. Las torturas a los miembros detenidos de ETA, las vejaciones y humillaciones a las que fueron sometidos, el trato que recibieron al margen de la ley y la justicia. Desde el dolor, desde la rabia, desde la incomprensión por los delitos que habían cometido, pero también desde una posición innegable de poder de la que algunos, también de forma innegable, se aprovechan.

Este séptimo capítulo de ‘Patria’ empieza con esas torturas. Joxe Mari (Jon Olivares) ha sido detenido, y lo torturan física y psicológicamente. Lo golpean, lo asfixian, se burlan de su situación, se burlan de su persona. Se burlan de la marioneta en la que ha quedado convertida, a merced de ese poder que se ha situado por encima. Sobre esto planean los delitos cometidos, los asesinatos cometidos, sobre esto planea la figura del Txato (José Ramón Soroiz), pero, incluso sin olvidar esto, es duro de ver, es insoportable de ver. Independientemente de lo que sintamos por el personaje y su figura, es desagradable de ver, porque agobia, porque aterroriza. Y se puede condenar al margen de la condena anteriormente realizada; la condena que le envuelve a él, a Joxe Mari. Se puede condenar, despreciar, repudiar sus actos, y también sentirse lejos de estas imágenes.

Imágenes que están, por cierto, muy logradas. Esa prisión que construyen para él la sentimos también nosotros, los espectadores. Quedamos atrapados en ella, aunque dure poco. Dura, en fin, lo que tiene que durar, porque ‘Patria’ tiene que hablar de otras muchas cosas.


Patria - Capítulo 7 | Foto: David Herranz
Foto: David Herranz

Tortura también la de los padres de Joxe Mari; tortura la de su familia. Este episodio de ‘Patria’ es también la demostración de las diferentes maneras en las que cada ser humano aborda esto. Miren (Ane Gabarain) y Joxian (Mikel Laskurain) sufren su propia condena. Ella, la de una madre que se mantiene inquebrantable, porque sabe que es lo que su hijo hará y está decidida a seguir sus pasos, a acompañarlo, a cuidarlo. Él, la de un padre decepcionado, que ve en su hijo, aunque no se atreva a sentenciarlo, al asesino de su mejor amigo, al causante de tanto dolor, de su propio dolor. Joxian habla por primera vez sin miedo, habla de pronto muy claro.

Se atreve a pronunciar en voz alta las verdades, que son verdades repletas de dolor, pero por primera vez no le pesan. “Si fue él, no lo voy a perdonar”, le dice a Gorka (Eneko Sagardoy), al pequeño, y lo creemos porque nunca antes había dicho algo así y sabemos, porque ya lo conocemos, que no lo diría si no lo estuviera sintiendo de verdad. Porque nunca antes había hablado, cobarde como es.

Miren y Joxian visitan a Joxe Mari en la cárcel, en los primeros momentos de su encarcelamiento. Los rostros de ambos nos cuentan historias diferentes. El rostro de ella nos cuenta la historia de una mujer que es madre y nada más; una madre entregada a la causa más antigua asignada a las madres: cuidar de que su hijo se sienta bien. El rostro de él nos cuenta la historia de un padre asustado, decepcionado, dolido, triste y enfadado, que no puede en cualquier caso renunciar a su hijo, porque sigue siendo su hijo a pesar de todo. Ambos viven una tortura. La de estar viviendo una vida que no han elegido, la de no poder haber evitado que su hijo, lo que más quieren, los lleve hasta allí.


Foto: David Herranz
Foto: David Herranz

También Gorka vive su propia tortura. La de una persona que quiere tener una vida normal, al lado de la persona que ama, y no solo se ve obligado a esconderse en el peor de los casos, a justificarse en un caso que tampoco debería darse. Además se ve obligado a enfrentarse a un hermano que lo ha decepcionado pública y personalmente, por ser un asesino, por ser un radical, por ser, además, un homófobo intolerante. No tiene miedo de mirar a Joxe Mari y hablarle de todo esto, no tiene miedo de poner distancia entre ambos, aunque esa distancia duela.

Tampoco puede desligarse por completo, y esto es una tortura para él. Porque no quiere hacerlo, quiere borrarlo, quiere llevar esa vida normal, pero necesita verlo. Aunque sea para enfrentarlo, para sacarse el dolor de dentro, para poder mirarlo a los ojos y decirle que actúa en nombre de un pueblo a quien no ha preguntado lo que quiere, y que una persona como él jamás sabrá lo que es amar, a un hombre o a una mujer. Es una de las mejores escenas de este episodio. Una de las más significativas, de las más desgarradoras. La distancia irreconciliable entre dos hermanos que han buscado la hermandad en otra parte.


Foto: David Herranz
Foto: David Herranz

También en este séptimo capítulo vemos las torturas sufridas por las personas como Arantxa (Loreto Mauleón), y como Guillermo (Javier Beltrán), su marido, aunque este no nos guste. Su tortura era constante y diaria, aunque estuviera enterrada bajo la rutina de la vida diaria. Seguía estando ahí, siempre estaba ahí. Era una tortura que vivía en el terror de no saber qué pasaría aquel día, una tortura que acompañaba la incertidumbre y la sensación de inseguridad, de vulnerabilidad, que tenían las personas normales que llevaban vidas normales. Es durísimo, es terrible, asistir a este episodio, a este atentado. Es durísimo recorrer el camino hasta ese momento, porque es efectivamente un camino de rutina normal, de problemas de convivencia, de problemas laborales, de problemas de conciliación, como los tenemos todos. Pero termina con una muerte, con una amenaza real, con un miedo que ya nunca desaparece.

Recuerdo leer este episodio concreto sintiendo que el libro podía acabarse ahí mismo porque ya lo había entendido todo (aún me faltaba mucho por saber, comprendí más tarde), y en esta ‘Patria’ lo convierten en algo muy real, palpable. Algo muy real que concluye con esa discusión entre Arantxa y Miren en la que todos somos Arantxa ante el discurso racial, intolerante y absurdo de su madre. Por cierto, por favor: todos los premios del mundo a Loreto Mauleón. Todos los premios a este fantástico reparto.


Patria - Capítulo 7 | Foto: David Herranz
Foto: David Herranz

Loreto Mauleón y Susana Abaitua, en el papel de Nerea, comparten una de las escenas más esperadas y más emocionales de ‘Patria’. El reencuentro de dos amigas con las vidas destrozadas que se miran y se sonríen. El dolor nunca las abandona, ni tampoco la seguridad de conocer sin hacerlo el dolor de la otra, pero se miran y se sonríen y se abrazan y se quieren. Se siguen queriendo, a pesar de todo, como queremos a los amigos de la infancia. Con ese cariño imperecedero que nació en nuestros mejores años y que tal vez se deshizo con la vida, pero que nunca muere. Qué fantásticas están las dos, y cuánto hubiera alargado ese encuentro entre ambas. Lo hubiera alargado para siempre.


Patria - Capítulo 7 | Foto: David Herranz
Foto: David Herranz

Pero, ya digo, ‘Patria’ tiene muchas cosas que contarnos, así que tenemos que seguir. Por mi parte, por el momento, concluyo con un último escenario de pesadilla. Con la tortura en la que vive Nerea, que ha decidido que no quiere ser señalada como una víctima de ETA, consciente de que entonces no será nada más nunca. Consciente de que la mirada sobre ella cambiará, consciente de que dejará de ser una persona para ser una víctima.

Así que miente, oculta, disimula, finge, y lo llora en soledad, lo sufre en soledad. Sufre ataques de ansiedad; aquello que vimos en Alemania, cuando revivió de alguna manera el atentado que no presenció, se reproduce en su vida diaria, porque nunca ha llegado a tratarlo. Porque prefiere ocultarlo ante el mundo. Prefiere vivir como si no hubiera sucedido. Tal vez porque la sucedió en la distancia y en la distancia lo lleva. La vida le dio la oportunidad de mantenerse al margen, y se ha aferrado a esta oportunidad para convertirlo en un modo de vida. Pero es una tortura, y la vive en soledad.

El último episodio de ‘Patria’ se estrena el próximo domingo 8 de noviembre en HBO.

Judith Torquemada
Periodista, taikista, marvelita y feminista. Escribo sobre cine, sobre libros y sobre viajes. También escribo historietas varias. Se me da bien hablar de Escocia, enamorarme de personajes ficticios y fantasear en general. Por Frodo. Y por Ned Stark.

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